Valoración:
Las propuestas para el líder del PP
Lorena Morlote
—El pelo un par de centímetros más largo para que pueda «jugar» con él, y cambiar de estilo con naturalidad en función del momento del día, o de la semana.
—Peinado con las manos
—Barba afeitada. Ya no se lleva y desaparecería ese aspecto descuidado tan pasado de moda. Es arriesgado pero puede funcionar.
Pascual
—Peinado a lo George Clooney, sin flequillo, sin raya definida, con la frente despejada.
—El corte a tijera escalonado, con ligero volumen en los parietales superiores evitando desproporciones
—Barba rebajada, y perfilada en cuello y pómulos.
—Tratamiento texturizante que le proporciona más brillo al cabello y evita el ligero encrespado que tiene

Camille Albane
—Pelo más corto, con menos contraste entre la nuca y los laterales, raya menos larga y marcada.
—Barba con perilla y bigote, delimitada por los laterales y el cuello.
—Patillas más cortas para despejar el rostro
—Coloración tono sobre tono —sin efecto raíz— que no haga desaparecer las canas por completo.

R´Difusión
—Adiós a los caracolillos largos tras la nuca: cortarlos o alisarlos con una relajador de rizos
—Coloración progresiva, en un tono más suave, tirando al ceniza.
—La raya acortada e inclinada ligeramente al centro, sin marcarla
—Barba más arreglada y definida, despejando las mejillas y delimitando el rostro del cuello.

Tono Sanmartín
—Peinado al estilo Hugh Laurie, actor de la serie House, con fijador con cera en spray.
—Sombreado de canas en cabeza y barba.
—Barba rasurada y bien delimitada.
—Montura de gafas más grande y montada al aire.
—Piel bronceada con rayos UVA.

Cheska
—Fuera la raya, corte más despuntado a tijera para hacerlo más moderno
—(Des) peinado con los dedos y con productos de fijación en spray.
—Coloración más natural, manteniendo el 50 por ciento de sus canas, como si fuesen reflejos.
—Barba como la del actor Brad Pitt en sus primeras películas: más descargada y al ras.

Yolanda Aberasturi
—El pelo más largo por detrás, con caracolillos, rizos y la raya marcada hacia un lado.
—Menos volumen de la parte superior para conseguir un look con efecto mojado.
—La barba más y mejor recortada, como la de un día sin afeitarse, no más.
—Las patillas, ligeramente oscurecidas.

Actualizado Domingo , 14-02-10 a las 13 : 56
Ahora o nunca. Los analistas políticos dan a Mariano Rajoy un aprobado alto con vistas a suceder a Zapatero en La Moncloa. Su travesía del desierto empieza a divisar «brotes verdes» en forma de excelentes noticias que le sitúan ya seis puntos por encima del PSOE. Templanza y paciencia son dos de sus atributos psicológicos más estimables en tiempos de convulsiones y tormentas. Pero, sin duda, hay quien piensa que podría mejorar otros aspectos. «No tiene carisma», dicen. Tampoco lo tenía Aznar y ahí está su legado y su huella. «Su imagen no le ayuda», y ahí puede que tengan razón.
Un periodista británico dijo de él que, físicamente, parece «un ogro posmoderno». Grandote, desgarbado, de movimientos poco acompasados, quizás torpes, barbudo, gafotas… así le describen, con todos los respetos debidos, otros compañeros de profesión (de la mía, claro). Y, desde luego, su aspecto físico dista mucho de lo que ahora «vende» en política. Está en las antípodas de la elegancia hollywoodiense de Obama. Su imagen es mejorable. «Ningún político con barba ha ocupado la presidencia del Gobierno en nuestro país», le reprochaba no hace mucho un periodista. Quizá. Pero ese no es el problema. Lo malo no es sólo su barba, abundante y canosa, sino otros cuantos detalles de su aspecto que chirrían a los estilistas de imagen. Por ejemplo, su cabello, probablemente tintado, o ese modelo de lentes… «Rajoy ofrece un perfil muy antiguo, tosco, desaliñado e, indudablemente, provinciano», dice de él uno de los especialistas consultados. Una pena en un orador inteligente. Es uno de los parlamentarios más relevantes del panorama político español, pero su aspecto no le acompaña. Ni sus gestos, ni su «lenguaje corporal», como dicen ahora algunos cursis.
Nuestros expertos en estética capilar han estudiado a fondo «el caso Rajoy» y han llegado al convencimiento de que el líder de la oposición tiene un serio problema de físico, fácilmente superable. No se trata de que, como Berlusconi, se ingrese en un quirófano cada tres meses para injertarse pelo o sacarse adiposidades de la papada. Lo de Rajoy es mucho más sencillo. He aquí algunas sugerencias que realzarían la imagen del dirigente del PP y le convertirían en un «cartel» mucho más atractivo de cara a las próximas contiendas electorales.
—El color. No resiste ningún tipo de análisis objetivo. Si se empeña en teñírselo, como parece que está sucediendo, los expertos insisten en que tendría que ser con una coloración tono sobre tono —sin efecto raíz— que deje entrevelar las canas, es decir, disimularlas y atenuarlas pero no eliminarlas («ahora parece que lleva peluquín», dice Iván Barreda de R'Difusión). «Y por favor, que deje de teñirse las cejas», es el ruego de Luis Miguel Vecina de Camille Albanne.
—El corte. Arreglado el asunto del color, hay que pasar a las formas. La mira la ponen en los caracolillos tras la nuca (que los apura la gran mayoría) y en la raya. Esta última se mueve, se acorta o se desdibuja, pero en ningún caso se conserva como en el original («parece una autovía que le divide la cabeza en dos mitades», bromea Iván Barreda).
—La barba. Es quizás el atributo que más se ha modificado. Lorena Morlote se ha atrevido a quitársela de tajo. «No es moderno, el “look” descuidado pasó hace tiempo de moda», dice. El resto de los “implicados” cree que arrasar con ella no le haría sentirse cómodo. Recortarla y despejar las mejillas y cuello ha sido lo más votado por la mayoría («no se puede dar buena imagen con barba profusa, sin límites», se queja María Baras, de Cheska). Tono San Martin contempla sombrearla como el pelo de la cabeza para que no haya tanto contraste. Y Camille Albane transforma la barba de «Papa Noel» en una perilla que cubre simplemente el mentón.
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