En 2014, cada español destinó de media 42,61 euros a la comida rápida
En 2014, cada español destinó de media 42,61 euros a la comida rápida - Belén Díaz

La mitad de los españoles sufre sobrepeso pese a ser de los que menos gastan en comida rápida

La falta de ejercicio y comer de más dispara la tasa de población con exceso de kilos

MadridActualizado:

Más de la mitad de los adultos españoles tienen exceso de peso, pero no pueden echarle la culpa solo a los restaurantes de comida rápida. Nuestro país está a la cola de Europa en gasto en «fast food» a nivel internacional. En el año 2014, cada español destinó de media 42,61 euros a la comida rápida, el equivalente a unos seis menús completos (hamburguesa, patatas y bebida) en este tipo de establecimiento. Así se refleja en el estudio «El gasto en comida rápida 2015» elaborado por EAE Business School. Dentro de Europa, solo los italianos gastaron menos, por debajo de los 30 euros. En el lado opuesto, Japón y EE.UU. (líder en facturación mundial, con 162.949 millones de euros) encabezan el ranking con un gasto medio por habitante superior a los 200 euros.

«Estados Unidos es un país donde la comida rápida es parte del paisaje. En España compite con otro tipo de productos, restaurantes y soluciones, como la fiambrera que se lleva al trabajo o la comida preparada que se vende en los supermercados», analiza José Luis Pérez Huertas, director del centro de investigación estratégica de EAE Business School. En opinión de este experto, la «fast food» en nuestro país «ha resistido bastante bien la crisis» y se prevé un crecimiento del 50% en los próximos cinco años de la mano de dos factores, «recuperación económica y crecimiento del turismo». Es precisamente en Baleares y Canarias, con el ratio de turistas por habitante más alto, donde el estudio detecta un mayor gasto por persona. «Los turistas eligen este tipo de comida porque el producto es muy reconocido en todas las partes del mundo. El efecto sorpresa en marcas que ya conoces es mucho menor y produce cierto confort», apunta Pérez Huertas.

Riesgo de obesidad

Se ha relacionado la frecuencia con la que se visita este tipo de establecimientos con un mayor riesgo de sobrepeso. La OMS publicó en 2014 un estudio, realizado por un equipo de investigadores con sede en EE.UU. e Irlanda, que examinaba por primera vez los efectos de la desregulación de la economía, incluidos los sectores de la agricultura y alimentación, y el consiguiente aumento de las transacciones de comida rápida, en la obesidad a lo largo del tiempo.

En 2014, cada español destinó de media 42,61 euros a la comida rápida, el equivalente a unos seis menús completos

Los investigadores tomaron nota del número de compras de comida rápida por habitante entre 1999 y 2008 en 25 países de ingresos altos y los compararon con las cifras de índice de masa corporal (IMC) en esos lugares durante el mismo periodo de tiempo. Hallaron que mientras el número medio de transacciones anuales de comida rápida por habitante aumentó de 26,61 a 32,76, el IMC promedio aumentó de 25,8 a 26,4 (a partir de 25 se considera sobrepeso y más de 30 obesidad). Esto significa que cada aumento de una unidad en el número medio de transacciones anuales de comida rápida por habitante se asoció con un incremento del 0,0329 en el IMC durante el periodo de estudio.

El sobrepeso y la obesidad no son solo una cuestión estética. La OMS los considera un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos del aparato locomotor y algunos tipos de cáncer. Recientemente un equipo internacional de científicos, en el que participa la Universidad de Granada, ha desvelado que el cáncer de mama afecta más y es más agresivo para las personas obesas porque la grasa peritumoral, la que rodea el tumor, facilita la expansión e invasión de las células madre cancerígenas, responsables del inicio y crecimiento de la patología.

«Comemos demasiado»

En nuestro país, actualmente, un 23% de los adultos son obesos y un 39% tienen sobrepeso, según datos del estudio Enrica. «La obesidad es una enfermedad que tiene una causa en el estilo de vida. Cada vez hay una mayor oferta de comida más barata. Es difícil no comer», explica a ABC la doctora Susana Monereo, secretaria de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo). Pero la culpa no la tienen solo las calorías que ingerimos, sino las que no perdemos. «La actividad física cotidiana ha bajado de tal forma que ya no se compensa ni haciendo deporte», asegura la endocrinóloga, que recuerda que, para estar en forma, habría que dar «al menos 10.000 pasos al día». «Todos los días, cuando uno se levante, tiene que decirse “voy a intentar comer menos y moverme más”», aconseja.

«Existe un ambiente obesogénico. Comemos demasiado», coincide el doctor Joan Quiles, especialista en Nutrición comunitaria y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (Senc). Este experto apunta al tamaño de las raciones como uno de los pecados capitales.

«EE. UU. es un país donde la comida rápida es parte del paisaje. En España compite con otro tipo de productos, restaurantes y soluciones»

Precisamente el informe de EAE refleja que los españoles son los que más gastan cada vez que acuden a un restaurante de «fast food» (4,26 euros por transacción). «El coste de cada ticket está definido por la estrategia de precios o por el número de productos que adquirimos», aclara Pérez Huertas.

«Hay que tener en cuenta que la comida rápida tiene más contenido en grasa y azúcares porque son productos procesados. Se puede comer con cuidado, un día, y a un tamaño normal, sin atracarse. Hay que ajustar lo que uno come a los que gasta», apunta la doctora Monereo.

Si tenemos que comer habitualmente fuera de casa, el doctor Quiles recomienda optar por la fiambrera, donde la mitad lo ocupe la verdura, una cuarta parte un alimento proteico de calidad y el otro cuarto un carbohidrato integral. Y de postre, fruta.

«La actividad física cotidiana ha bajado de tal forma que ya no se compensa ni haciendo deporte»
Susana Monereo , endocrinóloga

En definitiva, seguir la pauta de la dieta mediterránea, a base de cereales integrales con fibra, fruta, verdura y legumbres, proteínas de alto valor biológico (carnes, pescados, aves, huevos), frutos secos (nueces, avellanas y almendras), productos lácteos y grasa procedente en su mayoría del aceite de oliva, que ayuda a mantener un peso saludable y reduce el riesgo cardiovascular, como demostró el estudio español Predimed, publicado en 2013 en la prestigiosa revista «New England Journal of Medicine».