A la derecha, la voluntaria Tulsi usa un dispositivo para diagnosticar la neumonía al bebé. En el centro, su madre, Kabitea
A la derecha, la voluntaria Tulsi usa un dispositivo para diagnosticar la neumonía al bebé. En el centro, su madre, Kabitea - SERGIO CARO

La neumonía, el «otro drama» que hace tambalear a Nepal

Tras los estragos del terremoto de 2015, el país se enfrenta a la muerte de niños por falta de un buen diagnóstico y acceso a medicamentos

La Caixa y Unicef combaten la infección respiratoria con un proyecto que se sirve de mujeres voluntarias, armadas con antibióticos y un cinturón que mide la respiración de los bebés

ENVIADA ESPECIAL A KAVRE (NEPAL)Actualizado:

El tiempo está detenido en Nepal. En el cielo y en la tierra. Arriba, una pequeña avioneta que parece de juguete desafía al Himalaya, que se empeña en convencer de que el paraíso existe. En los soberbios picos de los « ochomiles» reina la paz. Esa paz que no existe abajo, en las calles de Katmandú, donde no hay pasos de cebra, ni semáforos, ni intermitentes. Abajo, donde el polvo de la contaminación y de los escombros que dejó un terremoto que parece haber sacudido la ciudad ayer, apenas dejan ver.

El caos parece ser parte de un estudiado orden donde tampoco pasa el tiempo. La hermosura del país, la del rojo furioso de los vestidos de las mujeres, o la del verde, amarillo y blanco de las banderas budistas de plegaria que se enarbolan en los templos o en los picos montañosos, tarda en hacerse ver. Un río contaminado, lleno de bolsas de basura y botellas, es venerado por un nepalí, que se sienta al borde con su alfombra, se arrodilla y exhibe orgulloso su «tikka», el punto rojo en la frente utilizado, entre otros fines, como símbolo religioso.

A unos 30 kilómetros de Katmandú, se alza sobre las sinuosas carreteras nepalíes, el distrito de Kavre. Al norte del mismo, camino a la localidad de Gairi Bisouna, el asfalto, los coches, los comercios y los templos desaparecen. Se abren paso otra vez las imponentes montañas, la vegetación de color verde furioso que se despliega sobre ellas, los bancales, las mujeres que caminan por el borde de las carreteras cargando pesadísimas bolsas con verduras en sus cabezas.

El proyecto Arida suministra dispositivos de diagnóstico y cuenta con la colaboración de Obra Social «la Caixa»

En Gairi Bisouna vive Saraswati (nombre de una diosa hindú del conocimiento y de las artes) en una casa sin cocina, ni baño, ni habitaciones. Hay un televisor y, al lado, una pila de nabos recién cosechados. Allí convive con sus suegros, su cuñado y su bebé, Sabine, que nació cuatro días después del terremoto. Tiene solo un año. A su lado está Tulsi Neupane, una voluntaria de la comunidad que se dedica a visitar a las familias para revisar la salud de los pequeños. El centro de salud está a unos cinco kilómetros andando, cuesta arriba y el trabajo no siempre permite llevar a los niños al médico. Tulsi tiene 35 años y hace 17 que es voluntaria. Su bebé murió nueve días después de nacer a causa de la neumonía y fue por eso que decidió dedicar su vida a ayudar sin recibir una rupia. «No dejaré que ningún otro niño muera de neumonía», asegura.

Saraswati, en su casa, con su bebé Sabine
Saraswati, en su casa, con su bebé Sabine - J. G. S.

La neumonía no es un problema solo en Nepal. Esta infección respiratoria es la principal causa individual de mortalidad infantil en todo el mundo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la neumonía mató a unos 920.136 niños menores de 5 años en 2015, lo que supone el 15% de todas las defunciones de niños menores de 5 años en todo el globo. Si bien es un problema mundial, la enfermedad tiene mayor prevalencia en el África subsahariana y Asia meridional.

La neumonía se ha convertido en el caballo de batalla de Tulsi. Como ella, hay en Nepal 50.000 mujeres dedicadas, sin cobrar una rupia, a visitar a las familias de la comunidad para revisar a los niños, llevar a cabo campañas de sensibilización para explicarles a los padres la importancia de la vacunación, o de mejorar las condiciones de higiene de los hogares, etc. De hecho, son ellas, las voluntarias, las que evitan que se lleve a los niños a los curanderos o se atribuyan las enfermedades a la acción de los espíritus malos.

Las voluntarias están autorizadas a dar medicación a los niños, hierro a las embarazadas, e incluso, anticonceptivos. También tienen amoxicilina, el antibiótico usado para tratar la neumonía causada por bacterias. Pero antes del remedio, es necesario un buen diagnóstico, que es lo que está fallando en este y otros países.

Ahora, usan una especie de cronómetro que sirve para medir la frecuencia respiratoria por minuto de un niño. «En el caso de los bebés de menos de dos meses puede haber neumonía si tienen más de 60 respiraciones por minuto, en los niños de dos meses a un año si tienen más de 50 respiraciones y en los pequeños de uno a cinco año las alarmas saltan a las 40 respiraciones», explica Bissie Tarekegn, jefa del programa de neumonía y diarrea de Unicef.

