Rafael Diéguez y Daniel Martín (de izquierda a derecha). El primero, fue el que oyó gemidos; el segundo le ayudó
Rafael Diéguez y Daniel Martín (de izquierda a derecha). El primero, fue el que oyó gemidos; el segundo le ayudó - ISABEL PERMUY
Milagro en Mejorada del Campo

Así encontré al bebé en la basura: «Ha sido terrible y me eché a llorar»

La Guardia Civil lo halló en un contenedor soterrado en la localidad madrileña de Mejorada del Campo

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A Marco, como ha sido bautizado por las enfermeras del Hospital del Henares (Coslada), el destino le tenía reservada una segunda oportunidad. Su sino era otro, pese a que alguien sin escrúpulos le arrojó a primera hora de la mañana de ayer a un contenedor soterrado de restos orgánicos en Mejorada del Campo antes de que pasara el camión de la recogida. De haberlo hecho, si nadie le hubiera oído llorar o si el rescate se hubiera prolongado, habría muerto sin remedio. Este jueves su madre ha sido detenida.

Por suerte, lo ha podido contar. Tiene entre siete y diez días y está en perfecto estado de salud. Sus tres ángeles de la guarda son Rafael Diéguez, un joven de 29 años vecino del municipio, y dos agentes del Instituto Armado, Carlos Rodríguez, de 35, y Andrés Moyano, de 30, destinados en el puesto principal del pueblo.

Rafa, como le llaman sus allegados, sacó a sus dos perros a primera hora de la mañana,un chow-chow y un pastor alemán. Estaba en la avenida de los Toreros, en la trasera del colegio Pablo Picasso, entre un parque infantil y una zona verde muy poco transitada. Eran poco más de las siete cuando, al pasar junto a unos cubos de basura, un ruido que procedía del interior de uno de ellos llamó su atención. «Era como el maullido de un gato. Había uno cerca y pensé que se podía haber colado otro», explica a ABC.

Miró a su alrededor y vio de lejos a Daniel Martín, un amigo con quien suele coincidir paseando a los canes. «Él hace otra ruta, pero le pedí ayuda para sacar al animal. Se acercó y cuando levantamos la tapa nos quedamos conmocionados: parecían gemidos de un bebé. Luego se hizo el silencio. Alarmado, llamé a la Policía Local», relata. Eran las siete y diez. De inmediato comunicaron los hechos a la Guardia Civil.

«Llanto agónico»

A 200 metros se encontraba la patrulla de Carlos y Andrés, que llegaron dos minutos después. «Se oían llantos agónicos de un niño y activamos al Summa, a los Bomberos y a los servicios municipales para que trajeran una grúa del servicio de recogida de basura, la única forma de poder sacarle de ahí», precisa Carlos. «Los minutos se nos hicieron horas. La grúa no llegaba y el crío dejó de llorar. Barajamos la posibilidad de introducirnos dentro para rescatarle, tiene varios metros de profundidad, pero podíamos aplastarle y no cabíamos».

A las 7.35, entre la «impotencia por no poder hacer nada y la desesperación por si moría, llegó el vehículo», agrega Andrés. Con ayuda de los operarios levantaron el contenedor con sumo cuidado y lo depositaron junto al césped. «Rompimos una esquina y fuimos sacando entre 30 o 40 bolsas. Estaba en la parte superior y pesaba un poco; era negra y dentro había una mochila cerrada herméticamente del mismo color; al abrirla, vi un bracito y saqué al bebé que estaba envuelto en sábanas», relata Carlos, padre de dos hijos de 2 y 13 años. Eran las 7.40.

«Fueron 15 minutos terribles»

«Lo cogí y lo apoyé contra mi pecho. Respiraba con dificultad pues le faltaba oxígeno, estaba muy pálido, tenía el ritmo cardíaco acelerado y la cicatriz del cordón umbilical era reciente. Le acaricié, le hablé, traté de estimularle, pero no reaccionaba». «Lo pasamos muy mal. Pensábamos que su vida se apagaba, que se nos iba. Hasta que a un kilómetro del hospital en una rotonda rompió a llorar», indica .

«Andrés condujo a toda velocidad. A las 7.45 estábamos ya en el hospital cuando se tarda más de diez minutos De urgencias pasó a planta. Ahí vieron que había ingerido leche. Está perfecto y durmiendo», asevera Carlos. «Han sido unos 15 minutos terribles, angustiosos, estresantes. Solo queríamos salvar su vida, llegar a tiempo...», dice Andrés. «Estaremos más satisfechos cuando se lleve a la justicia a la persona responsable de esta atrocidad difícil de asumir», añade.

Su compañero afirma:«El tiempo ha corrido a nuestro favor. A Marco le habían arrojado hacía pocos minutos. Si no llega a pasar ese chico, con los gases de la combustión de la basura y el calor del contenedor metálico, un auténtico horno, no habría sobrevivido». Sin duda, el de ayer fue uno de sus mejores servicios.

Quienes tampoco olvidarán lo sucedido son Rafa y Daniel. «El rescate se me ha hecho interminable. Todo ha ocurrido en 20 o 30 minutos. Ha sido terrible. Mientras sacaban la basura, como no se le oía, pensaba: ojalá que sea un gato que se ha asustado por el ruido. Cuando vi al niño, al que le habían dejado un biberón, me eché a llorar», dijo Rafa. Su amigo Daniel, a su lado, asentía, aliviado, por el final feliz de la historia.