Patricia Fernández
Patricia Fernández - ABC

«Con mi padre me limitaba a sobrevivir»

Patricia Fernández fundadora de «Avanza sin miedo», vivió con un padre condenado por violencia de género al que otorgaron su custodia

MadridActualizado:

Patricia Fernández creció hasta los seis años en una casa en donde se sucedían los maltratos a su madre. Pero el divorcio de sus padres no supuso el fin del calvario. En mitad del proceso judicial, y con dos denuncias por violencia de género de por medio, los juzgados consideraron que Patricia y su hermano tenían Síndrome de Alienación Parental (SAP). La custodia completa fue para el padre. «Solo hablaba con él de qué había de comer y de cenar, era solo sobrevivir. A una persona que está condenada por maltrato solo la sobrevives», asegura la joven, hoy mayor de edad y fundadora de «Avanza sin miedo», una asociación para dar voz a otros menores.

-¿Cuándo fue consciente de lo que ocurría en su casa no era normal?

-Normalicé mucho la situación que vivía, no tenía perspectiva para comparar lo que estaba bien o mal. Tampoco él era muy explícito: yo llegaba a casa y me encontraba a mi madre en la cama, pero me decían que tenía gripe. Con 5 o 6 años me empiezo a dar cuenta, pero estás mamando un clima de violencia.

-A partir del divorcio, ¿cómo vive la situación?

-Cuando se separaron, en vez de llorar de pena, lloré de alivio. Mi madre nos protegió mucho, pero meses después se estableció un punto de encuentro. En ese momento casi me da algo, imagínese. Fueron tres años así, hasta que se nos aplicó el SAP y le entregan la custodia a mi progenitor. Yo contaba lo que vivía y me decían que era mentira, que mi madre nos estaba manipulando. Se determinó que, para curarnos, había que cortar toda relación con mi madre, hasta que por una serie de circunstancias, porque él tampoco nos quería, mi madre recuperó nuestra custodia.

-¿Cómo era la relación con su padre?¿Les maltrató?

-Sí, después de la separación el foco del matrato pasamos a serlo nosotros. Pero el proceso judicial se planteó de tal forma que se lo facilitaron todo. Si él hubiera querido hacer cualquier bestialidad, hubiera podido. Yo con él solo hablaba de qué había de comer y de cenar, era sobrevivir. A una persona condenada por maltrato solo la sobrevives.

-¿Y cómo era su infancia cuando estaba con su madre?

-Paradójicamente, la recuerdo muy feliz. He tenido una madre estupenda, unos abuelos estupendos, tuve la suerte de que a los años mi madre tuvo una pareja que ha sido mi padre para mi. Sinceramente, de esa parte de mi vida no tengo ninguna queja, es la que me ha ayudado a sobrevivir esa otra parte tan dura y que ocupaba la mayor parte de mi tiempo.

-¿Se escucha a los menores hijos de maltratadores en los procesos?

-Yo tenía la esperanza de que mi caso fuera la excepción, pero a raíz del libro [«Ya no tengo miedo» (Ed. Club Universitario)], de la asociación… He visto que es lo estándar que los niños acaben teniendo algún tipo de contacto con el maltratador. Que se escuche y se crea a los menores, o no pasa, o es muy difícil.