A pesar de algunos problemas técnicos y deficiencias de sonido, la banda liderada por el cantante Chris Martin confirmó anoche en Barcelona ante 65.000 personas su condición de nuevos colosos de pop de estadios
Coldplay, contra viento y marea
El cantante Chris Martin (i), líder de la banda británica Coldplay, y el bajista Guy Berryman, durante el concierto ofrecido, esta noche, en el estadio Olímpico Lluis Companys de Barcelona ante 63.500 espectadores y dentro de su tour "Viva la Vida"
Empezaron a tocar la instrumental «Life In Technicolor» y el sonido aparecía y desaparecía, como si alguien estuviese dándole patadas a enchufe de la mesa de sonido. Lo mismo ocurrió con «Violet Hill». Entre el desconcierto de la banda y los silbidos de parte del público, parecía que alguien se hubiese empeñado en hacerles la zancadilla en su ascenso a la liga de los grandes estadios, pero para cuando llegó la infalible «Clocks» ya se habían repuesto. Hubo que esperar dos canciones de calentamiento, pero ahí estaban Coldplay, plantando bandera en la cima del pateón del pop más masivo y ofreciendo una versión corregida y aumentada —sobre todo aumentada— de lo que se pudo ver hace apenas un año en el Palau Sant Jordi.
A falta de nuevas canciones —los británicos siguen a cuestas con su «Viva la Vida Or Death And All His Friends»—, la gran diferencia estuvo en la pista: 65.000 personas coreando la arrebatadora «In My Place» con los pelos de punta y convenciéndose de que sí, de que las canciones de Coldplay han nacido para llenar espacios gigantescos y hacerle la competencia a U2. Méritos no les faltan. De hecho, la de Chris Martin es la única banda nacida en la última década que ha conseguido llenar hasta la bandera el Estadio Olímpico Lluís Companys.
Sin excesivos alardes escénicos —un montón de pelotitas amarillas en «Yellow», unas cuantas bombillas de colores tamaño king size en «Lost», fuegos artificiales para rematar la sentida «Fix You», un par de pequeños escenarios repartidos entre la pista—, los británicos se entregaron a lo que mejor saben hacer: tallar con materiales nobles y altas dosis de emoción colosales estructuras de pop cristalino como «Yellow», «42» y «Cementeries Of London».
Parecía que nada podía salir mal, pero entonces llegaron «God Put A Smile Up On Your» y «The Hardest Part» y parte del público se puso a silbar, como si las canciones de Chris Martin y compañía muriesen a mitad de camino y no llegasen a cubrir toda la pista del estadio. Un sonoro «no se oye» confirmaba la teoría y convertía al técnico de sonido en la persona más odiada de la noche, aunque el enfado duró lo que tardó en sonar la eufórica y vivificante «Viva La Vida», himno oficioso del Barça de las cinco copas que Pep Guardiola disfrutó en directo infiltrado en la zona de prensa. El mar de brazos en alto y coros ululantes que acompañaron al «single» estrella de los británicos ayuda a entender las dimensiones de una banda capaz de movilizar 65.000 con un chasquido de dedos.
Menos suerte tuvieron cuando intentaron que el público hiciese la ola mientras la banda ejecutaba el enésimo homenaje a Michael Jackson en forma de versión acústica de «Billy Jean».
<CS9.4>La generosa ducha de confeti que acompañó a «Lovers In Japan» anunciaban el final, pero los británicos aún tuvieron tiempo para sonar intensos y emotivos en «Death And All His Friends» y rematar su ascenso a las ligas mayores con la hermosa «The Scientist». Eso sí: si la banda quiere convertir la actuación de anoche en su próximo DVD en directo, no tendrá más remedio que pasar por la sala de edición para corregir todos esos tropezones sonoros.

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