Economía

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Mercados que tumban gobiernos

Todo el mundo sabe cuáles son las dificultades, pero los inversores favorecen la caída de aquellos que consideran incapaces de resolverlos

Día 13/11/2011
Mercados que tumban gobiernos
P. SÁNCHEZ/ABC

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Después de la crisis de 2008, la estrepitosa caída del Gobierno islandés de Geir Gaarde a raíz de las protestas callejeras en un país literalmente en bancarrota parecía un suceso folclórico sin trascendencia visto desde la confiada Unión Europea, donde todos creyeron haber tomado la delantera a los mercados financieros y se creían blindados por la moneda única. Exhaustos tras la laboriosa y traumática ratificación del Tratado de Lisboa, los gobiernos europeos calculaban que estaban ante un largo periodo de estabilidad y consolidación. Pocos detectaron los síntomas de la tormenta que se avecinaba con el estallido de la crisis de la deuda soberana. En términos geológicos, lo sucedido en 2008 fue un modesto terremoto comparado con el tsunami que se desencadenó después y que ha barrido a los gobiernos más frágiles del continente,

«Lo que está pasando en la eurozona no puede considerarse como una crisis de la deuda soberana, sino una crisis de la soberanía, del Estado y de su autoridad. Los dirigentes de la eurozona no logran convencer a un mercado que es cada vez más escéptico sobre las capacidades de los gobiernos para hacer frente a las dificultades», considera Fredik Erixon, del Centro Europeo por una Política Económica Internacional (Ecipe), una organización de marcado carácter liberal. En muchos países una subida del diferencial de la deuda soberana ha tenido el mismo efecto que en el siglo XIX un pronunciamiento revolucionario. Eso es lo que sucedió en Irlanda, que ya había perdido al primer ministro Bertie Ahern en la crisis de 2008, y cuyo sucesor, Brian Cowen, se mantuvo en el puesto justo hasta la presentación del plan de rescate económico impuesto por la UE y el FMI. El partido de ambos, el Fianna Fail, que ha estado en el poder en Irlanda desde su independencia, perdió dos tercios de sus escaños, lo que abrió paso para que formase un nuevo Gobierno el conservador Euda Kenny.

La presión en Grecia

Tal vez ha sido en Grecia donde la presión de las manifestaciones callejeras ha sido más fuerte. De hecho, las protestas de diciembre de 2008 fueron las que obligaron al conservador Kostas Karamanlis a convocar elecciones anticipadas que ganó, en octubre de 2009, el socialista Yorgos Papandreu. Este es el que ha gestionado desde entonces el intento de rescate de una economía que carecía —y aún carece— de toda organización racional. En estos dos años, los pasos que ha dado Papandreu han sido seguidos al milímetro por las Bolsas de medio mundo y la resolución ha sido terminante: sus contradicciones después de la cumbre del pasado 26 de octubre, en la que se había pactado precisamente la quita de la deuda griega, y su sorprendente iniciativa de convocar un referéndum provocaron un remolino de reacciones entre las que no faltaron invocaciones a expulsar a Grecia de la zona euro. Como explica la antigua comisaria europea Emma Bonnino, «los mercados no se calman porque no existe unidad política en la UE. A pesar de que California tiene una deuda gigantesca, nadie considera que exista una amenaza de quiebra, porque no se pone en duda la unidad política en EE.UU.».

La prueba de que no se trata solamente de un problema del euro la da el hecho de que otro de los gobiernos barridos por la crisis ha sido el del laborista británico Gordon Brown, que había gestionado la economía en los años de mayor bonanza de la «City» bajo la batuta de Tony Blair, y que ha dejado al partido en la peor situación de la posguerra. Y, por añadidura, al Gobierno de coalición conservador-liberal de David Cameron que le sucedió el año pasado, en un entorno de efervescencia del eurescepticismo.

Sócrates y Portugal

En el caso del socialista portugués José Sócrates, la crisis ha marcado también el final de su carrera política este verano. La discusión del plan de rescate de la UE y la negativa de los conservadores a apoyar a quien consideran como principal responsable de haber permitido que la situación llegase a ser tan grave, le dejó en minoría. La misma receta que para Irlanda o para Grecia y en general para todos los países que no lo hicieron en su momento, los recortes representan una erosión que ningún gobernante puede sostener, salvo que sea creíble, o que, como en España, el cambio de Gobierno por medios convencionales se considere totalmente seguro. Las urnas darán, según todas las encuestas, el veredicto sobre la gestión de Rodríguez Zapatero el 20-N, lo que probablemente ha ahorrado las especulaciones sobre su futuro.

El colmo de esta intervención de los mercados en la dirección política de los países del euro se ha producido en Italia, donde la semana pasada las Bolsas subían con los rumores de dimisión del primer ministro Silvio Berlusconi y bajaban si eran desmentidos. Marco Zatterin, director de «La Stampa», ha dicho en Bruselas que el gigantesco déficit italiano no es el único problema, sino precisamente que «el Gobierno italiano carece de credibilidad, nadie confía en él, mientras no sea capaz de cumplir sus promesas». España, según todas las encuestas, protagonizará el próximo cambio político.

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