El PSOE rompe con los ciudadanos

El problema ha dejado de ser Zapatero. El PSOE es el problema. Los socialistas han perdido el rumbo ante la opinión pública y sólo desean ganar tiempo para remendar sus rotos internos

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EL PSOE ha seguido la pauta marcada por Rodríguez Zapatero en su declaración a los medios tras conocerse la derrota socialista. Uno y otro han procesado los datos electorales como un problema de partido que requiere sólo respuestas partidistas. Para el PSOE, la derrota del 22-M únicamente merece abrir un proceso de primarias para elegir candidato, descartar un congreso extraordinario para designar secretario general y negarse por completo a disolver el Parlamento. Esta actitud enfermizamente partidista del PSOE es también una de las causas de su derrota. Los electores no se han creído que el respaldo a sus siglas fuera necesario para apuntalar unas reformas que no cuajan. Dicho de otro modo, los votantes quieren al PSOE fuera del Gobierno.

El problema, por tanto, ha dejado de ser Zapatero, aunque sea Zapatero el que encarna el problema. El PSOE es el problema. Los socialistas han perdido el rumbo ante la opinión pública y sólo desean ganar tiempo para remendar sus rotos internos, aun a costa de dañar más a España. Porque esto —más daño, más desconfianza— es lo que supone mantener al frente del país a un Gobierno sin autoridad política alguna, obligado a gestionar, entre otros retos, un recorte del déficit público, del que participa ahora una mayoría aplastante de comunidades gobernadas por el PP.

Las reformas pendientes son un sarcasmo cuando se utilizan como excusa para no convocar anticipadamente elecciones generales. Precisamente, lo que han dichos los ciudadanos es que no quieren que el PSOE gestione la crisis, ni confían en el Gobierno para hacer reformas. Por eso, la reacción del PSOE de responder a su desahucio con medidas de consumo interno sólo ratifica la ruptura de este partido con la sociedad española. El camino a derrotas aún más severas se ensancha. Esta expectativa es la que hizo que ayer, de nuevo, Guillermo Fernández Vara y José María Barreda, arrastrados —más el segundo que el primero— por la caída de Zapatero, plantearan, respectivamente, la posibilidad de un adelanto electoral y la necesidad de una profunda revisión en el PSOE. Plantearon, en definitiva, qué es lo que representa en este momento Rodríguez Zapatero para el socialismo español y qué pretende el PSOE al aislarse aún más con discursos endogámicos. Ambos saben bien que el problema ya no es el presidente del Ejecutivo y que, agotados los recursos políticos de una nueva crisis de gobierno y de la renuncia del presidente, al PSOE sólo le queda pasar por las urnas y vivir a fondo la crisis legada por Zapatero.