Goya parece, Goya no es...
SOTHEBY´S «Retrato del Príncipe Alois Wenzel von Kaunitz-Rietberg», obra de Goya según Manuela Mena
A la espera de su catálogo razonado y del simposio internacional que ponga orden definitivamente en su producción, la sombra de Goya sigue siendo alargada en el Museo del Prado. A las dudas sembradas por Manuela Mena sobre la autoría de «El Coloso», se suman otras muchas polémicas atribuciones en torno al genio de Fuendetodos. Es el caso de algunas de sus pinturas religiosas. El Prado atesora más de 140 pinturas de Goya. Ayer mismo podía leerse en la web del museo (en el apartado dedicado a su colección de pintura española) que, «entre las obras pertenecientes a las dos últimas etapas de su vida, resultan memorables las pinturas negras, realizadas en Madrid, y «La lechera de Burdeos», que Goya llevó a cabo al final de sus días en Burdeos». Sin embargo, ni «La lechera» ni las pinturas negras parecen a salvo de la quema, pese a que expertos como Nigel Glendinning mantienen con firmeza la autoría de todas ellas.
En cuanto a la primera, a pesar de los elogios del propio museo en la web, donde mantiene intacta su autoría, ha sido relegada por Manuela Mena en importantes exposiciones, como la dedicada hace unos años en Washington sobre Goya y la mujer. Y es que tanto ella como su colega Juliet Wilson-Bareau llevan tiempo empeñadas en que esta obra no es de Goya. Ya en 2001, Wilson-Bareau comentaba que «La lechera» le parecía «un cuadro rarísimo, que no concuerda con otros que pintó Goya en esa época».
Rosarito y Javier, en liza
En 2000 estuvo en el Prado estudiando el cuadro y analizando las radiografías del lienzo, donde salieron a la luz unos esbozos. Entre sus argumentaciones, que «resulta inconcebible que Goya pintara encima de unos esbozos; sí pintaba cuadros encima de otros cuadros». Además, advertía que en «La lechera» «no hay esa tercera dimensión que aparece en obras, ni esos toques de luz, transparencias, pinceladas largas... Es muy plano». Dejaba caer la posibilidad de que hubiera salido de la mano de Rosarito, hija de Leocadia Zorrilla.
Respecto a las pinturas negras, hay quienes se empeñan en ver en ellas la mano de Javier, el hijo del pintor. Es el caso de Juan José Junquera, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense. Para apoyar su hipótesis, explica que en 1830 se hizo un inventario de la Quinta del Sordo y allí no se mencionan dichas pinturas. Además, menciona el hecho de que hay algunas de estas pinturas en el segundo piso de la casa, cuando al parecer sólo había un piso en esta casa en vida de Goya. Argumentos que no han convencido a los expertos, aunque Manuela Mena, en un curso de verano que dirigió en El Escorial el pasado verano, lejos de aclararlo, sembró más dudas, echando nueva leña al fuego: «Hay que mirar más las pinturas negras, sacar la documentación, analizarlas bien, estudiarlas, encontrar los planos de la casa...»
Una subasta polémica
Pero hay casos en los que ocurre todo lo contrario. Un cuadro durante siglos sólo atribuido a Goya (así aparecía en sendas ventas en Berna en 1951 y 1989) ha pasado, por obra y gracia de Manuela Mena y Gudrun Maurer, a ser un goya en toda regla. Se trata del «Retrato del Príncipe Alois Wenzel von Kaunitz-Rietberg», que Mena incluyó en la gran exposición «Goya en tiempos de guerra» en el Prado. Expertos como Glendining creen que no se trata de una obra de Goya y se lamentaba de que el Prado lo aceptara como tal y lo colgara en sus salas sin un estudio a fondo. Pero la polémica creció al saber que, sólo seis meses después de que Mena certificara su autoría, su actual propietario decidiera sacarlo a subasta. La venta tendrá lugar el jueves en Sotheby´s Nueva York.
La obra, fechada hacia 1815-1817, parte con un precio estimado de entre 2,5 y 3,5 millones de dólares. En la documentación que aparece en el catálogo de Sotheby´s, se afirma que «Manuela Mena, provisionalmente, sugiere que la obra puede estar inacabada y conjetura que pudo ser ejecutada como preparación para un retrato oficial más elaborado». Goya, al igual que Rembrandt o Van Gogh, necesita que se ponga en orden su producción.

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