Candidato o ministro

Quien ha sido ministro y vicepresidente de Zapatero no tiene margen para presentarse como una opción distinta de lo que ya se conoce

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EL ministro del Interior y candidato socialista a La Moncloa en 2012, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha empezado su campaña electoral como si fuera el candidato de la oposición, y no del Gobierno que está dirigiendo España desde hace más de siete años. Sus primeras palabras apuntan a una estrategia bipolar de distanciamiento, por un lado, y declaraciones de lealtad, por otro, hacia Rodríguez Zapatero. Pero llama la atención que ayer hiciera unas declaraciones en las que reclama confianza porque cree saber «lo que España necesita para los próximos cuatro años». Para decir lo que España necesita, Rubalcaba no precisa esperar a las elecciones generales de 2012, ni a las primarias de su partido. Tampoco hace falta que sea candidato. Basta con que se lo diga al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, de quien él es vicepresidente primero. Estas manifestaciones las puede hacer quien nunca haya estado en el poder durante estos años de crisis económica brutal, o quien nunca haya secundado dócilmente las decisiones de Rodríguez Zapatero. Rubalcaba no está en ninguno de estos supuestos, así que está tardando en decir públicamente cómo puede salir España de la crisis y en aleccionar al jefe del Ejecutivo en la dirección correcta.

Este es el problema de no representar una verdadera renovación ni encarnar un discurso desligado del saldo negro que arroja el Gobierno socialista. Quien ha sido ministro y vicepresidente de Zapatero no tiene margen para presentarse como una opción distinta de lo que ya se conoce. Menos aún si el precandidato socialista no parece dispuesto a renunciar a la cartera de Interior. Debería hacerlo, ante todo, por una razón estética, que es bastante, porque quien va a liderar el enfrentamiento del PSOE con el PP no debe al mismo tiempo dirigir las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pero también debería hacerlo para no dispersar la atención que merece el Ministerio del Interior, que tiene las cuentas pendientes de la acampada ilegal de la Puerta del Sol —mal envite para atraer a los abstencionistas de izquierda— y de otros asuntos no menores, como la vigilancia sobre Bildu, la detención de Troitiño o el esclarecimiento del «caso Faisán».

Rubalcaba, como dijo astutamente la ministra de Defensa, Carme Chacón, tiene una dilatada trayectoria. Por eso, el candidato socialista va a tener que trabajar mucho, no solo para ganar las elecciones, sino, principalmente, para hacerse creíble como algo diferente de lo que representa Zapatero.