Por la custodia compartida

Está a la cabeza de Europa en crecimiento de rupturas de pareja: un 205% en la última década. Cada día se deshacen 2.761 uniones

MADRID Actualizado:

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INFORME COMPLETO SOBRE LOS DIVORCIOS EN EUROPA EN

El Pleno del Senado aprobó ayer una moción que insta al Gobierno a realizar las modificaciones legales necesarias para que la custodia compartida sea considerada el «régimen preferente» que debe adoptar el juez en los casos de separación o divorcio, en aras del interés superior del menor. La iniciativa, promovida por el Grupo Parlamentario Popular y defendida por el senador por Castellón Manuel Altava, ha salido adelante con la oposición del PSOE y CiU, y un total de 132 votos favorables del PP, PNV, ERC, CC y PAR. Altava ha explicado que el objetivo es «conjugar los dos principios fundamentales que concurren en los supuestos de no convivencia o ruptura de una pareja cuando existen hijos menores comunes»: de un lado «el derecho de los hijos» a tener una relación con ambos progenitores y, por otro, el «derecho-deber» de éstos «de proveer a la crianza y educación de los hijos». El senador aseveró que no hay ningún estudio que diga que la alternancia de hogares sea perjudicial.

Confirmado: el amor no es para toda la vida. Tanto los españoles como todos los europeos lo tienen más que claro. Se casan o conviven por amor, convencidos. Pero cuando las cosas se tuercen en la pareja, hasta el punto que parece no reconducirse la relación, no se lo piensan dos veces y la opción no es otra que la ruptura. Así, borrón y cuenta nueva. Esta es una tendencia ya consolidada en casi todos los países desarrollados, como demostró ayer un nuevo estudio dado a conocer por el Instituto de Política Familiar (IPF). En la vieja Europa, amenazada por un proceso de envejecimiento galopante, los divorcios y las separaciones están a la orden del día: se produce uno cada 31 segundos. O lo que es lo mismo, cada día se deshacen 2.761 matrimonios.

Que las parejas ya no se juran amor eterno es algo asumido hace bastantes años, pero sorprende cómo esta nueva forma de entender la vida se ha asentado en tantas sociedades tan distinas en tan corto espacio de tiempo y ha desplazado la creencia en el matrimonio tradicional. Cabe preguntarse incluso si este fenómeno puede resultar contagioso a la luz de las conclusiones que se extraen del informe del IPF.

Una década de rupturas

Lo datos dicen que en Europa se produjeron a lo largo de una década (1998-2008) algo más de diez millones de divorcios, casi el 80 por ciento (ocho millones) de ellos en los países que pertenecen a la antigua UE de los Quince. Es decir, sólo dos millones de rupturas (el 20 por ciento del total europeo) se dieron en los doce Estados de la ampliación, que han entrado en la UE en los años más recientes y que ahora tienen que realizar un esfuerzo para llegar al nivel de desarrollo de los primeros. En estos parece que todavía perduran las costumbres de toda la vida: el matrimonio hasta el fin de los días. Habrá que esperar unos años para comprobar si estas nuevas naciones también adquieren los hábitos y tendencias sociales de los Estados más antiguos

de la Unión en ámbitos tan privados como la familia y la pareja.

Y de los 27, hay un caso que destaca de forma espectacular en esos diez años: España, donde los divorcios casi se han triplicado en una década. De los 36.072 que se producían en 1998 a los 110.036 que se han dado en 2008. Somos el país de la gran Europa donde más han crecido las rupturas matrimoniales, hasta tal punto que nuestros divorcios y separaciones representan el 58% de todos los que se producen en la UE al año. En nuestro país, por cada tres uniones que se forman se deshacen dos.

Una triste realidad que también ocurre en Bélgica y Hungría. Sin embargo, en otros países la tendencia ha sido la contraria: Reino Unido, Alemania, Países Bajos y Finlandia han visto disminuidas sus rupturas.

Caída de la nupcialidad

En cualquier caso, ante este panorama, son muchos los que reclaman mayor protección para la familia. El propio presidente del IPF, Eduardo Hertfelder, explicó ayer que este informe «habla de miles de tragedias personales, familiares y sociales ante las que no es legítimo seguir pasivos, suponiendo un reto prioritario tanto para la sociedad en general como para las administraciones, porque cada familia que se ve abocada al divorcio debe considerarse un fracaso de la Administración y de la sociedad por no haberla sabido o querido ayudar».

Y es que el matrimonio sufre una doble amenaza. Ya no sólo se trata de que, llegado el momento, las parejas decidan romper y no aguantarse más. Sino que cada vez son menos los que desean iniciar su convivencia bajo el paraguas que proporciona esta institución. Es decir, cada vez se casan menos europeos. Y esto también tiene una marcada tendencia en todo el continente. En concreto, cada año hay 725.000 matrimonios menos, lo que ha provocado una caída de la tasa de nupcialidad de 6,75 (1980) a 4,87 (2007), a pesar del aumento de la población.

Casados y solteros

Todo ello

está modificando la estructura de la sociedad. Lógicamente hay más divorciados (3 por ciento) y menos casados (4 por ciento). Ahora la población europea se distribuye de la siguiente forma según su estado civil: los que han contraido matrimonio siguen siendo el mayor grupo (44,3 por ciento); seguido por el colectivo de los solteros (42,3); luego están los viudos (7) y, por último, los divorciados y separados (6,4).