Reinventando al Tío Sam

Alfonso Rojo
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Si no existiera, habría que inventarlo. No es problema de capacidad, porque la UE tiene más del doble de habitantes que Estados Unidos, más soldados y hasta más dinero. Es cuestión de voluntad y no vale la monserga de que Haití está en el patio trasero de EE.UU. o que Puerto Príncipe queda cerca de Miami.

Yugoslavia estaba a dos horas de vuelo de Madrid, a dos días en coche de París y a una jornada de tren de Berlín; y tuvieron que venir los norteamericanos desde 7.000 kilómetros de distancia para poner freno a la carnicería, cuando los Balcanes se tapizaban de fosas comunes hace quince años.

El Tío Sam determina tanto la escena internacional porque sus dirigentes asumen el papel que les corresponde y echan carne en el asador, cuando creen que es necesario. Los de este lado, y tenemos un ejemplo en casa, en lo primero que pensaron fue en la foto y viajaron al lugar de la tragedia para pillar minutos en los telediarios.Obama ha mandado 10.000 marines sabiendo que asume enormes riesgos y que no le da votos, como quedó demostrado este martes en Massachussets.

Lo que es para desternillarse, porque revela una insensatez supina, es la revolucionaria tesis progre, según la cual EE.UU. debería establecer un protectorado sobre Haití, como paso previo a convertirlo en un estado asociado al estilo de Puerto Rico.

No se inquieten. Éstos no cambian y -según mis cálculos- faltan como mucho tres meses para que comiencen a acusar al Tío Sam de utilizar la desgracia haitiana para extender su poder y explotar un poco más a los desventurados del planeta.

No me refiero al gorila Chávez, al pederasta Ortega y el resto de la patulea bolivariana, que empezó a desvariar antes de que cesase el temblor, sino a ese amplio, colorista y deslenguado abanico integrado por artistas, intelectuales, políticos y periodistas «comprometidos».