El embajador de Reino Unido en España, Simon Manley y el embajador de Rusia en España, Yuri Korchagin
El embajador de Reino Unido en España, Simon Manley y el embajador de Rusia en España, Yuri Korchagin

La diplomacia británica y la rusa polemizan en ABC

Cruce de escritos entre sus embajadores a partir de una Tercera que escribió el primero a cuenta del «caso Skripal»

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«Negación, distracción y confusión», la Tercera de Simon Manley, embajador británico en España

Un domingo tranquilo en Salisbury, una ciudad con una de las catedrales más bonitas del Reino Unido, un padre y su hija fueron víctimas del primer ataque con agente nervioso cometido en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Serguéi y Yulia Skripal todavía están en el hospital y un agente de policía que acudió en su ayuda también se encuentra en estado crítico. Sin olvidar a las otras 35 personas que tuvieron que recibir tratamiento médico por encontrarse en aquel momento cerca del lugar del ataque.

El ataque en Salisbury el pasado 4 de marzo fue un descarado intento de asesinato de civiles en suelo británico que puso en peligro a cualquier persona, de cualquier nacionalidad, que por azar se encontrase allí. Y la cruda realidad es que lo que sucedió en Salisbury puede ocurrir en cualquier otra parte.

Nuestros científicos han identificado que la sustancia usada contra Serguéi Skripal y su hija es «Novichok», un agente nervioso de origen militar. Y a día de hoy, solo Rusia combina un historial de asesinatos alentados por el estado junto con un motivo reconocido para atacar a Serguéi Skripal, por no hablar de su histórico arsenal de «Novichok».

Tras el ataque, el Gobierno británico le dio al Kremlin la oportunidad de explicar la posible desaparición de algunas de sus existencias. Una petición que ha sido ignorada con desdén. En su lugar, los medios de comunicación del Kremlin y del Estado ruso han negado los hechos con distracciones y amenazas, sin otro fin que desinformar y sembrar la duda y la confusión. Han dado varias versiones: afirmaron que ha sido un suicidio; una sobredosis accidental; que lo han hecho los americanos para desestabilizar el mundo; que lo han hecho los ucranianos para tenderle una trampa a Rusia… Y lo más descabellado, que lo ha hecho el propio Reino Unido para alimentar el sentimiento antirruso. Incluso han llegado a decir que el agente nervioso procede de varios países europeos. Un sinfín de mensajes falsos, difundidos a través de cuentas falsas en las redes sociales con la ayuda de trolls.

Rusia ha acusado al Reino Unido de no respetar el artículo 9 de la Convención de Armas Químicas. Pero fue precisamente el Reino Unido quien informó a la OPAQ del incidente, invitándola a verificar nuestro análisis. A principios de esta semana, el equipo de la OPAQ llegó a mi país para recoger muestras que se están enviando a unos laboratorios de reconocido prestigio, seleccionados por la propia organización, y que harán una verificación independiente. Rusia ha intentado esconderse tras su falsa interpretación de la Convención de Armas Químicas, mientras en el Reino Unido hemos dejado claro nuestro compromiso con la misma y con el sistema de normas internacionales.

La negativa rusa a atender a nuestras peticiones no ha dejado al Gobierno británico más opción que concluir que el Estado ruso es culpable de un intento de asesinato, mediante el uso de un agente nervioso letal prohibido en la Convención de Armas Químicas.

El incidente de Salisbury responde al patrón de comportamiento del Kremlin en los últimos años. Desde 2014, Rusia se ha anexionado Crimea, ha encendido la llama del conflicto en el este de Ucrania, ha hackeado el Bundestag alemán y el Gobierno danés, y ha interferido en las elecciones europeas. Todo ello con el objetivo de desinformar y desestabilizar.

