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Bin Laden, aquel agente de la CIA

En 1988, Bin Laden creó una base de datos llamada «Al Qaida», con información de 35.000 voluntarios muyahidines que habían luchado contra los soviéticos en Afganistán... dando nombre a la organización terrorista más sangrienta de la historia

Día 03/04/2012 - 10.50h

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«Si no se satisfacen estas reivindicaciones, os declaramos la guerra y juramos por Alá el Altísimo y Sublime que convertiremos vuestro país en un infierno y que haremos fluir vuestra sangre como ríos». El 4 de abril de 2004, la redacción de ABC recibía por fax esta nota manuscrita en árabe del portavoz militar de Al Qaida en Europa, Abu Dujan al-Algani, en la que reivindicaba los «benditos ataques» del 11-M y amenazaba con nuevas matanzas.

Desde entonces y hasta 2008, la red terrorista ha matado a más de 3.000 personas en 313 ataques diferentes, según un informe de la Academia de West Point. Una cifra que no ha parado de crecer, desde que, en 1988, el joven saudí Osama Bin Laden, que había heredado unos 300 millones de dólares de su familia, decidiera acabar su contrato de colaboración con los Estados Unidos e iniciar una cruzada mundial contra el «infiel», que ya cumple 22 años.

En 1979, el director de los servicios secretos de Arabia Saudí, el príncipe Turki Al Faycal, reclutó Bin Laden, que por entonces tenía 22 años, para gestionar financieramente las operaciones de la CIA en Afganistán. Su cometido: conseguir fondos, atraer a fundamentalistas islámicos y armarlos para combatir al ejército de la Unión Soviética, que acababa de invadir el país en apoyo del gobierno prosoviético del Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA).

2.000 millones contra la URSS

La CIA invirtió 2.000 millones de dólares en aquellas operaciones, cuyo objetivo no era otro que lograr el fracaso de la URSS en plena Guerra Fría y reducir su influencia en Asia Central.

Bin Laden, aquel agente de la CIA
REUTERS
Cartel de 2001

En agosto de 1988, ante el previsible éxito de la resistencia antisoviética, Bin Laden –graduado en Administración de Empresas en la Universidad Rey Abdul Aziz– creó en Pakistán una base de datos con información detallada de los 35.000 voluntarios muyahidines, de 40 naciones diferentes, que había luchado en la guerra afgana. Aquel fichero fue llamado simplemente «Al Qaida» («La base», en árabe) y dio nombre a la red terrorista hoy más temida y perseguida del mundo.

Bin Laden, el colaborador en la sombra de la CIA, pasó enonces a ser considerado por el mismo Departamento de Estado de Estados Unidos un «peligroso terrorista», «uno de los más significativos patrocinadores de grupos extremistas islámicos en todo el mundo».

Junto a él, la dirección de Al Qaida quedó en manos de Ayman Al Zawahiri, un cirujano perseguido como responsable de la Yihad islámica en Egipto, que también había luchado en Afganistan, y Mohamed Atef, asesinado por los Estados Unidos en 2001.

Las excusas de la Casa Blanca

La Casa Blanca aseguró que ayudaron a los soldados afganos sólo en su defensa contra la invasión soviética, y que los que después entraron a formar parte de la red terrorista, simplemente se aprovecharon de su apoyo. Esta afirmación fue desmentida años después por el director del Consejo de Seguridad Nacional entre 1977 y 1981, Zbigniew Brzezinski, y por el por entonces vice-director de la CIA, Robert Gates, quienes aseguraron que la ayuda a las brigadas islámicas ya se producía antes de la invasión soviética.

En agosto de 1996, Bin Laden aparecía por primera vez en ABC, en una breve noticia que aseguraba que, según los servicios de inteligencia norteamericanos citados por «The New York Times», el magnate saudí había invertido dinero para que se cometieran diversos actos terroristas en Europa, África y Oriente Medio.

Desde el atentado con explosivos contra el World Trade Center de Nueva York en 1993, que provocó seis muertos y 1.000 heridos, la organización terrorista no ha hecho más que crecer y seguir matando. «Hablar hoy de terrorismo global es hacerlo del terrorismo relacionado directa o indirectamente con Al Qaida», escribía recientemente Fernando Reinares, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, en la Tercera de ABC.

Los tentáculos de Al Qaida

Según Reinares, Al Qaida incluye, además de la estructura terrorista liderada por Bin Laden, sus extensiones territoriales –como Al Qaida en la Península, Al Qaida en Irak o Al Qaida en el Magreb Islámico– , a un diverso elenco de grupos que mantienen estrechos lazos con aquella –especialmente de talibanes afganos y paquistaníes– y, por último, a células independientes e incluso individuos aislados únicamente inspirados por la propaganda extremista. Es algo así como un «ente polimorfo, cuyos elementos constitutivos varían en estructura y estrategia, pero comparten en lo fundamental una ideología y una agenda».

En los últimos años, Al Qaeda ha demostrado una impresionante capacidad de adaptación a Internet para difundir con mayor rapidez y efectividad su ideología del terror. De hecho, las páginas web yihadistas constituyen hoy la principal vía de reclutamiento y radicalización en las sociedades occidentales. «Al Qaida ha sabido exportar el concepto de guerra santa y su mensaje liberador cala muy hondo entre los hijos de inmigrantes», aseguraban responsables de los servicios de inteligencia paquistaní (ISI) a ABC, en diciembre.

La amenaza aún existe

En Estados Unidos, durante los último ocho años, se han desbaratado al menos una docena de atentados, como el protagonizado por Umar Farouk Abdulmutallab, un joven nigeriano que subió a un avión en Detroit con una carga de 80 gramos de pentaeritritol cosida a sus calzoncillos, que, de haber explotado, habría acabado con toda la tripulación.

Este último incidente demuestra que aún existe la amenaza. En 2003, Abu Hijazi, uno de los dirigentes de Al Qaida, amenazó en una entrevista al diario «Al Hayat» con cometer un atentado que «aturdirá al mundo» en suelo estadounidense. ¿La cifra de muertos prevista? 100.000, aseguró. Mientras, Bin Laden sigue desaparecido.

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