La última traición del nacionalismo

Ni rechistará Sánchez por esta tropelía moral que es obra de quienes le auparon a La Moncloa

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Teníamos entendido que el Estado de Derecho había batido a ETA pero no es del todo así. El nacionalismo trata de imponer un relato de cincuenta años de terrorismo en el que equipara a víctimas y verdugos, a los que en muchos casos da la razón y viene a justificar su actividad criminal. No cabe pensar de otra manera ante el impresentable e hiriente programa piloto que el lendakari Urkullu va a ensayar, a través de cinco vídeos, en las aulas del País Vasco para explicar la historia de ETA y que se sustancia en un indecente blaqueo del sanguinario historial de la banda a través de la manipulación de lo ocurrido. Este programa «didáctico», más cercano al adoctrinamiento sectario que a otra cosa, debe ser retirado de las escuelas. Mientras se relega a las víctimas (más de 800 asesinados, miles de extorsionados, decenas de miles de heridos y millones de personas afectadas de una manera u otra por las andanzas criminales de los pistoleros y sus acólitos), el Ejecutivo vasco echa mano de un fundador de ETA para «centrar la cuestión» y justificar, ante los niños, el nacimiento de la banda. A partir de ahí, todo es culpa del franquismo y de la represión policial y casi nada achacable a los etarras, aportándose una visión comprensiva del terrorismo. En alguno de los vídeos, de 20 minutos de duración, no aparece el testimonio de una víctima hasta el minuto 18, y de pasada. Reescribir la historia a las nuevas generaciones, a aquellas que no han vivido ese horror al que un grupo de fanáticos sometió durante medio siglo a los españoles es una ofensa a los ciudadanos y una traición al Estado que debiera ser corregida por el Gobierno central. Vana ilusión, pues el socialismo parece olvidar hasta a sus muertos y la dignidad y firmeza que ellos merecen después de que hayamos asistido a cómo Zapatero acudía a dar aire a un sujeto, Otegui, terrorista multirreincidente que intentó resucitar una banda languidecía. Ni rechistará Sánchez por esta tropelía moral que es obra de quienes le auparon a La Moncloa.