Las armas de Estados Unidos para evitar la guerra con Irán
Imagen satélite del complejo militar iraní de Parchin, donde EE.UU. sospecha que se han realizado pruebas necesarias para el desarrollo de armamento nuclear - afp

Las armas de Estados Unidos para evitar la guerra con Irán

‘Stuxnet’, el virus informático que destruyó casi mil centrifugadoras de uranio iraníes es parte de la estrategia de ciberguerra estadounidense

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La ciberguerra era casi un cliché de ciencia ficción hasta que se hicieron públicas la existencia y los efectos de ‘Stuxnet’. Un virus que infectó ordenadores iraníes y fue capaz de destruir una quinta parte de las 5.000 centrifugadoras de uranio de la planta de Natanz. Lo necesario para, supuestamente, retrasar el programa armamentístico nuclear del régimen de los ayatolás entre 18 y 24 meses. Un arma digital con efectos palpables en el mundo físico.

Su existencia se desveló hace dos años. Una modificación del virus se descontroló y propagó por ordenadores fuera de Irán e hizo saltar todas las alarmas. Empresas de seguridad informática y expertos coincidieron en que se trataba de la ciberarma más compleja y peligrosa conocida hasta la fecha, y que probablemente sólo un país tenía los recursos para desarrollarla. Los candidatos obvios eran Estados Unidos e Israel, pero ninguno confirmó estar detrás de la creación de 'Stuxnet'.

Una investigación de David E. Sanger, publicada recientemente en el «New York Times», desvela que ambos países estaban involucrados bajo la denominada Operación «Olympic Games» —«Juegos Olímpicos»—. Nacida en la era Bush, Obama no solo la mantuvo sino que la impulsó. Incluso cuando 'Stuxnet' se descontroló —y puso en riesgo infraestructuras industriales en todo el mundo—, ordenó mantener el ataque.

Sabotaje preventivo

El supuesto programa militar nuclear de Irán ha sido un foco de conflicto permanente en los últimos años, además de un quebradero de cabeza para la administración Obama. Israel quiere evitar a toda costa la proliferación nuclear en la región y ha presionado a Estados Unidos para que le apoye en un ataque que destruya o inhabilite las instalaciones nucleares iraníes. Una operación que se presupone demasiado compleja para que pueda llevarla a cabo la aviación israelí en solitario. De momento se ha impuesto la postura norteamericana de las sanciones y las negociaciones diplomáticas. Y, aunque de forma encubierta, también del sabotaje.

Una estrategia de sabotajes que pretende evitar el desarrollo de armas nucleares en Irán y su capacidad de influencia en Oriente Medio. Un conflicto velado y del que sólo llegan fogonazos. La muerte de un científico del programa nuclear iraní en un atentado, la captura de una aeronave no tripulada (UAV) espía estadounidense por parte de Irán, o el virus que destruye centrifugadoras de uranio. La última, la existencia de otro virus, aún más elaborado que Stuxnet, y que los expertos en seguridad informática han denominado 'Flame'.

'Stuxnet' reprogramaba los circuitos integrados de las centrifugadoras que purifican uranio para cambiar su velocidad de giro y estropearlas. 'Flame', por su parte, parece dirigido a robar y eliminar documentos importantes del desarrollo nuclear de Irán. La Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), de Naciones Unidas, ya alertó del riesgo de esta nueva amenaza, que considera muy grave.

El riesgo de la ciberguerra

El artículo de David E. Sanger también detalla los riesgos que asumen los estadounidenses en este nuevo campo de batalla. «Ningún país tiene unas infraestructuras tan dependientes de los sistemas informaticos —y por lo tanto tan vulnerables a los ataques— como Estados Unidos», afirma.

Además plantea que, aunque Irán es el principal foco de los ataques, estos no se limitan al programa nuclear del régimen de los ayatolás. Siria, Corea del Norte o las distintas células de Al Qaeda también pueden ser blanco de «Olympic Games». La ciberguerra ya es una parte imprescindible del espionaje, las relaciones internacionales y los conflictos entre países. Una realidad sumergida y de la que apenas ahora asoma la punta.