Editorial ABC

El insomnio de Pedro Sánchez

Queda pendiente saber qué ha transformado a Podemos de socio preferente a apestado preferido en sólo dos meses

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Fue Carmen Calvo, la vicepresidenta del Gobierno en funciones, la que descubrió el desdoblamiento de la personalidad política de Pedro Sánchez. Con su acreditado academicismo, Calvo enseñó a los españoles que lo que Pedro Sánchez dice como secretario general del PSOE no vale para Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Sin embargo, el propio presidente del Gobierno en funciones ha mejorado la aportación de su vicepresidenta al afirmar que «no dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno». Lo dice el mismo Pedro Sánchez que en julio ofreció a Podemos una vicepresidencia y varios ministerios para lograr un gobierno de «progreso», que hoy le quita el sueño. Queda pendiente saber qué ha transformado a Podemos de socio preferente a apestado preferido en sólo dos meses.

Ni Carmen Calvo puede explicar esta incoherencia política y ética. Porque hay mucha falta de ética política en unas declaraciones dirigidas única y exclusivamente a engañar a la opinión pública sobre la responsabilidad de las nuevas elecciones generales. Pedro Sánchez tiene una relación compleja con la verdad como principio del gobierno de lo público. Lo demostró con su tesis doctoral, por citar un ejemplo. Pero ahora incurre en un falseamiento doloso de su trayectoria más reciente, porque él y su partido no han dudado en pactar en gobiernos autonómicos y municipales con quienes súbitamente les quitan el sueño. El argumento previsible de la factoría de Ferraz es que no es lo mismo La Moncloa que Barcelona, La Rioja o la Comunidad Valenciana, pero sucede que sí es el mismo Podemos en todos los casos, defendiendo el derecho a la autodeterminación, la existencia de «presos políticos», la inocencia de los matones abertzales de Alsasua y los ataques a la Corona. El Sánchez que espetaba a Rajoy que la responsabilidad de no tener investidura es de quien no tiene mayoría hoy se dedica a crear culpables de no haber querido ser presidente de Gobierno con los mismos votos que aceptó para echar al expresidente del Partido Popular.

La izquierda, en su conjunto, tiene ocasión de valorar cómo está representada políticamente por unos partidos que, diciéndose de izquierdas, no han querido ponerse de acuerdo para facilitar una legislatura. La realidad es que el problema no es Sánchez o Iglesias, con sus ambiciones personalistas y fobias recíprocas, sino de lo que ambos representan: la incapacidad de la izquierda -desde la socialdemocracia al populismo comunista- para asumir el gobierno de una sociedad europea, moderna y plural como es España, necesitada de una política reformista, moderada y apoyada en los valores constitucionales de unidad y solidaridad.