Predo Sánchez, junto a Ábalos y Narbona
Predo Sánchez, junto a Ábalos y Narbona - EFE
EDITORIAL ABC

Sánchez sigue en minoría

El PSOE no tiene sencillo configurar una mayoría suficiente. Volverá a ser una legislatura basada en el chantaje

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Cuando aún faltan varios días para la conformación definitiva de acuerdos entre los distintos partidos para designar mayorías autonómicas y municipales, es indudable que la investidura de Pedro Sánchez va ligada a la resolución de algunos de esos acuerdos. Hoy Sánchez recibe a Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pablo Casado con la pretensión de lograr una mayoría suficiente para formar Gobierno. Sin embargo, el panorama continúa enrevesado. De un lado, está el órdago lanzado por Iglesias para entrar personalmente en el Ejecutivo de Sánchez, algo a lo que inicialmente se opone el PSOE. Por tanto, queda en pie la amenaza de Iglesias de tumbar la investidura tanto en primera como en segunda votación. Tampoco está definitivamente cerrada la puerta para que Ciudadanos pueda finalmente abstenerse, de modo que Sánchez no llegue a necesitar los votos afirmativos o las abstenciones del separatismo catalán o de Bildu. Con 123 escaños, Sánchez no tiene sencillo configurar una mayoría suficiente, y menos aún una legislatura cómoda. Tarde o temprano, volverá a ser una legislatura basada en el chantaje. Y en cualquier caso, Sánchez no contará con los votos favorables o la abstención del PP, tal y como reiteró ayer Génova después de que su dirigente madrileña Isabel Díaz Ayuso sugiriese que sería mejor una abstención popular a una cesión del PSOE al independentismo. Sin embargo, el escenario no es ni mucho menos idéntico al de 2016, cuando el PSOE se abstuvo para poder investir a Rajoy. Entre otros motivos, porque fue Sánchez quien se encastilló en su «no es no» y renunció a su escaño, precisamente para no avalar esa decisión de su partido. Sánchez nunca dio su voto al PP, ni siquiera por responsabilidad.

Aún estamos en fechas de faroles, órdagos, vetos y bloqueos virtuales. Pero Sánchez tiene la obligación de armar una investidura. Su compromiso fue hacerlo con Podemos y otros partidos minoritarios, más allá de que pretenda disponer de un Gobierno en solitario. Para España sería nocivo que su Ejecutivo dependiera de las exigencias separatistas otra vez y de un populismo comunista cuyo papel ha quedado reducido a suplicar ministerios para garantizar la supervivencia política de Pablo Iglesias. No obstante, es esta la mayoría que ya fraguó Sánchez en la moción de censura, y llegado el caso, no tendrá reparo en intentar reeditarla, aunque ya no se fíe del independentismo por hundirle su anterior mandato. Pero plantear a Ciudadanos o al PP que faciliten su investidura se compadece muy poco con el agresivo discurso del PSOE en campaña. Además, fue Sánchez quien agrietó en su momento esa mayoría «constitucionalista» y quien despreció a las «derechas». Sánchez lo tiene difícil porque, aunque logre ser investido en julio, la gobernabilidad se presenta convulsa e incierta. Y si Iglesias decide vetarlo, deberá optar por repetir las elecciones. Y eso tampoco sería bueno para España.