Pasaje de Lodares
Pasaje de Lodares - PILAR ARCOS

Una de las ciudades españolas más injustamente infravaloradas

Albacete es una estación de paso entre la Meseta y el Mediterráneo en la que merece la pena detenerse

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Albacete, la ciudad más poblada de Castilla-La Mancha, con una historia que se remonta a la Edad del Bronce, mucho antes de que los musulmanes la llamasen Al-Basit, La Llanura; la «Nueva York de La Mancha» en palabras de Azorín, que a finales del siglo XIX quedó deslumbrado por su «derroche de luz eléctrica» cuando la mayoría de España se alumbraba todavía con velas y candiles, es una población injustamente ignorada, estación de paso entre la Meseta y el Mediterráneo, en la que merece la pena detenerse.

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  1. Modernismo

    Remate de la fachada del Gran Hotel
    Remate de la fachada del Gran Hotel - PILAR ARCOS

    En el centro de Albacete abundan las muestras de arquitectura modernista, un estilo que tuvo su apogeo a finales del siglo XIX y principios del XX, época de mayor desarrollo de la ciudad. Conviene pasear lentamente, abrir bien los ojos y levantar la cabeza.

    El Gran Hotel es una de las más representativas. En este edificio de 1920, el arquitecto Daniel Rubio mezcló eclécticamente varios estilos en lo que fue uno de los primeros establecimientos para los turistas de lujo que ya empezaban a aparecer en esa época. Durante la Guerra Civil (1936-39) fue sede de las Brigadas Internacionales.

    Otros ejemplos notables de edificios historicistas son el Chalet Fontecha, el Casino Primitivo, la Casa Cabot Jubany, la Casa Cortés, el Pasaje de Lodares...

  2. Pasaje de Lodares

    Pasaje de Lodares
    Pasaje de Lodares - PILAR ARCOS

    Las calles cubiertas o galerías comerciales proliferaron en la Europa desarrollista de principios del siglo XX. Son célebres la Gallería Vittorio Emmanuele de Milán, el Passage Colbert de París o la Galerie Saint-Hubert de Bruselas. En España quedan el Pasaje Gutiérrez de Valladolid, y el Pasaje de Lodares de Albacete, que no les van a la zaga. Construido en 1925 en estilo neobarroco, este pasaje albaceteño con una cubierta de vidrio y hierro, tiene 64 metros de longitud y va de la calle Tinte a la Mayor.

    De propiedad privada, tiene tres plantas de viviendas y en la baja hay locales comerciales como cafeterías, tiendas de ropa, y hasta una cuchillería. Las grandes puertas de forja se cierran cada noche y no se abren hasta la mañana siguiente.

  3. La Bicha de Balazote

    La Bicha de Balazote
    La Bicha de Balazote - PILAR ARCOS

    En la plaza del Altozano, punto neurálgico de Albacete, en medio de un jardín, se encuentra una de las esculturas íberas (s. V-IV a JC) más sorprendentes de España. Tiene forma de esfinge con cuerpo de toro echado y cabeza de hombre barbado y con cuernos. Procede de la cercana Vega de Balazote y sus primeros investigadores, franceses, creyeron que se trataba de una cierva, «biche». Los albaceteños enseguida castellanizaron el nombre y la llamaron la Bicha de Balazote.

    Oficialmente es la Esfinge de Balazote. La que aquí vemos es una copia de bronce. El original, de caliza, se encuentra desde 1910 en el Museo Arqueológico de Madrid.

  4. La Dama Oferente

    La Dama Oferente
    La Dama Oferente - PILAR ARCOS

    Otra escultura singular ibérica, la Dama Oferente, se encuentra muy cerca de la Bicha de Balazote, pero menos visible. Representa a una mujer de la alta sociedad (¿una sacerdotisa?) lujosamente vestida que sostiene en sus manos un vaso de ofrendas. Tiene 1,35 metros de altura y está hecha en piedra caliza. Tanto los rasgos faciales como el peinado recuerdan a la Dama de Elche. Fue descubierta a finales del siglo XIX en el Cerro de los Santos, un lugar sagrado para los íberos. Como en el caso de la Bicha, esta Dama es una copia y el original se encuentra en el Museo Arqueológico de Madrid

    Muy cerca, en la misma plaza del Altozano, se conserva un refugio antiaéreo utilizado en la Guerra Civil y que ha sido reacondicionado como Oficina de Turismo.

