La tendencia al hijo único deja el relevo generacional de España en el aire
España está a la cola de la natalidad en Europa - fotolia
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La tendencia al hijo único deja el relevo generacional de España en el aire

Un estudio sobre natalidad de la Obra Social La Caixa alerta de que nuestro país tiene uno de los índices de fecundidad más bajos de Europa

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España será en 2050 uno de los países más envejecidos del mundo. La OCDE nos coloca en el segundo puesto en cuanto a porcentaje de personas mayores de 80 años (15%), y en el tercero si miramos a los mayores de 65 años (36%). Solo Japón nos superará. Estos datos no tendrían que ser malos, puesto que indicarían una larga expectativa de vida para nuestra población. El problema es que no será fecunda, al menos en cuanto a hijos se refiere. Y ahí sí tenemos un problema.

El estudio de la Obra Social La Caixa «El déficit de natalidad en Europa: la singularidad del caso español», confirma que España está a la cola de la natalidad en Europa, con 1,3 hijos de media, frente a los 2,05 de Irlanda, los 2 de Francia o los 1,90 de Suecia (en 2011). Y la OCDE advierte de que cuando una sociedad se encalla en una tasa inferior a los 1,4 hijos, al final del siglo su población habrá quedado reducida a un 25 por ciento. Es decir, que podríamos encontranos con apenas 12 millones de habitantes.

En el trabajo coordinado por Gosta Esping-Andersen, catedrático de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados de la Universitat Pompeu Fabra, se intentan dar las claves del porqué hemos llegado a este punto, de cómo evolucionaremos de no cambiar nuestra tendencia y de cuáles podrían ser los posibles modelos para evitar el despoblamiento de España. En este sentido, el primer párrafo del libro es bien ilustrativo del reto al que nos enfrentamos: «El bienestar de las sociedades depende, en gran medida, de su capacidad para mantener una tasa de fecundidad que les permita garantizar el reemplazo generacional y el crecimiento económico». Pero no parece que la sociedad española esté en esa línea, a día de hoy.

En cualquier caso, hasta para avanzar hacia la implosión demográfica, los españoles tenemos que ser diferentes. Se ve que aquel lema de «Spain is different» no pudo ser más acertado, en todos los sentidos.

Singularidad española

Aunque estemos en la retaguardia de la fecundidad, no respondemos a los patrones socioculturales que se nos supondría, y a los que sí se ajustan países muy similares al nuestro, como puede ser Italia. En líneas generales, cuando en un país se dan bajas tasas de natalidad, el número de mujeres que deciden no tener hijos es relativamente alto. Pero no es el caso español, donde solo un 13% de las mujeres nacidas en 1965 (las que ahora han terminado su ciclo reproductivo) no han tenido hijos, mientras que en Inglaterra suponen el 20%. Es en la progresión hacia el segundo hijo donde hundimos nuestra tasa de reemplazo generacional porque el 87% de las mujeres españolas tienen hijos, pero cada vez son más las que tienen solo uno. La tendencia de las familias españolas hacia el hijo único es cada vez más evidente. El porcentaje de las mujeres con un solo hijo (27,6%) casi cuadruplica el de la generación anterior (7,4%). En el otro extremo, el de las familias numerosas, su caída bien puede calificarse como desplome. Del 60,7% de mujeres de la generación nacida en los años 40 que ha tenido tres o más hijos, hemos pasado a un 12,5%.

Pasar de uno a dos hijos cuesta más en EspañaEn otros países la situación es diferente. En Inglaterra, por ejemplo, la proporción de mujeres que no tienen hijos es elevada, pero la progresión del primero hacia el segundo, e incluso el tercero, es un hecho frecuente. Aquí, esa progresión ha pasado a ser cada vez menos frecuente. Entre las mujeres que tenían un hijo, solo el 68% pasaron al segundo, y de las que tenían dos, apenas el 21% se aventuró con el tercero.

Otra de las características de la sociedad española es el de la postergación de la maternidad. La edad media de las mujeres a la hora de tener el primer hijo ha aumentado de 25 a 30 años. Los nacimientos de bebés de madres mayores de 35 años representan el 18% del total.

Menos hijos de los deseados

Con todos estos datos, la conclusión debería ser que España ha sufrido un movimiento pendular, de un extermo a otro, desplazándose ahora hacia un modelo social en el que los niños no son deseados. Pero -nueva singularidad- no es así. Puesto que las preferencias sobre maternidad indican que la mayoría desean tener al menos 2 hijos, y no el exiguo 1,3 que alcanzan de media. Las causas por las que no se cumplen estas expectativas familiares son complejas y variadas. Los estudiosos de la natalidad sostienen que los padres se enfrentan a la disyuntiva de que «el coste de los hijos no solo depende de la cantidad sino también de la calidad que puedan darles. Cuando el nivel de confianza en el futuro es positivo y los trabajos son estables, crece la natalidad». En cualquier caso, las crisis no explican por sí solas la caída de la natalidad porque lo que realmente hacen es aplazarla. Solo cuando se alargan en el tiempo, como ocurrió con la Gran Depresión de los años 30, ese retraso se hace irrecuperable.

Igualdad de género

Otro de los factores clave, es el de las condiciones de la incorporación de la mujer al mundo laboral, que en el caso español es la fotografía de una escasa oferta de empleo a tiempo parcial, de jornadas laborales demasiado largas y de la imposibilidad de conciliar trabajo y familia. En cuanto a la igualdad de género, este es otro de los aspectos que explican las altas tasas de natalidad de las sociedades nórdicas. Pero más que el reparto milimétrico de las tareas del hogar y del cuidado de los niños, «lo que incentiva a las mujeres a ser madre es que se encuentren satisfechas con el equilibrio conyugal de los roles»; ni siquiera pretenden que sea al 50%, y aún así, los varones españoles no damos la talla, en general.

Para terminar, pero no porque sea el último de los factores, el hecho de que más de la mitad de los jóvenes españoles entre 20 y 34 años todavía vivan con los padres, hace muy difícil que la natalidad se recupere. Y un siglo, para una sociedad, pasa más rápido de lo que parece.