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Críticas de los estrenos del viernes 26

«Argo», «Vacaciones en el infierno», «Hotel Transilvania», «Ruby Sparks» y «La pequeña Venecia», novedades en cartel

Ben Affleck, director y protagonista de la aclamada «Argo» - ABC
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«ARGO» ****

OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE

Ya se puede levantar acta notarial de que Ben Affleck es un gran director con apariencia de buen actor, y que las películas que llevan su firma delatan a un tipo lleno de cine por dentro. «Argo» es el mejor ejemplo de cine de intriga y un auténtico manual de cómo poner la comedia al servicio de la trama. La historia, tan real como alimentada por dosis nutritivas de ficción, se remonta a finales de los años setenta, cuando el régimen de los ayatolás ocupó la Embajada de los Estados Unidos en Irán y un pequeño grupo diplomático consiguió escabullirse hasta la de Canadá, quedando allí a merced de una inminente captura y mortal represalia. La intriga es un cronómetro al compás de los pormenores del rescate por parte de la CIA, y la comedia es pura ironía al inmiscuirse Hollywood en el asunto y al presentar a dos personajes impagables y que descubren desde dentro la gran «verdad» que hay en la ficción: un productor de películas y un maquillador, que bordan con voracidad de Oscar Alan Arkin y John Goddman, en cuyo intercambio de diálogos brillantes se sostiene ese salto complicadísimo que convierte una buena película en una película inolvidable.

Affleck no sólo aplica un «maquillaje» perfecto al fondo años setenta de «Argo», sino que además modula con maestría los dos hilos de la trama: el aquí trágico del interior sitiado de la Embajada y la imposible liberación de los diplomáticos y el aquí cómico de los entresijos de Hollywood y de los Servicios de Inteligencia, y consigue ese efecto espejo para que su argumento (unos falsos cineastas que entran al país para rodar una falsa película intentarán «reconstruir» la realidad) sea también un reflejo de su esencia (darle apariencia de cine a lo que fue un hecho real). Por eso, las únicas pegas posibles a «Argo», como son algunos guiños y soluciones «made in Hollywood», son en puridad cualidades que abundan en su coherencia y en su esencia. Podría haberse ahorrado, quizá, algunos detalles sobre lo bueno del «lado bueno» o haber sostenido algo su mirada en el «lado malo» (darle algo de entidad a su villano), pero tal cosa sería incoherente y falsa con ese espíritu «Hollywood liberador» que es el alma de «Argo».

«HOTEL TRANSILVANIA» **

ANTONIO WEINRICHTER

Sí, el director se llama Tartakovsky pero nadie le confundirá con el espiritual cineasta ruso que dirigió «Stalker». Esto es una película de dibujos de indudable competencia visual y ritmo trepidante. Demasiado: sufre de ese mal de san Vito que inoculó al cine de dibus moderno aquel conejo llamado Roger Rabbit, poseído por el espíritu de Tex Avery, que aquí se marearía tanto como un espectador que ya no cumpla los seis… Y el argumento, ay, es tan parvulario que le hace dudar a uno de la pregonada era adulta de la animación. ¿Es para niños pequeños, pues? Bueno, a menos que su papi sea un friqui que le haya dado un curso intensivo de cine fantástico, se perderá la mitad de los chistes, aunque podrá seguir pasándoselo pipa.

Drácula, ese pedazo de conde, dirige un hotel sólo para freaks -y una pareja de pulgas en luna de miel- en donde celebra el 118 cumpleaños de su adolescente hijita (los vampiros, ya se sabe), cuando aparece un macutero despistado en medio de la fiesta. Es es el mismo punto de partida de «Rocky Horror Picture Show», la película que ayudó a instaurar el curioso principio de inversión del fantastique moderno: los monstruos no amenazan la normalidad, sino que exhiben una forma de (no)vida propia que se ve amenazada por la presencia humana. Pero esta lectura temática (habría que evocar también la bastante más original «Monsters») que la película lleva a un final de tolerancia, se disipa pronto en una trama de enredos y persecuciones, y una estética a mitad de camino entre Halloween (es un título de temporada, éste) y parque temático, con discoteca incluida. Sin duda el cine regresa a su vocación inicial de ser una atracción.