  5. La catedral de San Juan Bautista

    Puerta principal de la catedral de Albacete
    Puerta principal de la catedral de Albacete - PILAR ARCOS

    Su construcción duró desde 1515 a 1949. No es extraño que durante tantos años se fueran superponiendo los estilos desde el neorrománico al neogótico y al renacentista. Tiene dos fachadas, la principal, que da a la Calle del Cura, tiene una portada neogótica y una amplia escalinata de piedra. Sobre ella se encuentra la torre del campanario.

    En el interior hay unas interesantes pinturas murales y unos cuadros al óleo de Casimiro Félix Escribá, que componen la más extensa obra pictórica de un solo autor expuesta conjuntamente.

  6. Navajas y cuchillos

    Cinto de Cuchillero (s. XX) en el Museo de la Cuchillería
    Cinto de Cuchillero (s. XX) en el Museo de la Cuchillería - PILAR ARCOS

    Solo por el edificio que lo alberga, el Museo de la Cuchillería merece una visita. Está en la llamada Casa del Hortelano, palacete ecléctico de 1912 inspirado en el estilo modernista de principios del s. XX.

    Pero no nos quedemos en su fachada sorprendentemente verde y pasemos al interior que alberga una buena cantidad de cuchillos, navajas y tijeras, presentados muy didácticamente para que todos puedan entender la evolución de los instrumentos de corte.

    Si por algo se conoce a Albacete fuera de su demarcación es por las navajas. En la plaza del Altozano hay una estatua de un vendedor de navajas que se iba a llamar en un principio Monumento al Navajero, pero en vista de que el nombre inducía a equívoco se cambió por el de Cuchillero.

    En el museo hay cuchillos de la Edad de Hierro, la Época Romana, la Época de los Visigodos y piezas de los siglos XVII al XX.

  7. La Feria

    Plaza del Templete de la Feria
    Plaza del Templete de la Feria - PILAR ARCOS

    Cada año, a principios de septiembre, miles de personas visitan la Feria de Albacete, en honor de la Virgen de los Llanos, patrona de la ciudad. Dos semanas en las que la fiesta es la protagonista. Y esto se traduce en jolgorio, diversión y gastronomía.

    El recinto ferial, uno de los más antiguos de España, fue construido en las afueras en 1783, durante el reinado de Carlos III, pero hoy se encuentra absorbido por el casco urbano. El núcleo central de la Feria consta de un largo paseo peatonal, que se cuaja de bares, casetas, tómbolas y atracciones, y que acaba en una plaza circular en cuyo centro se encuentra el Templete. Por su forma, al conjunto de paseo y plaza se le conoce como la Sartén.

    En 2008 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

  8. Los Pinchos

    El Pincho moderno
    El Pincho moderno - PILAR ARCOS

    Una frase recurrente en la Feria de Albacete es «Nos vemos en el Pincho». La utilizan los que quieren citarse dentro de la Feria. El Pincho es un largo mástil (una variedad es «Nos vemos en el Palo») situado junto a la Puerta de Hierros (1974), una de las entradas de la plaza circular.

    De su punto más elevado, coronado por un rosetón, parten cables con luces que iluminan el lugar, punto de encuentro de los jóvenes. Porque si se queda con alguien más mayor en el Pincho, habrá que ir justo debajo de la Puerta de Hierros, donde se encontraba el Pincho original.

    Y para los muy expertos hay un tercer pincho, menos conocido, en el templete de la plaza central. Inexplicablemente, nadie se pierde.

  9. La noria

    La gran noria
    La gran noria - PILAR ARCOS

    Una de las principales atracciones de la Feria de Albacete es su enorme noria, la más grande de España. Tiene 50 metros de altura y 48 cestas con capacidad para 240 viajeros. Con estas proporciones no es extraño que se pueda ver desde cualquier punto de la Feria y desde buena parte de la ciudad.

    Tardan siete días en instalarla, para lo cual tienen que mover 170 toneladas de piezas metálicas con dos grúas de 60 y 20 toneladas. En total, la gigantesca rueda lleva 1.700 tornillos y remaches.

    Si de día es todo un espectáculo, de noche cobra una especial magia con sus 14.000 bombillas encendidas.

  10. Videomapping sobre la Plaza de Toros

    «La Chata», plaza de toros de Albacete
    «La Chata», plaza de toros de Albacete - PILAR ARCOS

    La Plaza de Toros de Albacete, conocida como «La Chata», fue edificada en 1917 en estilo neomudéjar. Dicen que sirvió de ejemplo para la construcción de otros cosos taurinos, entre ellos el de Las Ventas de Madrid.

    Por segundo año consecutivo, en 2018 se ha proyectado un videomapping sobre su fachada. Se trata se un espectáculo audiovisual en el que los muros de la plaza sirven de pantalla a una serie de imágenes que este año han girado en torno al tema del 40 aniversario de la Constitución Española.