Cultivo de regadío en Toledo
Cultivo de regadío en Toledo - ABC

«En España hay un problema con el regadío, es una mala adaptación al cambio climático»

Marta Rivera, autora principal del informe del IPCC, apunta a que si no se producen cambios, la seguridad alimentaria está en riesgo

MadridActualizado:

Tres investigadores españoles han contribuido a elaborar el informe especial del IPCC sobre uso de la tierra que hace un llamamiento a cambiar el sistema alimentario. Marta G. Rivera Ferre es uno de ellos. Autora principal en el capítulo que versa sobre seguridad alimentaria, la investigadora ve claro que, en un sistema alimentario globalizado, las consecuencias del cambio climático van a llegar a todos.

¿Está en riesgo la seguridad alimentaria?

Marta Rivera
Marta Rivera

Si no hay cambios, la seguridad alimentaria está en riesgo claramente. Por diferentes motivos. Ya tenemos datos claros de que a nivel global la producción de alimentos se ve reducida. Pero también sabemos que el cambio climático influye en los precios. El incremento brutal que hubo en 2007-2008, una parte importante tuvo que ver con grades sequías en Rusia. Y a nivel de uso, sabemos que con una atmósfera con alto contenido en CO2, el contenido protéico de algunos cereales como puede ser el trigo, se ve reducido. La seguridad alimentaria está comprometida si no hay cambios en las políticas y en el manejo de los suelos y la dieta.

¿Va a afectar a unas regiones más que a otras, o a todas a través del comercio internacional?

Nos va a afectar a todos, eso es evidente. El sistema alimentario mundial es muy complejo, hay transacciones de agua, de alimentos... A nivel mundial hay zonas que se benefician, como los países del norte de Europa, pero hay otras que se ven mucho más afectadas, como es el África Subsahariana, el África central, parte del Sudeste Asiático, buena parte de Sudamérica... Son regiones en las que la capacidad para producir alimentos para la población se va a ver fuertemente mermada.

El informe incluye una gran cantidad de propuestas, ¿cuáles son las que consideran más efectivas?

Hay una gran varidad de medidas porque se derrollan propuestas para adaptación, mitigación y se analizan las sinergias entre diferentes políticas. Y porque no es lo mismo el contexto de la República Democrática del Congo que el de España. Nosotros tenemos una problemática de suelos muy degradados, tenemos un clima mediterráneo que es uno de los que más se va a ver afectado -con repercusiones importantes en el sistema de producción de alimentos-, y nos encontramos con un alejamiento de la dieta mediterránea. Así que cada contexto necesita diferentes políticas encaminadas a trabajarlas de forma sistémica. A nivel global [las medidas más efectivas son] la reducción de consumo de proteína animal (tenemos países con sobreconsumo como España, EE.UU., Australia, los países europeos, Argentina..); un cambio en el manejo de los suelos y la diversificación, tanto en producción como en consumo.

Entonces no se dice que se deje de consumir carne.

No, y obviamente cada uno es libre de tomar la decisión que quiera. La carne nos provee de un perfil nutricional que no tienen los vegetales. Pero necesitamos consumir menos carne y que esa carne proceda de sistemas productivos que sean resilientes y sostenibles porque nos permiten adaptarnos al cambio climático y porque permite reducir las emisiones de efecto invernadero. También liberamos tierra para otros usos, que puede ser reforestación allí donde sea necesario.

¿Podría llegar un momento en el que un país o región quede desabastecida de algún alimento?

Se puede dar, por supuesto, aunque más debido a los extremos climáticos, sequías... Aquí el informe habla del papel que puede jugar el comercio internacional en un momento dado, y también la ayuda humanitaria. Luego, en lo que se refiere al aumento gradual de la temperatura, el informe lo que desarrolla son estrategias de adaptación. No tiene por qué haber territorios desabastecidos al 100% sin capacidad de producir alimentos, pero hay que adaptarse.

En el caso de España, ¿cuál es la receta?

Como país desarrollado, en un clima mediterráneo, y con demasiado consumo de proteína animal, hay que abordar estrategias sistémicas. Por un lado, reducir el consumo de proteína animal y desarrollar políticas para recuperar nuestra dieta mediterránea. Por otro, necesitamos mejorar la agricultura de secano: hay un problema aquí con los regadíos como una estrategia de adaptación al cambio climático, que en realidad es lo que nosotros conocemos como una «mala adaptación». Es decir, es pan para hoy y hambre para mañana, puede generar una dependencia del agua en el futuro y lo que necesitamos realmente es mejorar nuestra agricultura de secano. Pero los planes van enfocados al regadío, cuando lo que tenemos que hacer es ayudar a que la agricultura de secano sea más productiva. Esto tiene que ver con cambios en las rotaciones, en estrategias que permitan incrementar la materia orgánica del suelo para que la degradación sea menor... Y además hay que reducir el desperdicio alimentario. No puede ser que un 30% de la producción vaya a la basura.