«VACACIONES EN EL INFIERNO» ***

O. RODRÍGUEZ MARCHANTE

Gibson está hecho con la misma madera que muchos de sus personajes, que se mantienen a flote por brusca y destructiva que sea la tormenta. Hollywood lo pisotea a él con la misma saña que lo pisoteaban las hordas en «Mad Max», en «Arma letal», en «Payback» o aquí; pero Gibson tiene algo (no digamos talento, por si alguien se ofende) que lo convierte en un puro flotador. Es productor, guionista y protagonista de esta película carcelaria y estrafalaria, de magistral ritmo, de inventiva en el tratamiento del género y sus tópicos, pura diversión y con un sentido de la acción y reacción llenos de ironía y de humor verdoso hacia el sistema y hacia sí mismo (la violencia contra la mujer, la corrupción oficial, la equiparación de la podredumbre moral a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos...).

La trama, explosiva de principio a fin, se desarrolla en una penal mexicano al que va a parar el atracador Gibson, y es un cárcel exótica, El Pueblito, un patio de Monipodio donde sobrevivir es un verbo completamente irregular. La puesta en escena es sobresaliente y las situaciones burdas y brutales..., en fin, ese terreno en el que Gibson hace que rechinen las rimas; y la escena en la que imita a Eastwood, entre el homenaje y la guasa, un portento.

«RUBY SPARKS» ***

O. R. MARCHANTE

Lo alucinante de esta película no es la eterna cara de estar incubando algo de su protagonista, el sin par Paul Dano. Tampoco, el hecho de que pudieran superarse en sencillez y complejidad al tiempo los directores de «Pequeña Miss Sunshine», Jonathan Dayton y Valerie Faris. Lo realmente alucinante es que la nieta de Elia Kazan, Zoe Kazan, escriba el guión de esta fantasía y descubra para sí misma el personaje perfecto: la chica que nace del folio en blanco de un escritor.

La película trata del vértigo del folio en blanco y de la magia de la literatura, capaz de convertir en real lo que es fruto de la imaginación de un hombre que teclea... Ni esto es nuevo, ni lo es tampoco su aire de comedia romántica, pero los directores le imprimen originalidad al amparo de la más pura sencillez y de hacer verosímil lo increíble; es decir, tanto de que lo literario viva como que la relación de una pareja perviva. No sería tan buena «Ruby Sparks» si no tuviera también su punto retorcido y alertara de los vértigos no sólo del folio en blanco sino también del folio reescrito (aunque no pierda blancura en sus momentos de crueldad), y si no sublimara ese manido concepto de «indie» con el propio encanto cercano de su pareja protagonista, tan alejada de los tópicos de lo bello y lo romántico.

«OUTRAGE» **

J. CORTIJO

Kitano, esa franquicia de sí mismo, había tocado fondo con las ochoymedionescas y ombliguistas «Takeshis’» y «Glory to the filmmaker!» («Aquiles y la tortuga» sigue inédita por estos lares), por lo que aquí vuelve a su corralito preferido: los yakuzas y sus (sangrientas) cosas y vendettas. Sin media concesión a la extravagancia o centrifugado estilo «Sonatine», este «Outrage» -que en Japón ya luce secuela- aporta poca novedad al subgénero y al mohín takeshiano: unos cuantos ladridos rabiosos y alguna escena que debería ser denunciada por el gremio de odontólogos. Eso, y constatar el curioso paralelismo entre mafiosos japoneses y gañanes castellanos: ambos discuten por lindes y cosechas, se muestran igual de farrucos (en teleclubes diversos) y, en vez de boinas, gastan dedos con menos falanges que el casco viejo de Donosti. Ay, Takeshi, con lo bien que paseabas a Kikujiro...

«LA PEQUEÑA VENECIA» ***

O. R. MARCHANTE

Una mirada brumosa y serena del italiano Segre al agua y el aceite; el agua de los pescadores de Chioggia, una isleta de la laguna veneciana, y al ceite grasiento de la inmigración china incrustada como un alien en ese lugar de fotografía gélida. Ni el director mira rabiosamente a las mafias que explotan a una mujer china, Shun Li, que trabaja para ellos con la esperanza de que le traigan a su pequeño hijo a Italia, ni fuerza su vista para describir ese mundo de taberna portuaria donde taponan agujeros existenciales con el esparto de la grappa y los lunes a la bruma...

Sencillamente poética, «La pequeña Venecia» consigue cruzar esas dos miradas a vidas tan lejanas pero avecindadas por inseguridades y rumores internos, mientras que, siempre suave, deja oír la voz de los conflictos, intolerancias, prejuicios y pequeñas y grandes miserias. Zhao Tao y Rade Serbedzija le dan sentido al clima y encanto de esta notable película.