Casi el 70% de los jóvenes españoles de entre 20 y 29 años vive con sus padres

La crisis influye en el retraso en la salida del hogar familiar, pero no es el factor más determinante

madrid Actualizado:

«Tengo un amigo que siempre cita una frase, con la que se puede comulgar o no, pero que entraña una realidad: "Es mejor ser pobre con esperanza que rico sin expectativa"», comenta Jaime Lanaspa, director general de la Obra Social de La Caixa. Los jóvenes españoles asisten a una situación en la que, a falta de empleo y oportunidades, pareciera que solo les queda aferrarse a la ilusión.

«La transición de los jóvenes a la vida adulta: Crisis económica y emancipación tardía» es el título del estudio presentado esta mañana en la Fundación La Caixa, que viene a confirmar una serie de fenómenos que la juventud española ha venido padeciendo en las últimas décadas y que no necesariamente pueden achacarse a la crisis.

«La emancipación tardía es un clásico en España y el hecho de que el 67,4% de los españoles viva con sus padres tiene que ver con la crisis pero también con los valores culturales y el papel de las instituciones a la hora de ayudar a la juventud», comenta Almudena Moreno Mínguez, coordinadora del estudio y profesora de Sociología en la Universidad de Valladolid. También han intervenido en el estudio Antonio López Peláez y Sagrario Segado Sánchez-Cabezudo, docentes de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

En las cifras se manifiesta que la crisis no ha sido determinante: el porcentaje de jóvenes emancipados de 16 a 34 años ha pasado del 44,8% en 2007 al 44,1% en 2011. Comparados con Europa, la edad media de abandono del hogar enEspañaes de29 años mientras que en países como Finlandia se reduce a los 23.

Tan solo el 24% de los jóvenes finlandeses con edades entre los 15 y 29 años vive con sus padres, frente al 55% de los españoles con la misma edad. «Los jóvenes y las familias españolas le dan menos valor a la independencia de la que se le otorga en otros países europeos», apunta Moreno. En estos países, las familias ayudan económicamente a sus hijos para que puedan emanciparse mientras que en España esa ayuda económica se hace desde casa.

Las familias no incentivan a sus hijos a que se marchen, de hecho, les ofrecen prolongar la estancia en el hogar familiar y los hijos, no lo dudan, se quedan ante la falta de oportunidades. Esto es lo que se llama la «solidaridad familiar» que en un contexto como el actual no es probable que sea sostenible por mucho tiempo. «De esta situación, en la que responde la familia, se ha aprovechado el Estado de Bienestar que no apuesta por la juventud porque ya lo hacen sus padres» critica la coordinadora del estudio.

La crisis es insoslayable pero no determinante. En 1999 se produjo un ligero repunte de la emancipación. En 2007 se detuvo la tendencia: « ¿Qué hubiera sucedido en caso de no haberse producido la crisis?», se preguntan los realizadores del estudio.

La emancipación como anhelo

No solo hay diferencias entre la situación de los españoles respecto a la de los europeos: las expectativas y los anhelos son los mismos con la diferencia de que en el resto de Europa se hacen realidad; aquí no.

«Cuando la familia los incita a que se queden, los jóvenes acceden; quieren emanciparse y repetir el modelo familiar de casa pero finalmente no lo hacen» comenta Moreno. Se aprecia cierta contradicción no siempre condicionada por la crisis. «Esto es como la igualdad de género, todos la quieren pero al final, siempre son las mujeres las que terminan haciendo las tareas domésticas» critica Moreno.

Precariedad laboral

La razón por la que el descenso de la emancipación no ha sido tan acuciante es que antes de la crisis se vivían los mismos problemas que ahora: la precariedad laboral en la juventud. En los últimos años se ha producido un importante incremento de los contratos temporales.

Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en el caso concreto de los jóvenes españoles de entre 20 y 29 años, estos empleos suponían el 46,6% del empleo total en 2011. A esto hay que añadir que es en este tipo de contratos donde más empleo juvenil se ha destruido.

Para Antonio López, esta situación demuestra que las «trayectorias vitales de los jóvenes están en riesgo», lo que se traduce, para él, en una «deslegitimación de las instituciones democráticas». En este sentido, el dato más significativo para los realizadores del estudio, ha sido el poco apoyo de las instituciones públicas: «Se necesitan políticas de juventud, participación pública y servicios sociales que actualmente no se están implementando», comentan. El hueco se lo han buscado los propios jóvenes a través de las «redes sociales» y «movimientos como el 15M», añade López.

Una generación «ni-ni» a medias

Si la crisis no ha influido significativamente en la emancipación, sí lo ha hecho en la destrucción del empleo juvenil. «Los jóvenes están siendo muy castigados y encima se los estigmatiza con calificativos como la generación "ni-ni" o similares».

El estudio demuestra que el paro de los jóvenes de 25 a 29 años de edad en 2011 era del 44,5%. Son, en definitiva, una generación «ni-ni» a medias porque no trabajan, porque no hay empleo, pero sí estudian. «Asistimos a una época en la que los jóvenes están más formados que nunca» señaló Jaime Lanaspa. Al relacionar formación y empleo, se aprecia que son los jóvenes que están en los dos extremos formativos (es decir, los que tienen una titulación superior y los que no llegan a cumplir la escolarización obligatoria) quienes sufren en mayor medida las consecuencias negativas de la inestabilidad laboral.

Eso sí, el consejo tan manido de que es necesario «formarse» para conseguir un trabajo sigue estando vigente: según el estudio, a mayor nivel educativo, mayor es el nivel de ocupación de los jóvenes en todos los países europeos comparados.

Si «ser pobre con esperanza es mejor que ser rico sin expectativas» dependerá de la opinión de cada cual, pero la realidad demuestra que los jóvenes españoles, con esperanza o sin ella, están intentando forjar un futuro donde sí haya, por lo menos, oportunidades. No extraña por ello que casi el 70% esté dispuesto a abandonar el país.