Jesús López con sus dos hijos
Jesús López con sus dos hijos - ABC

Las otras «Juana Rivas» que secuestraron a sus hijos

En 2018 el delito de rapto de menores para golpear a la expareja creció hasta 1.140 casos, un 22,3% más que el año pasado

MadridActualizado:

Instrumentalizar. Para los psicólogos consultados por ABC, la palabra clave que resume por qué una madre o un padre se lleva a sus hijos contra la voluntad de la expareja para que no los vea durante un tiempo y golpearla donde más daño le causa es «instrumentalizar» el conflicto parental. Según apunta la Fiscalía General del Estado, el delito de sustracción de menores en el ámbito de las relaciones familiares está en alza: de 2017 a 2018 creció un 22,32%, al pasar de las 932 diligencias practicadas a las 1.140 que se registraron el año pasado.Las mismas fuentes hablan de que en 2019 esta cifra volverá a dispararse, a tenor del volumen de denuncias interpuestas.

Hablamos de un rapto de niños para dañar a la otra parte de la relación, una «manera extrema» de resolver un litigio entre adultos. La Fiscalía no distingue entre sexos de los cónyuges, aclara, aunque para Carlos Herraiz, abogado y presidente de la Asociación de Padres Separados, la mayoría de los casos están protagonizados por madres, como Juana Rivas, contra su exmarido, en este caso Francesco Arcuri.

«Primero, interponen denuncias falsas por malos tratos y abusos sexuales como la última baza que tienen algunas mujeres para conseguir la custodia de los hijos», explica Herraiz. Si no resulta efectivo, entonces, «lo que intentan es que el padre pierda el contacto con los hijos, algo que es perjudicial para el niño y para el progenitor», añade. Pero, se queja este letrado, «en el momento en el que hay una denuncia por parte de una mujer sobre posibles abusos a un menor, el juez suspende automáticamente el régimen de visitas».

Ya no es «punitivo» que uno de los progenitores no permita al otro ver a sus hijos

«La Justicia española está repleta de casos como los de las madres de la asociación Infancia Libre –prosigue–. Con la reforma del Código Penal de 2015 se eliminó el artículo 618.2, que establecía que el incumplimiento del convenio aprobado o la resolución judicial se castigaría con multas». El abogado considera que esta modificación es «muy grave», porque «conlleva que un padre tenga que ir 200 veces a una comisaría de policía para informar de que no le dejan ver a su hijo y que no tiene noticias suyas». Según Herraiz, ya no es «punitivo» que uno de los progenitores no permita al otro ver a sus hijos y esto hace que los padres se encuentren en una situacón muy parecida a la que padeció él mismo cuando creó la asociación en 1992.

Herraiz apostilla que en su asociación se dio el caso de un hombre denunciado que se «salvó» de que le llevaran al calabozo esposado porque el agente de la Guardia Civil habló con la niña y ella negó que hubiera sufrido abusos sexuales por parte del padre.

«Se esfumó con mis hijos»

Jesús López, almeriense de 41 años, ofrece su testimonio a este periódico sobre el rapto demostrado de sus hijos, sentencias en mano y también con un recurso pendiente interpuesto por él ante la Justicia, que absolvió a su exmujer de haberse fugado con dos niños pequeños pese a que él tiene la custodia íntegra. En el caso de Jesús, ella también le denunció por abusos y violencia de género, delitos de los que él fue absuelto.

