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Sábado 10, octubre 2009 - Últ. actualización 9:18h
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Actualizado Jueves, 28-08-08 a las 10:43
Joel y Ethan Coen, o sea, los Coen, hacen películas y deshacen nudos marineros casi al mismo tiempo. «Burn after reading», su entrada en escena tras «No es país para viejos», traía una doble misión: inaugurar la Mostra veneciana y ofrecer una imagen vivaz y astuta de la CIA. Sólo consiguió lo primero. De un modo inteligente, la película subraya casi sin esfuerzo y con precisión las notables dosis de simpleza de los llamados, tal vez con ironía, Servicios de Inteligencia... En realidad, los Coen le ponen las orejas de burro también a otras cuantas parcelas de la sociedad actual, como las de la cirugía plástica, los abogados, los entrenadores personales, los buscadores de aventuras por internet, los diplomáticos, los espías, los escritores... En fin, no hay agrupación ni cofradía que se libre de la guasa de los Coen.
El argumento de «Burn after reading» es enredado, divertido, muy serio y destartalado, todo al tiempo si ello es posible... Los personajes son la clave: un analista de la CIA y su mujer, un paranoico funcionario con pistola y sus mujeres (también la del analista), los empleados de un gimnasio, los «machacas» de la vigilancia y el gran jefe del Centro de Inteligencia, en cuyo despacho se «explican» los hechos de tal modo que su literalidad los convierte en completamente ridículos, y más aún para el espectador que los ha ido viendo en toda su azarosa imbecilidad.
Qué bien hacen de tontos
Si los personajes son la clave y los acontecimientos, atropellados, los definen como algo tontos, la gracia está en ver lo bien que hacen sus papeles todos los actores: Brad Pitt, el de más bobo que nadie, lo borda con una afición y una entrega dignas de elogio; George Clooney el de descerebrado con pistola, y a pesar de ello con con taras en el hueco cerebral; John Malkovich, el de un borrachín neurótico y ridículo; Frances McDormand podría pasar por la astuta de la función de no ser porque tiene las mismas luces que un frigorífico cerrado... En fin, que además de admirarlos por su trabajo te ríes con (o de) ellos...
Aunque los Coen no desvelaron gran cosa en su rueda de prensa (hay que ver lo increíblemente merluza que puede llegar a ser esta profesión de periodista, o similar, con unos elementos que no necesitan de la guasa de los Coen para ponerse en ridículo), es evidente que «Burn after reading» tiene un trasfondo muy crítico con la política de «vigilancia» de los Estados Unidos sobre el resto del mundo, y sobre las consecuencias imprevisibles de esa «vigilancia». Las conversaciones entre los jefes de la CIA, en clave de absoluta perplejidad, resultan solemnemente cómicas y dejan entrever que cualquier cosa que ocurra y haya ocurrido no tiene por qué ser el resultado del estudio, el análisis, la comprobación o el corolario de la realidad.
Con la película de los Coen vinieron casi todos sus actores y estrellas, Clooney, Pitt, McDormand, Tilda Swinton..., con lo que la inauguración tuvo su pizquita de glamour, aunque el cine italiano no necesita de la llegada de nadie para brillar como si tuviera realmente bombillas.
Y sobre el cortito de Oliveira que precedió a la película inaugural todo lo que se diga será poco. Se titula «De lo visible a lo invisible» y es también gracioso y a la vez denso. Dos amigos se encuentran en plena calle, se intentan saludar efusivamente pero los teléfonos móviles de ambos se empeñan en impedírselo con sus continuas llamadas, hasta que deciden, cara a cara, llamarse por teléfono y saludarse de ese modo. Una tontería, sí, pero realmente muy seria.
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