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FacebookLas personas mayores, el segmento de la población que difunde más noticias falsas

Varios estudios sociológicos establecen que se comparten menos bulos de lo que se cree pero aquellos que tienen más de 65 años son más propensos a caer en las redes de las desinformación

J. M. Sánchez
MADRIDActualizado:

La desinformación y la existencia de falsedades no es un fenómeno nuevo, pero ha sido en la actualidad, a raíz de la sobreabundancia de información y la amplificación de los códigos lingüísticos construidos en las redes sociales, lo que ha originado un dilema: la mentira sigue corriendo más rápido que la verdad. Un escenario que ha encontrado su chivo expiatorio en un segmento de la población, la tercera edad. Varios estudios establecen que las personas de más de 65 años son los que difunden más noticias falsas, aunque estas no se comparten tanto como se piensa.

El informe, realizado de manera conjunta entre expertos de las universidad de Nueva York y Princeton, subraya que los ciudadanos estadounidenses de mayor edad son «siete veces más propensos a compartir noticias falsas» que el grupo más joven (18-29 años) en servicios digitales como Facebook, la mayor red social del mundo con unos 2.240 millones de usuarios registrados en todo el mundo. Un país en donde cuenta con unos 214 millones de seguidores, la mayoría con edades comprendidas entre los 24 y los 35 años. En el caso de los jóvenes la cosa cambia: solo un 3% de los menores de 29 años compartieron informaciones erróneas.

La red social se ha convertido en un altavoz para propagar bulos. Un impacto que ha derivado en diversos escándalos sobre la compañía en los dos últimos años. La costumbre por la que afecta más a las llamadas «fake news» son evidentes; personas de confianza que publican en sus perfiles enlaces de dudosa credibilidad o fotomontajes en los que se muestran frases categóricas asociadas a un partido político o personaje.

«Memes» que suelen aprovechar de las prisas, desconocimiento e ignorancia de los usuarios, quienes a veces de manera involuntaria se lo entregan al resto de sus seguidores como una verdad consumada, provocando además un efecto bola de nieve que cada vez se hace más grande. La plataforma, sin embargo, ha cedido el testigo en algunos países como España o Brasil en donde WhatsApp, principal servicio de mensajería para móviles, se ha convertido en un contenedor de noticias falsas.

El informe, publicado en «Science Advances», subraya ahora que los usuarios situados en la tercera edad compartieron más noticias falsas que los jóvenes, independientemente de la educación, el sexo, la raza o los ingresos. De hecho, la edad establece parte fundamental en este comportamiento en las plataformas digitales. Una situación que pone de manifiesto la dificultad de este sector de la sociedad a la hora de gestionar los mensajes que comparten y leen por los diversos canales en los que tienen presencia.

Este hallazgo puede facilitar que los usuarios de redes sociales y a las plataformas diseñar códigos de conducta o medidas más efectivas para evitar que sean engañados. Máxime a que, aunque no se ha logrado profundizar en este estudio, en niveles más bajos de alfabetización digital se puede ver agravada esta tendencia de las «fake news», pero sí señala dos teorías: la tardía llegada de la tercera edad a internet que no sabe desenvolverse de manera eficiente ante la complejidad del entorno de la información y las probabilidad de sufrir un deterioro cognitivo en el envejecimiento, que los hacen propensos a caer, definitivamente, en las trampas dialécticas de los bulos.

Las llamadas «noticias falsas» han renovado las preocupaciones sobre la prevalencia y los efectos de la desinformación en las campañas políticas, apuntan los investigadores. Dado el potencial para diseminar de manera general este material, los expertos analizaron las características de nivel individual asociadas con el intercambio de artículos falsos durante la campaña presidencial de 2016 en los Estados Unidos, que dio la victoria a Donald Trump.

Pese a todo, el informe pone de relieve que compartir contenido erróneo es «una actividad relativamente rara». La gran mayoría de los usuarios de Facebook no compartieron ningún artículo de dominios de noticias falsas entonces. Otro estudio ( PDF), en cambio, encontró que un escaso porcentaje pincharon en los enlaces de noticias falsas, aunque sus titulares -normalmente sensacionalistas y descabellados- viajaron mucho más rápido en las redes sociales, lo que dificulta analizar su verdadero alcance.