Aído, grandes éxitos
Aído, esta semana en el Congreso / JAIME GARCÍA
Domingo , 21-03-10
¿Incontinencia verbal? ¿Bisoñez? ¿Malos asesores? ¿Desconocimiento? ¿Extremismo ideológico? Probablemente un cóctel de todos estos ingredientes han llevado a la ministra de Igualdad a sacarse un abono en el ojo del huracán. Cuando en 2008 Zapatero creó ese Departamento y eligió a Bibiana Aído como su titular presumió ante el mundo de haber «nombrado a la ministra más joven de la democracia». Ella misma se presentó en su blog como «la ministra 2.0». Al final sus méritos han sido otros. Se ha convertido en la ministra de las subvenciones (18 millones en lo que va de año), del aborto y la única que ha entrado en rumbo de colisión con la Española de la Lengua, con varios de sus colegas, con destacados científicos del país, con la Iglesia, con la comunidad islámica y con un largo etcétera de «damnificados». Las críticas que reciben suelen achacarse al «machismo» de la sociedad española. Esta es la lista de sus grandes éxitos.
1. «Un feto de trece semanas es un ser vivo, pero no es un ser humano»
Puede considerarse como la más sorprendente «revelación» científica de las últimas décadas. Estaba siendo entrevistada en la SER, cuando un oyente le preguntó sobre «si un feto de trece semanas», que, según señaló, a él se le asemejaba «mucho a un bebé, ¿era un ser vivo?». A esta cuestión respondió: «Un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica». Poco le importó contravenir todos los conocimientos científicos -recogidos en el Manifiesto de Madrid y suscrito por miles de los más destacados investigadores y catedráticos españoles- que demuestran fehacientemente que hay vida humana desde el mismo momento de la concepción.
2. «Cualquier joven puede ponerse tetas sin que sus padres lo sepan»
Defendía en Cuatro una de las propuestas más polémicas de su reforma del aborto: aquella que permite abortar a las menores sin permiso ni conocimiento paterno. Se lió y en un momento dado equiparó la cirugía estética con un aborto. Si bien eligió un ejemplo que, además de no ser estrictamente cierto, denotaba un tonillo un pelín machista como el de «ponerse tetas».
3. «... los miembros y miembras de esta comisión»
Se estrenaba en el Congreso. Era el 12 junio de 2008 y se inventó la palabra «miembra». Primero se justificó argumentando que acababa de regresar de un viaje por Iberoamérica y que allí «sí se utiliza». Todo hubiera quedado en anécdota, si no hubiera intentado salir airosa y atreverse a recomendar a la Academia de la Lengua que incluyera «miembra» en el Diccionario. Tuvo cumplida respuesta de algunos académicos, como Pérez Reverte o Salvador, que apuntó que «eso sólo se le puede ocurrir a una persona carente de conocimientos gramaticales, lingüísticos y de todo tipo. Además si su uso no es un error es una estupidez».
Sus aportaciones lexicográficas no se reducen a ese término. También puso en circulación el extraño «comarcalización».
4. «Vamos a crear una biblioteca para y por mujeres»
Tampoco tuvo así reparos en anunciar que crearía una biblioteca exclusivamente «para y por mujeres». Curiosa manera de interpretar el concepto de igualdad, que obligó a su compañero en Gobierno, César Antonio Molina, por entonces ministro de Cultura, a asegurar que en España «sólo se hacen bibliotecas para todos los españoles». No tardó en tener que recular, para aclarar que aunque los libros se centrarán sólo en «estudios de género y el feminismo», la biblioteca «estará abierta a hombres y mujeres».
5. Crítica a la forma de vestir de los hombres y mujeres musulmanes
Participaba Aído en una jornada parlamentaria titulada «El Papel de las Mujeres en la Alianza de Civilizaciones» cuando soltó el siguiente y profundo análisis crítico: «En nuestro país, los hombres árabes o musulmanes pueden vestir al modo occidental porque su cultura no les exige que lleven ningún símbolo. Las mujeres, sin embargo, llevan vestidos largos que les tapan el cuerpo y también un pañuelo sobre la cabeza que les cubre el cabello». Le llovieron críticas de las asociaciones islámicas. La reprocharon, entre otras cuestiones, el no ser capaz de distinguir entre árabe y musulmán. Tuvo que salir esta vez la vicepresidenta De la Vega a recordarle que lo más importante es «ser sumamente respetuoso con los hábitos y culturas de cada país, teniendo mucho cuidado en que esas tradiciones culturales no ataquen a la libertad y no supongan una vulneración de la libertad a las personas o un ataque a los derechos humanos».
6. «Teléfono para resolver las dudas de los maltratadores»
Anunció que iba a poner en marcha un teléfono para los maltratadores y presentó tan extraño proyecto ante el Parlamento. Un día después rectificaba y el teléfono ya no era para los maltratadores sino para «resolver las dudas de los hombres». Así, en general.
7. «Igualdad, género y feminismo en la Universidad»
Ha sido su última aportación. Y su última rectificación pública. Un día defendió que «los estudios de género y la tradición intelectual e histórica del feminismo tienen que ocupar un lugar en la formación troncal de los estudiantes»; y al siguiente aseguró que «en ningún caso he solicitado que se imparta una asignatura troncal sobre feminismo en las universidades españolas».

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