Miles de personas asisten a la misa inaugural de laJMJ en Copacabana
Miles de personas asisten a la misa inaugural de laJMJ en Copacabana - efe

Copacabana enciende la fiesta

Más de medio millón de jóvenes toman la playa de Río de Janeiro para participar en la misa de inauguración de la JMJ

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A pesar del frío, la lluvia y el fuerte viento que se sentía ayer a la orilla del mar, más de medio millón de peregrinos tomaron desde primera hora de la tarde la playa de Copacabana para participar en primera fila en la misa de apertura de la Jornada Mundial de la Juventud. La eucaristía a cielo abierto, en pleno paseo marítimo, fue presidida por el cardenal Stanislaw Rylko, responsable de las JMJ en el Vaticano, y concelebrada por el arzobispo de Río, Orani Tempesta.

Pese al mal tiempo, la espera hasta el inicio de la misa se hizo corta. Vestidos con camisetas de la selección de Paraguay, un grupo de jóvenes miembros del movimiento Schoenstatt jugaban al fútbol, aprovechando los arcos instalados en la playa. Schoenstatt es un movimiento mariano fundado en Alemania después de la Primera Guerra Mundial por el padre José Kentenich (1885-1968), que está en proceso de canonización.

«Es increíble estar aquí para oír esta misa con jóvenes de todo el mundo que tienen el mismo objetivo de fortalecer la fe», comentaba Ángel Cartes, uno de los 160 jóvenes del movimiento que llegó a Río con la ilusión de ver al Papa Francisco. La mayoría de los jóvenes que se concentraron ayer en el paseo marítimo de Copacabana compartían la misma ilusión.

Jóvenes de todo el mundo

Álvaro Cruz, un estudiante de ingeniería ecuatoriano que reside en la ciudad brasileña de Porto Alegre señalaba que, cuando supo de la JMJ, decidió acudir sólo por poder estar cerca del Santo Padre. Cruz consiguió su sueño el lunes cuando logró estar a pocos metros de Francisco. «Lo filmé cuando hacía el recorrido en el centro con la ventana del coche abierta», señaló Álvaro, feliz con su conquista.

Pero en medio de la multitud, los argentinos eran ayer sin duda los que concentraban toda la atención. No sólo por ser el grupo más numeroso, sino también por el entusiasmo de compartir la patria del Papa. Procedentes de la provincia de Buenos Aires, un grupo de chavales de la parroquia de Fátima había llegado a Río después de hacer 2.800 kilómetros en coche. Su misión: entregar un cuadro al Santo Padre pintado por una anciana del barrio. «Fue una misión encomendada por nuestro párroco», comentaba Silvia, una de las peregrinas del grupo.

Sobre las siete de la tarde, ya noche cerrada en Río, comenzó la misa de bienvenida. La espera había valido la pena. «Hemos llegado muy temprano para poder ver de cerca esta primera misa del evento. Es una enorme ilusión poder estar aquí después de un viaje tan largo», aseguraba Lilian Chan. Sus palabras cobraban sentido cuando desveló que era una peregrina llegada de Australia, la otra punta del mundo.

«La casa de todos»

El cardenal Stanislaw Rylko, responsable de las JMJ en el Vaticano, arrancó la ceremonia con un saludo para la multitud de jóvenes llegados a la playa de Copacabana «desde los lugares más distantes y recónditos del planeta». A continuación prometió a los jóvenes «sorpresas personales e inolvidables», que dejarán una marca en sus corazones. En este hermoso lugar, les dijo el cardenal Rylko, «el Señor reserva a cada uno de vosotros muchas sorpresas. Estos días van a ser inolvidables. Serán días de descubrimientos importantes y de determinaciones decisivas para vuestra vida».

El cardenal encargado de las JMJ recordó que la de Río es la segunda en América Latina después de la de Buenos Aires en 1987, protagonizada por Juan Pablo II, quien acababa de poner en marcha estos encuentros internacionales. Ahora, 26 años más tarde, la JMJ de Río «convocada por Benedicto XVI, la preside el Papa Francisco, el primer Papa latinoamericano. ¡Los caminos del Señor son inescrutables!».

El purpurado polaco hizo notar que «esta JMJ se desarrolla a los pies de la imponente estatua del Cristo Redentor del Corcovado. ¡Él es el verdadero protagonista de este acontecimiento!». A su vez, el arzobispo de Río de Janeiro, Orani Tempesta, indicó al medio millón de jóvenes, que son «la esperanza para una sociedad que espera que su crisis de valores tenga una solución».

En este sentido, llamó a los jóvenes a «contagiar» a todos con «la alegría y la paz» de Cristo que es «siempre actual, sobre todo para los que buscan la verdad, la justicia y la paz», a transmitir su palabra «de un modo accesible y comprensible», y a comprometerse para crear «un mundo nuevo, a la luz del plan de Dios». Además, nada más comenzar la misa, pidió por los jóvenes sin familia y por aquellos que sufren por su fe. La JMJ, según precisó, se enmarca en el Año de la Fe que invita a «vivir profundamente la fe en medio de un tiempo plural y de tantos cuestionamientos», en este «cambio de época», aunque eso sí, «con entusiasmo y coherencia». En esta línea, les advirtió de que hay «muchas barreras e injusticias que superar» y les instó a «construir puentes en lugar de muros y obstáculos» para así poder despertar «la confianza y la esperanza» en el mundo.

Esta semana, según añadió Tempesta, Río de Janeiro se convierte en «el centro de la Iglesia, viva y joven» y acoge «con gran responsabilidad» la elección de Benedicto XVI, hoy Papa Emérito, de la sede para la celebración de la XXVIII JMJ, que anunció en Madrid en agosto de 2011. «Le agradecemos su elección, sus orientaciones, el tema de la JMJ y su aliento», remarcó.

En cuanto al lema de la Jornada «Id y haced discípulos a los pueblos», el arzobispo de Río apuntó que la playa y el mar en el que se encuentran recuerda los barcos abandonados en la playa por aquellos que fueron llamados por Jesús para seguirlo. Y, en este sentido, subrayó que el camino misionero exige «discernimiento, utopía, sueño» pero también «auxilio de alguien que esté al lado, que ayude a la persona a reconocer la voz de Dios».