Aspecto general de la Cava Baja, antes de la hora de comer
Aspecto general de la Cava Baja, antes de la hora de comer - isabel permuy

Cava Baja, un atasco de tascas

En estos días festivos, la castiza calle del centro de Madrid aumenta su clientela

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La Cava Baja de Madrid tiene trayectoria de hondonada, y su centro es Casa Lucio, donde el Rey Don Juan Carlos ha comido huevos fritos y el jamón se regala a los poetas de vitola. Quedar a comer en Lucio es un farde, y el turismo, extranjero o nacional, reserva mesa de antemano, porque hay quien sabe que venir a Madrid y no recalar en Lucio es como no hacerse el «selfie» preceptivo en la Puerta del Sol.

Por estos días hay mucho bulto de personal en la Cava Baja, porque aún se celebran cenas de empresa, esa costumbre tan hispánica, y hay varios restaurantes de tirón, como La Chata, un clásico, con hondo horno y azulejos de fachada, o bien la Posada de la Villa, que es un restaurante con tres magnos restaurantes dentro, uno por planta. La Cava Baja aún conserva, en general, sus luces de bandoleros, en la noche, y su alegría de calle bien regada, en la mañana.

Hay establecimientos con título de antaño, desde la «Posada del León de Oro», o «La Colchonería», hasta «La Antoñita 16, Jabones», que hoy es un fino mesón reciclado. Pero la Cava Baja es, mayormente, un atasco de tascas, un colapso de tapeo, y te pones ceguerón de jabugo o anchoas sin perder el paseo por la misma acera, porque los locales son escuetos, practicables, callejeros, con más asomo de ventanal que fondo de mobiliario.

Decía Sabina, iluminado de vagabundeos, que en Madrid, a las diez de la mañana un atasco es un coñazo. Pero un atasco de las tres de la mañana es poesía. Razón lleva. Y aquí añadimos que un atasco en la Cava Baja, a cualquier hora, también es poesía, porque se trata del alterne de la birra, del zigzag de ir pidiendo en el bar vecino la copa siguiente, de hacer callejeo ente valquirias que han venido a conocer a un torero y parejas de Valladolid que repiten luna de miel en el foro.

Huevos ilustrísimos

Hay vermut de grifo en «La Perejila», y los huevos ilustrísimos de Lucio también los sirven, más rápidos en Taberna de los Lucios, y también más baratos. Hay un localito de bello nombre sugeridor, Taberna de Conspiradores, y alguna barra de estruendoso aire andalusí, gitanitos incluidos, avivando el tema.

Abriendo la Cava Baja, o cerrándola, según se mire, asoma Lamiak, otro templo del tapeo que en su día fue La Mandrágora, nido de los golfos de los ochenta que desayunaban un último whisky antes de irse a la cama.