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Alemania establece «zonas libres de globos»

La iniciativa surge después de que una ciudadana, tras la alocada liberación de 150 globos de colores inflados con gas en las fiestas de su barrio, presentase una queja ante el Comité de Medio Ambiente

BerlínActualizado:

Los cumpleaños infantiles, las ferias e incluso las bodas están perdiendo color en Alemania. El cambio de mentalidad respecto al uso del plástico lleva a cualquier familia que anuncie una de estas celebraciones con globos de colores en la puerta de casa, la valla del jardín o el coche de la novia a sentir en la nuca la mirada de desaprobación de vecinos y viandantes. Porque mientras se recogen los restos de la tarta y se rememoran las mejores jugadas de la fiesta en cuestión, esos perniciosos globos se van desinflando, a veces incluso han estallado anteriormente, y aparecen crudamente como gomas coloreadas dispuestas a contaminar el medio ambiente. Por eso en este país, a iniciativa del partido político al alza en las encuestas Los Verdes, está comenzando a crear «zonas libres e globos».

«Los globos que se escapan en el aire, también muchos de los que se utilizan como decoración, terminan a menudo en la naturaleza», explica Anne Kura, al frente de Los Verdes en la región de Baja Sajonia, «sobre todo los pájaros, pero también pequeños mamíferos y reptiles acaban ingiriendo restos de plástico, con graves perjuicios para su salud intestinal. Por eso promovemos en los vecindarios que los ciudadanos se abstengan de utilizar globos y repartimos pegatinas y carteles que anuncian las calles en las que ese tipo de producto no se utiliza».

Algunos ayuntamientos comienzan a sumarse a este movimiento ciudadano, como el de Gütersloh, una ciudad de unos cien mil habitantes que se ha declarado «libre de globos» desde principios de septiembre. La iniciativa surgió después de que una vecina, tras la alocada liberación de 150 globos de colores inflados con gas en el centro de la ciudad, durante las fiestas de un barrio, presentase una queja ante el Comité de Medio Ambiente, que atendió su solicitud y ha prohibido el uso de globos tanto individual como público. No se permite ya adquirir globos a guarderías ni colegios y la concejalía de festejos los ha desterrado de sus presupuestos. Los globos son calificados, en la nueva normativa municipal, como un «peligro para los animales».

La ciudad pionera en esta prohibición fue Willich, en Renania del Norte-Westfalia, de unos cincuenta mil habitantes. El ayuntamiento de la CDU prohibió la liberación de globos en el aire, pero hubo de revocar la medida al caer en la cuenta de que carecía de competencia en términos de vigilancia o seguridad del espacio aéreo. Aún así, los niños que han empezado este curso en el colegio no han soltado globos, sino que han plantado un árbol, después de visitar la exposición itinerante «Basura Salvaje» sobre los efectos de los plásticos en los organismos de conejos y jilgueros.

«Es cierto que renunciamos a esa bucólica imagen de los globos volando hacia el cielo, pero por otra parte, si miramos a las aves enfermas, entendemos que iniciativas como la de Gutersloh nos ayudan a que efectos indeseados de los productos comerciales terminen dañando de manera irreversible nuestro entorno», dice Kura, que ha elevado una queja similar ante el Ministerio de Ambiente regional de baja Sajonia, pidiendo que los globos sean prohibidos en todo el estado federado.

Su petición ha sido rechazada. Un portavoz del ministro regional de Medio ambiente, el socialdemócrata Olaf Lies, explica que «con toda seguridad, la prohibición de los globos infantiles no va a salvar el mundo». «Esos globos que vuelan en dirección al cielo conectan a las personas con sus propios sueños y esperanzas», ha dicho, «¿Por qué deberíamos arrebatar a los ciudadanos ese sentimiento?».

A finales de junio, la muerte de un toro a causa de los restos de un globo de publicidad de una empresa desató un debate en la localidad de Feudingen y alrededores. Los ciudadanos pudieron participar en una encuesta online en la que se consultaba la conveniencia de la prohibición y una gran mayoría optó por mantener el status quo, argumentando sobre todo que los globos, una vez en el aire, viajan durante kilómetros y kilómetros, por lo que una normativa local no tendría ningún efecto y sería necesaria, al menos una norma nacional. Pero entre los participantes en el debate había en cambio un consenso prácticamente unánime acerca de la necesidad de tomar medidas que vayan mucho más allá de la prohibición de las bolsas del plástico en los supermercados si es que la sociedad de consumo quiere liberar a la naturaleza de los efectos de la invasión del plástico. Los niños del colegio de Feudingen han llevado a cabo un proyecto para vaciar las aulas de plásticos, evitando ese material en el material escolar, los forros de los libros e incluso las prendas de vestir. «Lo que han descubierto es que es prácticamente imposible prescindir del plástico en nuestra vida cotidiana», dice Helga, la madre de uno de los participantes, «era demasiado para ellos, tener que estar pendientes constantemente de si cada cosa que usaban contenía plástico y les enseñó que no va a ser nada sencillo».