El jefe de bomberos de Dallas, en el apartamento de la enfermera que se ha contagiado con ébola dentro de EE.UU.
El jefe de bomberos de Dallas, en el apartamento de la enfermera que se ha contagiado con ébola dentro de EE.UU. - afp
crisis del ébola

Errores en cadena, falta de información e improvisación en el contagio de Dallas

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pide a las autoridades medidas «inmediatas» para asegurar el control de la enfermedad

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El primer contagio de ébola en Estados Unidos -el segundo en el mundo fuera de África, tras el caso en Madrid de la española Teresa Romero- fue comunicado ayer por las autoridades estadounidenses, que admitieron que una sanitaria que había atendido a un paciente con la enfermedad había quedado infectada, a pesar de haber llevado traje de protección.

El Hospital Presbiteriano de Dallas, en Texas, donde trabajaba la sanitaria, investiga qué parte del protocolo se incumplió. La persona infectada no ha podido recordar en qué momento pudo tener un descuido. Por su parte, las autoridades han sido criticadas por errores en la comunicación del caso.

Después de que los tests preliminares indicaran el contagio, la mujer acudió el viernes al médico al tener fiebre y fue internada, a última hora de ayer se confirmó que las pruebas definitivas realizadas por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) habían dado positivo.

El presidente Barack Obama estuvo en contacto con la secretaria de Salud, Sylvia Burwell, quien le informó de los detalles del caso, según informó la Casa Blanca. En un comunicado, Obama pidió al CDC que la investigación sobre la «aparente ruptura» de los protocolos se realice «de forma tan expeditiva como sea posible».

El caso de la enfermera infectada en Dallas pone de relieve los descuidos en cadena que se han producido en Estados Unidos en relación al ébola. Además de no prestar atención inicialmente a Thomas Eric Duncan, el primer paciente diagnosticado con el virus fuera de Africa, a pesar de los síntomas que presentó al llegar de Liberia, después de su ingreso y aislamiento las autoridades tardaron una semana en limpiar el apartamento en el que se había alojado.

Duncan acudió al hospital con fiebre y dolor de abdomen y comentó que había estado en la región de África Occidental, el foco del virus. Aún así, le mandaron a casa. Cuatro días después era ingresado y puesto en observación.

Además las autoridades perdieron la pista de un vagabundo que estaban controlando por si había recibido algún tipo de contagio.

De acuerdo con el sindicato de enfermería NNU, el 76% del personal sanitario dice que en su hospital no se les ha comunicado ninguna política a seguir ante la posible llegada de pacientes con ébola. El 85% asegura que en su centro no ha habido sesiones de información en las que puedan responderse preguntas que se hacen los sanitarios. Y más de un tercio indica que sus hospitales no tienen suficiente provisión de materiales de protección.

«Pensar que nuestros primeros pacientes pasarían por el sistema sanitario sin problema es sobreestimar nuestro sistema», ha afirmado Craig Smith, director de enfermedades infecciosas en el Hospital Universitario de Augusta, en Georgia. «Yo me esperaría unos pocos tropiezos», dijo Smith, antes de conocerse la infección de la enfermera que formó parte del equipo dedicado a tratar a Duncan, fallecido el 8 de octubre.

Una ronda de comprobaciones realizada por la agencia Reuters indicó que los planes de los estados y de las principales ciudades para tratar el virus mortal se basa en realidad en recomendaciones genéricas, aprobadas en su día para hacer frente a desastres naturales como inundaciones o huracanes o atentados terroristas. Según Reuters, en hospitales de estados o ciudades con grandes poblaciones de personas originarias de Africa Occidental (Filadelfia, Boston, Nueva York, Minnesota, Nueva Jersey, Maryland y Rhode Island), con posible contacto los países más afectados, «se están apresurando a adaptar esos planes genéricos para el ébola».

La crisis del ébola llega cuando el presupuesto del Centro de Control y Prevención de Enfermedades ha reducido en los últimos años su partida para previsión de emergencias, de 1.100 millones de dólares en 2006 a 585 millones el año pasado.