Esta organización está lanzando en Nepal el proyecto ARIDA, que pretende buscar dispositivos que permitan un mejor diagnóstico de la neumonía y, además, busca introducir amoxicilina soluble, mucho más fácil de digerir para los pequeños que las pastillas.

Para ello, cuenta con la colaboración de la Obra Social ”la Caixa” que, como parte de su compromiso para ayudar a erradicar la pobreza en los países de rentas bajas, apoya iniciativas con más de setenta entidades. Entre ellas, Unicef, con quien desde 2015, y a través del proyecto ARIDA ha destinado cinco millones de euros para mejorar el diagnóstico y acceso al tratamiento de la neumonía.

«Si da resultados, esperamos reducir la mortalidad infantil por neumonía en un 20-25 por ciento», asegura Tarekegn

A partir de mayo de este año se probarán nuevos dispositivos: uno con forma de cinturón que cuenta las respiraciones y arroja el diagnóstico de forma automática y otro que diagnostica y además, mide el porcentaje de saturación de oxígeno en sangre.

Namo Buddha, importante lugar de peregrinación budista en Nepal
Namo Buddha, importante lugar de peregrinación budista en Nepal - J.G.S

Laxmi Dotel lleva 13 años como voluntaria, un trabajo al que se dedica unos tres días por semana. Ha sido elegida, como todas, por la comunidad en base a la confianza depositada en ella. «Para mí es un honor servir, me da mucha motivación saber que puedo evitar la muerte de un niño», asegura con serio semblante que da lugar a la sonrisa solo cuando recuerda la importancia de su trabajo.

Laxmi considera útil un nuevo dispositivo, pero parece preocuparle mucho más su formación y aprovecha un momento de la entrevista para hacerle un pedido formal al responsable del puesto de salud en el que trabaja, Santya Marayan. «Ellas le han dado sentido a este sistema, en los momentos de campaña de vacunación si no estuvieran estas mujeres no hubiéramos llegado a las coberturas del 90 por ciento», asegura Marayan.

«Hemos conseguido bajar la neumonía hasta ahora en un 20 por ciento con este sistema de voluntariado, pero eso no debe hacer entender a las madres que deben prescindir del médico», asegura Hendrikus Raaijmakers, jefe la Unidad de Salud de Unicef en Nepal.

Desde Unicef también son conscientes de que un dispositivo no es suficiente para luchar contra la neumonía. Las causas de esta enfermedad se deben, en parte, a hábitos y condiciones del propio país contra las que también hay que luchar: la contaminación ambiental y la provocada por cocinar sin una correcta salida del humo, la malnutrición, el frío de las casas donde además se hacina mucha gente, la opción de algunas madres de alimentar a sus hijos con leche artificial y no exclusivamente materna, un sistema inmune débil, y la falta de formación de los padres y voluntarios.

«Lo más importante de todo este trabajo es la educación y la comunicación. Las voluntarias tienen que confiar en sí mismas y hacer que las madres también confíen en ellas. Si las progenitoras no están concienciadas tampoco se puede hacer nada», advierte Bissie Tarekegn.

Kabitea cocina en su casa sin ningún tipo de salida para el humo
Kabitea cocina en su casa sin ningún tipo de salida para el humo - SERGIO CARO

Se dio esta situación en la casa de Kabitea, madre de dos gemelos de cuatro meses. Uno de los pequeños mostró síntomas de neumonía: respiración rápida, mocos y mucha tos. Kabitea fue a buscar a Tulsi, la voluntaria, que le recomendó ir al hospital. Lo hizo, pero la madre no terminó de darle la medicación recomendada y los síntomas volvieron a aparecer. Sabe que tiene que llevar al niño al centro de salud pero no lo hace por la carga de trabajo de ella y su marido.

Tulsi, por su parte, no tiene amoxicilina porque una medida de 2015 del gobierno decidió que las voluntarias, al no ser médicos, no podía recetar medicinas. El problema es que en las áreas rurales, de difícil desplazamiento hacia los hospitales, son ellas las únicas que pueden dar respuesta rápida. Por eso, se ha hecho una enmienda para que puedan seguir dispensando antibióticos. Pese a los bruscos cambios políticos producidos en el país (una guerra civil, una república antecedida por 204 años de monarquía y numerosos escándalos de corrupción) el gobierno asegura que la Sanidad no se ha visto perjudicada. «Todos los movimientos políticos son conscientes del problema de la neumonía y dentro de la inestabilidad, la salud ha sido lo más estable», asegura Parashu Ram Shrestha, del ministerio de Salud de Nepal.

Ahora, solo queda esperar para comprobar si los nuevos dispositivos ayudarán a reducir la mortalidad por neumonía. «El dispositivo no es la clave pero ayudará a diagnosticar y en base a ello decidir si se medica o no, lo que no se puede hacer es recetar cuando no se necesita antiobiótico», advierte Ashish KC, especialista en salud infantil de Unicef en Nepal. Esta situación llevaría a crear bacterias resistentes, que es, para la OMS, una de las principales amenazas para la salud pública, no solo de Nepal sino de todo el mundo.