«Los animales tratados no salían corriendo, pero caminaban»
Primer ensayo clínico con células madre y lesiones medulares

«Los animales tratados no salían corriendo, pero caminaban»

El neurocirujano Jesús Vaquero del Hospital Puerta de Hierro empezará a tratar este año a doce lesionados medulares con células madre extraídas de su médula ósea

N. RAMÍREZ DE CASTRO
MADRID Actualizado:

Tras más de diez años de investigación en modelos animales, el catedrático y neurocirujano Jesús Vaquero probará la capacidad regenerativa de las células madre de la médula ósea en parapléjicos. Se trata de una investigación pionera que ha despertado las esperanzas de las personas que viven con una lesión medular. El proyecto arranca gracias a la inyección económica de Apinme (Asociación Pro Investigación para la reparación medular) y del Ministerio de Sanidad que permitirán la construcción de una nueva sala blanca de laboratorio. En ella se aislarán y manipularán las células madres estromales, un tipo celular muy especial de la médula que se utilizarán en los tratamientos.

—Los resultados en experimentación animal animan a dar el paso en pacientes. ¿Qué se ha conseguido en los animales tratados?

—Primero probamos si el trasplante funcionaba en ratas, animales pequeños que nos permitían manipularlos con facilidad. Vimos que tras el tratamiento, las ratas a las que habíamos lesionado la médula, recuperaban su movimiento y sensibilidad entre el tercer y cuarto mes. En el interior de su organismo las células madre se transformaban en células nerviosas y el trasplante favorecía al mismo tiempo la reparación natural. La rata tiene una esperanza media de vida de dos años por lo que nos preocupaba que esos 3-4 meses necesarios para su recuperación se convirtieran en años de espera en una persona. Así que empezamos a experimentar en cerdos, un mamífero de tamaño mayor.

—¿Los resultados fueron similares?

—Sí, reprodujimos los resultados obtenidos en ratas. A los dos meses del trasplante, esos animales a los que se les había seccionado la médula empezaban a recuperar las funciones perdidas. Ganaban en sensibilidad, recuperaban el control de los esfínteres y empezaban a levantarse y mejorar su movilidad de forma muy notable.

—¿Volvían a caminar?

—No salían corriendo, aunque podían caminar con unas férulas (prótesis) en sus patas porque les faltaba cierta coordinación en el movimiento. En el agua, los animales movían sin dificultad las cuatro extremidades. No sabemos cómo va a funcionar en humanos, pero sería fantástico que una persona que se desplaza en silla de ruedas pudiera caminar con una pequeña ayuda. Además, tenemos la esperanza de que se logren resultados mejores con una buena rehabilitación. Los fisioterapeutas trabajaban con los animales tratados, pero ellos no tienen la motivación que puede tener una persona con una lesión medular.

—¿A quién se elegirá para participar en el ensayo?

—El proceso de selección está empezando. Queremos reclutar a doce personas con lesiones totales en la región dorsal y paraplejia completa. No nos arriesgaremos con personas que aún conservan movimiento en las manos porque no queremos que pierdan esa capacidad si surge alguna complicación. Otro requisito es que la lesión sea crónica, deberá transcurrir entre 6 meses y 3 años después del accidente. El límite de edad para participar son los 60 años y empezaremos con víctimas de accidentes. No se incluirá en esta primera fase a personas con enfermedades congénitas ni por secuelas de infecciones víricas. Antes de enrolar a los voluntarios al ensayo también deberán pasar por un estudio psicológico para estar seguros de que soportarán un posible fracaso.

—¿Cómo se hará el trasplante?

—Utilizaremos células madre que se extraerán de la cadera de los pacientes. Seleccionaremos las células del estroma y las multiplicaremos en el laboratorio. Habrá un primer trasplante directamente a la zona de la lesión. Esta intervención debemos hacerla en el transcurso de una cirugía. Después fuera del quirófano inyectaremos más células en el líquido cefalorraquídeo, el líquido que baña la médula espinal. El tratamiento se completará con rehabilitación y un seguimiento estricto durante un año.

—En Estados Unidos hay un ensayo similar que utiliza células embrionarias ¿Tiene sentido recurrir a este tipo de células?

—Nosotros empezamos trabajando con células embrionarias pero las abandonamos por los problemas éticos y el riesgo de tumores que tenían. Habrá que esperar a sus resultados.