De izquierda a derecha: John Smith, Claudia Cardinale, John Wayne y Rita Hayworth, con el estanque de El Retiro al fondo
De izquierda a derecha: John Smith, Claudia Cardinale, John Wayne y Rita Hayworth, con el estanque de El Retiro al fondo - abc
ocio

Cuando John Wayne rodó en El Retiro

Se cumplen 50 años del rodaje de «El fabuloso mundo del circo», que trajo a Madrid a grandes estrellas de Hollywood

Actualizado:

Fue la última gran superproducción del visionario Samuel Bronston en España, pero dejó una huella imborrable en la retina de muchos madrileños. «El Fabuloso Mundo del Circo», protagonizada por John Wayne y dirigida por Henry Hathaway, fue un éxito de taquilla pero también un estrepitoso fracaso financiero por el sobrecoste de la película, que necesitó de una enorme infraestructura durante el rodaje de sus secuencias en Barcelona, Chinchón, Aranjuez... y el Parque del Retiro.

Allí, Hathaway ordenó a su director artístico John DeCuir que transformara el parque en un escenario completamente diferente: el Paseo de Coches serviría para recrear los Campos Elíseos de París, y el estanque, para acoger el Parque de Atracciones de Viena. ¿Cómo? Drenándolo, por supuesto.

Mientras el lago se vaciaba de agua, rodaron diferentes escenas frente al Palacio Real y en el Circo Price (el antiguo, situado en el Paseo de Recoletos), y justo cuando se acercaban las Navidades de 1963, comenzó el rodaje de las secuencias en el famoso Circo, montado sobre una tarima en el fondo del estanque. A partir de entonces, el lugar se convirtió en foco de anécdotas con todo el reparto de la película, que además de Wayne contaba con Rita Hayworth y Claudia Cardinale, la primera algo desmejorada por el alcoholismo y un incipiente Alzheimer, la segunda en total plenitud juvenil.

Un cowboy en Gran Vía

En un día libre, con una actriz de cada mano, el cowboy se presentó en el Cine Palafox para asistir al estreno de «55 Días en Pekín», mezclándose con personajes ilustres de la sociedad española como el Príncipe Juan Carlos. Pero en otra ocasión, Wayne fue a hurtadillas a otro cine de la Gran Vía para ver «Misión de Audaces», interpretada por él mismo. Quería escucharse en castellano.

Cuando la película comenzó, fueron tales sus carcajadas que el resto del público comenzó a protestar hasta que los encargados de la sala enciendieron las luces. Entonces, Wayne se levantó, hizo una reverencia y sus compañeros de butaca, boquiabiertos, estallaron en aplausos.

John Wayne era un tipo de lo más peculiar, imponente pero amable y bromista. Así es como lo recuerdan los trabajadores españoles que compartieron algún momento con él en el rodaje. No era caprichoso. Sólo pedía disponer de un buen coñac para matar el frío del Retiro a lingotazos. Poco más. Su compañera Rita Hayworth, sin embargo, no llevaba tan bien lo de la bebida. Solía llegar tarde a los rodajes, olvidaba sus textos, y más de una vez se presentó con evidente estado de embriaguez.

A pesar de todo, Wayne trataba de ayudarla a ella y a todo el mundo, especialmente a los técnicos y figurantes españoles que tenían que soportar las enormes broncas de Henry Hathaway, al que apodaron «Japutaway». Cuentan las crónicas que el director tenía un asistente cuya única función era asarle una patata como desayuno.

Bronston, el productor, que andaba agobiado con los presupuestos, decidió despedir a tan prescindible trabajador. Pero a la mañana siguiente, cuando Hathaway se enteró, cogió un berrinche y gritó «¡Quiero mi patata, quiero mi patata!» hasta que consiguió su readmisión, no sin librarse de las risotadas de todo el equipo. Poco después, empezaron los problemas de verdad.

En una de las escenas más complicadas, la del gran incendio que arrasa la carpa del circo, algo no salió bien. Nunca se supo si Wayne tardó demasiado en salir o si alguien falló al avisarle a tiempo, pero una lona ardiendo se precipitó sobre él causándole quemaduras leves y una pequeña intoxicación por el humo. Cuando le llevaron al hospital para asegurarse de que todo estaba bien, fue cuando Wayne descubrió que tenía cáncer de pulmón. Aun así, cuenta la leyenda, fue él quien animó al resto del equipo.

Cuando por fin se terminó el rodaje, los madrileños pudieron volver a pasear por el cogollo dentral de El Retiro -que estuvo acotado seis meses-. Pero antes, tuvieron un pequeño regalo.

El 6 de enero, su reparto formó parte de la comitiva de la Cabalgata de Reyes, haciendo de paso una gran publicidad para la película. JohnWayne no pudo estar para la ocasión. Estaba de vuelta en el Oeste rodando con John Ford. Pero escucharse hablando en castellano en aquel cine de Gran Vía le dejó huella. Años después pidió que en su epitafio pusiera, en español: «Feo, fuerte y formal».