El Gobierno español ha dicho públicamente que hay pruebas claras de que cuentas falsas en redes sociales que compartieron activamente contenido pro-independentista sobre Cataluña el pasado otoño proceden de territorio ruso. Y en diciembre, nuestra primera ministra ya habló sobre la amenaza rusa e hizo un llamamiento para mantener un enfoque común y riguroso sobre las sanciones, así como combatir la desinformación.

Ahora, Rusia ha ido aún más allá, utilizando descaradamente un agente nervioso prohibido en suelo europeo. Es cuestión de suerte que no haya más personas en el hospital de Salisbury. Desde luego, a los autores del ataque no les importó la cantidad de inocentes que ponían en peligro.

La respuesta del Reino Unido ha sido expulsar a 23 agentes de inteligencia no declarados de la embajada rusa en Londres. Este jueves, el Consejo Europeo ha condenado el ataque en Salisbury y está de acuerdo en que es muy probable que la Federación Rusa sea la responsable. La Unión Europea ha retirado a su embajador en Rusia tras el ataque.

El Reino Unido es una democracia europea que va a trabajar codo con codo con nuestros aliados en la Unión Europea y en la OTAN para hacer frente a este grave reto a nuestra seguridad.

Si la respuesta internacional no se mantiene unida, el Estado ruso seguirá con este comportamiento peligroso y destructivo.

No se trata de una disputa con el pueblo ruso, cuyos logros, cultura y literatura brillan a lo largo de los siglos. Nunca olvidaremos la entereza demostrada por la nación rusa durante la Segunda Guerra Mundial, ni tampoco nuestra alianza contra el nazismo.

Pero todos compartimos la obligación de frenar las aspiraciones del Kremlin de desestabilizar, dividir y debilitar a la comunidad internacional.

La respuesta del Reino Unido ha sido rigurosa, y responde a nuestros valores de una democracia liberal que cree en el Estado de Derecho. Muchos rusos han hecho del Reino Unido su hogar. Respetan nuestras leyes, hacen una importante contribución a nuestra sociedad y siguen siendo bienvenidos.

No puedo terminar sin agradecer al Gobierno español la solidaridad y el apoyo que le ha brindado al Reino Unido y su determinación por hacer que las normas internacionales se respeten. Cada vez que el Estado ruso incumple estas normas, la amenaza se hace mayor. El Reino Unido y España, junto con nuestros socios europeos, hemos de mantenernos unidos frente a estas amenazas, para defender nuestros valores comunes y el sistema internacional de normas del que depende la seguridad de nuestras naciones.

Este ataque tan atroz ha sucedido en una tranquila ciudad del Reino Unido, pero, por qué no, podría suceder en cualquier lugar de España. Si trabajamos juntos conseguiremos que esto no ocurra.

«Disposición, concentración y convicción», la respuesta de Yuri Korchagin, embajador ruso

Un domingo tranquilo en Madrid me sorprendió el artículo en ABC «Negación, distracción y confusión» del señor Simon Manley, embajador del Reino Unido en España. Simon es un colega a quien aprecio por su alta profesionalidad y a quien tengo una simpatía personal. Como veo, los representantes del Reino Unido han recibido las instrucciones desde Londres para promover insistentemente la postura británica sobre el llamado «caso de los Skripal» a través de la prensa. Nosotros, los diplomáticos, estamos convencidos de que «los canales diplomáticos» son los más adecuados para resolver problemas. Pero si la parte británica se siente incapaz de convencernos a través del diálogo profesional y escoge la prensa como el canal de comunicación, no me queda otra opción sino responder por la misma vía.

Las acusaciones de que Rusia incumple sus obligaciones como el miembro de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) carecen en todo de fundamento. Recordamos la destrucción total del arsenal químico de Rusia, lo cual fue oficialmente confirmado por la autorizada estructura internacional la OPAQ y se concluyó el 27 de septiembre de 2017. Sin embargo, el Gobierno británico declaró en voz alta que Rusia «había violado» sus compromisos asumidos a tenor de la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento y el Empleo de Armas Químicas y sobre su Destrucción (CPAQ). De ese modo los británicos arremetieron también toda la labor de la OPAQ en la cual, en particular, durante las últimas dos décadas participó la propia Gran Bretaña.

