La degradación de la comunidad en Twitter provoca una fuga de cerebros

La red de micromensajes se enfrenta al desafío de mantener su statu quo mientras pondera acciones para reducir los «trolls»

MADRIDActualizado:

El mundo ha cambiado en los últimos diez años. La tecnología y, sobre todo, el crecimiento y popularización de los servicios de internet, ha modificado los hábitos de los consumidores. Los ciudadanos se han convertido en usuarios. En «hablantes» que alimentan los muros virtuales de las grandes plataformas sociales. De ellas, Twitter, la mayor red de micromensajes, sobresalió como una gota en medio de un mar de conexiones. Aspiraba a mejorar la democracia, a implantar una bidireccionalidad entre marcas o famosos con sus audiencias específicas. En definitiva, a crear conversación. Pero la descabalgada de los usuarios más provocadores, los llamados «trolls», y el crecimiento de la desinformación amenaza con llevarse por delante sus aportaciones al relato del mundo.

La «tuitdemocracia» ha dejado de existir y se teme que se haya implantado una «tiranía» a golpe de «tuit». Intelectuales y personalidades famosas no han aguantado el acoso y derribo al que se han visto sometidos y han decidido abandonar la plataforma, que acumula más de 335 millones de usuarios a nivel global. Ejemplos, muchos: a nivel internacional han abandonado el barco la actriz Megan Fox (allá por 2013) o su compañera Millie Bobby Brown (ella tan solo hace unos meses después de convertirse en un «meme» homófobo).

En nuestro país, la sangría ha sido notable. Los escritores Lorenzo Silva y Eric Frattini; el columnista David Gistau; el exministro y presentador Maxim Huerta; la «influencer» Dulceida y, después, su amigo, el director Javier Ambrossi, en represalia por los ataques hacia la «it girl» del momento. Por motivos diversos otros muchos famosos han tirado la toalla como Ed Sheeran, Alec Baldwin, Alisyn Camerota, Ta-Nehisi Coates, Andrés Calamaro, Jennifer Love Hewitt o Ashton Kutcher lo hicieron en los últimos años. Muchos de ellos aún conservan sus cuentas abiertas, pero ni rastro de actividad. ¿Acaso Twitter ha perdido su inocencia?

«El problema es que ahora el fenómeno se ha masificado tanto que van en manada. Y con un único objetivo, porque están totalmente orquestados y financiados. Así son imposibles de combatir»

«Se ha convertido en una especie de selva donde ya no se escucha ni se lee, como antes. No es territorio neutral», afirma Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, quien achaca a la «profesionalización» de los «trolls» que la red social del pájaro se haya convertido en un lugar hostil. Este experto recuerda casi con cariño a estos provocadores: «Eran seres entrañables, díscolos, desafortunados y totalmente desechables. E individuales. El problema es que ahora el fenómeno se ha masificado tanto que van en manada. Y con un único objetivo, porque están totalmente orquestados y financiados. Así son imposibles de combatir», se queja.

Señala directamente a los partidos políticos como responsables del crecimiento de estos personajes. «La política ha entendido la influencia que tiene esta plataformay ahora trabajan en este campo. Y el problema es que Twitter está tomando partido», explica, refiriéndose a la «limpieza» que la plataforma ha hecho en los últimos meses para combatir las cuentas falsas. En teoría, se han eliminado los perfiles «congelados o restringidos» aquellos que han tenido algún «comportamiento sospechoso de repente» o los que no han confirmado su cuenta de correo electrónico para su verificación en los registros internos. Es decir, los inactivos. «Pero en realidad no nos han explicado muy bien por qué. De hecho, las quejas que tenemos en la asociación vienen más por el lado de que se eliminan cuentas sin dar demasiadas explicaciones», sostiene a este diario Domingo.

Conforme el servicio ha ganado en seguidores, el aumento de un tipo de «tuitero» que al amparo del anonimato del que se sirve la red social no cesa en proferir insultos y acuchillar digitalmente a todo aquel que no piense como él ha provocado un éxodo de intelectuales y personalidades famosas en sus trabajos. Cansados. Hastiados. No ha contribuido tampoco la propia compañía norteamericana a sanear su propia plataforma. Entre algunas de las medidas que ha llevado a cabo para reducir el impacto de los mensajes de contenido extremista y la presencia de «trolls» se encuentra la eliminación de aquellos perfiles que no han completado el formulario de inscripción una vez registradas sus cuentas.

El acoso y derribo hacia los famosos y la polarización de los temas candentes amenazan la conversación en la red social. Aunque también ha dado pasos hacia una mejora de las publicaciones, la esencia más pura de Twitter radica en la inmediatez y el escaso espacio de los mensajes -desde el año pasado se permite hasta 280 caracteres-. Una fórmula que obliga a condensar las opiniones, a sintetizar los mensajes. Lo que más se estila es ser categórico y rotundo, aunque los llamados «hilos» -encadenar «tuits» para formar parte de un todo- ha cobrado una gran relevancia en los dos últimos años, inaugurando, además, una nueva narrativa de comunicación.

Más voces, más discusión

¿Ha servido para relanzar los discursos? Los expertos dudan que se haya ganado en un lenguaje más reposado, cargados matices y buscando puntos de vista distintos. «Cuantos más beneficios buscan más explota la plataforma fomentando dinámicas que generan ruido. Es una red que sirve para comunicar y discutir, pero la intervención comerical daña al sistema y dificulta que haya una conversación más normal y pausada», apunta Javier González de Rivera, profesor de Sociología de la Universidad Complutense.

«Intervienen y degradan la propia experiencia de uso, la desnaturaliza de algún modo y hace que la gente esté un poco cansada»

Otro aspecto interesante sobre la evolución de la plataforma es el aumento del número de usuarios que se ha producido. «Al aumentar los perfiles hay una mayor representación de grupos y clases sociales, y eso hace que existan más polémicas», añade este experto, quien recuerda que a medida que se han sumado seguidores ha crecido la potencialidad de conflicto. En su opinión, una de las aportaciones de Twitter es que el espacio sea el mismo para todos. «Elimina el contexto social» implantando un efecto liberador y democratizador, aunque a veces puede derivar en «una agresividad excesiva y comentarios irreflexivos».

También juegan un papel importante los algoritmos, fórmulas matemáticas que se emplean en este tipo de servicios para organizar los contenidos, pero que «intervienen y degradan la propia experiencia de uso, la desnaturaliza de algún modo y hace que la gente esté un poco cansada», añade De Rivera. Su gran desafío pasa por eliminar a los «tuiteros» de ideologías extremistas y reducir la desinformación sin que merme la audiencia.