Jesús habla de las mil «Juana Rivas» que se suceden cada año en el país, con la impotencia y desesperación que ello genera en la otra parte. El periplo que relata es digno de un guion de película. Primero, casado con esta mujer de origen brasileño en Almería, con la que tuvo dos hijos, que tenían 3 y 4 años en el momento en que se separó, en 2011. Ella no tenía papeles, era muy joven, desempleada y el juez resolvió que Jesús se quedase con la custodia. Su relación fue de idas y venidas. Se mudaron a Brasil, a pesar de la separación, por un nuevo trabajo que le salió a Jesús y para que los hijos tuviesen la oportunidad de estar con la familia materna. «Me daba mucho miedo lo que pudiera pasar», confiesa Jesús, a quien ya se le pasó por la cabeza la idea de que la madre de sus hijos se escapase con los pequeños. La convivencia allí tampoco resultó. Regresaron y se establecieron en Barajas (Madrid), pero no pudieron salvar la buena sintonía en la relación. Siguieron separados hasta que un día él le propuso rehacer sus vidas. Al día siguiente, 26 de septiembre de 2016, amaneció con una nueva denuncia. De buenas a primeras, el día 28, ella desapareció con los dos pequeños.

«El pequeño echó a correr y luego me contó que su madre le había pedido que en cuanto me viese, huyese porque si no la echarían del país o la meterían en la cárcel»
Jesús López , Padre de dos hijos que fueron secuestrados

«Estuvo en cuatro casas de acogida para maltratadas, pese a que yo fui absuelto. Se esfumó nueve meses y lo que pasé en la búsqueda es inenarrable. Lo primero que conseguí fue una orden de alejamiento para que no pudiese salir con los menores del país, pero yo no sabía si estaban aquí o se los había llevado ya al suyo. Si pedí una resolución judicial en octubre, hasta febrero no se dictó el auto. Pasaron cumpleaños, Navidades...», se lamenta. «Ella, luego, inscribió a los dos niños en un colegio de Madrid y solo a través de un requerimiento del Juzgado de Almería a la Consejería deEducación de la Comunidad pude averiguar en qué colegio se encontraban».

Jesús relata la experiencia de ir a por sus hijos tras nueve meses sin verlos: «El pequeño echó a correr y luego me contó que su madre le había pedido que en cuanto me viese, huyese porque si no la echarían del país o la meterían en la cárcel». Este andaluz dice sentirse profundamente decepcionado por una Justicia que protege a las «Juana Rivas que denuncian sin razón, secuestran y se van de rositas. No sería plato de buen gusto que mi exmujer acabe en la cárcel, pero mi abogada pidió dos años y nueve meses de prisión para ella».

En el juicio, y así consta en la sentencia a la que ha tenido acceso este diario, todas las partes resuelven que sí existe delito, tipificado como secuestro parental de dos menores. La juez entiende que se los llevó, pero la absuelve. «Hay un vacío legal en un país donde puedes desaparecer con los dos niños, pedir una casa de acogida sin que conste ninguna causa abierta por malos tratos y que no pase nada». Por si fuera poco, añade Jesús, que tiene una minusvalía en los pies de un 68%, «intentó achacar en sede judicial que yo no podía ocuparme de mis hijos por la discapacidad». El daño no se repara, resume mientras disfruta de una tarde de asueto con sus dos hijos a los que sí ha recuperado.

Chantaje o miedo

Cuando una persona como la ex de Jesús rapta a sus hijos, lo hace por dos motivos, señala Timanfaya Hernández, psicóloga sanitaria y forense colegiada en Madrid: «O por miedo, porque no confían en la Justicia ni en que ésta vaya a poner mecanismos de control hacia el excónyuge, porque la pareja lo vea nocivo para sus hijos; o como medio de chantaje». «No saben resolver el conflicto familiar con comunicación y utilizan a su favor la instrumentalización de los menores». Cree que casos como el de Juana Rivas, que han tenido gran cobertura informativa, potencian esos actos. «Siempre ha existido el secuestro parental, no es nueva esta fórmula de romper por completo el vínculo con la expareja, pero ahora es más visible». Eso sí, tras una larga trayectoria de atención a mujeres en unidades de violencia de género, Hernández aclara que no conoce a ninguna víctima –«real»– de violencia de género que haya adoptado esta medida y se haya llevado sus hijos.

Coincide con otra psicóloga, la doctora Silvia Álava, en que un rapto somete a los niños a una situación de impredecibilidad absoluta. Sufren síntomas de ansiedad, sensación de abandono y desconfianza.