El 12 de marzo, la embajada de Rusia en Londres remitió al Foreign Office una nota solicitando facilitar el acceso a los materiales de investigación y proponiendo actuar de conformidad con el acápite 2 del Artículo IX de la CPAQ, que prevé que los Estados partes de la Convención pueden arreglar cualquier asunto que provoque duda en la observancia de este tratado internacional mediante el intercambio de información y celebrando consultas bilaterales. La parte británica renunció a nuestras solicitud y propuesta.

Quisiéramos aclarar los siguientes aspectos. ¿Quiénes, dónde y cómo tomaron las pruebas a Serguéi y Yulia Skripal? ¿Cómo se registraron todos estos procedimientos? ¿Quién puede corroborar la autenticidad de los resultados obtenidos? ¿Se han observado los requisitos de la OPAQ durante la secuencia de los procedimientos durante la recogida de pruebas (la denominada «chain of custody»)? ¿Valiéndose de qué métodos (análisis espectral y otros) la parte británica durante un lapso de tiempo tan corto logró determinar el tipo de la sustancia química supuestamente empleada (según la clasificación occidental, Novichok)?

Según entendemos, para hacerlo, es preciso contar con una muestra standard de esta sustancia. ¿Cómo esta presura se corresponde con las declaraciones oficiales hechas por Scotland Yard de que para «sacar las correspondientes conclusiones, se necesitarán semanas e incluso meses de trabajo»? ¿A base de qué datos e indicios de afección se tomó la apresurada decisión de antidotar a los afectados Skripal y al policía británico? ¿No provocó esta presura unas serias complicaciones de su salud y el subsiguiente agravamiento? ¿Concretamente, qué antídotos se administraron? ¿En función de qué análisis se resolvió recurrir a tales preparados?

¿Cómo se pueden explicar los efectos retardados de la sustancia neuroparalizante que por su naturaleza produce efectos inmediatos? Se afirma que las víctimas fueron envenenadas en una pizzería (según otros datos, en un coche, en un aeropuerto, en un piso, etc.). ¿Qué ocurrió en realidad? ¿Cómo explicar que, pasado algún tiempo, las encontraron en un escaño en la calle?

Mi colega habla de patrones de comportamiento. Quería subrayar a la vez que «el patrón de comportamiento» del Reino Unido durante las últimas décadas tiene un historial muy especial, los asesinatos misteriosos de los ciudadanos rusos en el suelo británico (recordamos los apellidos conocidos de Berezovsky y Litvinenko pero hay más) no están revelados todavía y se hicieron secreto de Estado. El incidente de Salisbury corresponde plenamente a este deseo de las autoridades británicas de primero, inculpar a mi país de algo espantoso y, después, silenciar todo el proceso de investigación.

De nuestra parte consideramos que es necesario calificar el ataque contra los Skripal con el uso de sustancias tóxicas como un atentado terrorista. En vista de que la ciudadana rusa Yulia Skripal fue afectada en el incidente proponemos a los británicos cooperar a tenor del Artículo IX de la CPAQ. Con todo, parece muy raro que hasta ahora Londres niegue a los representantes oficiales rusos el acceso consular a la ciudadana rusa Yulia Skripal violando la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963. Celebramos que el Gobierno británico invitara a los expertos de la Secretaría Técnica a visitar Gran Bretaña para analizar independientemente las conclusiones sacadas en el laboratorio británico. Rusia espera que la OPAQ presente una información detallada sobre el «caso de los Skripal».

Resumiendo, estoy de acuerdo con el embajador Manley en que el trabajo conjunto sería el mejor medio para prevenir hechos semejantes. Ya es hora de dejar aparte las ofensas del pasado y empezar a colaborar de verdad contra las amenazas reales y no ficticias.