Panda de poetas
Algunos de los poetas recogidos en la antología durante la presentación de la publicación - heras
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Panda de poetas

La Fundación Jorge Guillén reúne en una antología a nueve poetas vinculados a Valladolid, cada uno con diversa e incluso divergente trayectoria literaria, y que transcienden el mero ámbito local con sus poemarios

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Una fotografía de grupo abre esta antología, publicada por la Fundación Jorge Guillén y la Universidad de Valladolid dentro de las actividades de la Cátedra Jorge Guillén 2012. Una imagen que, si no fuera por los varios miles de palabras que la acompañan en las páginas sucesivas, no parece otra cosa que el retrato de una vieja panda -ése es el término coloquial que usa Luis Díaz Viana para referirse a sus compañeros antologados- reunida por alguna clase de aniversario. En ella aparecen -sentados o de pie- Luis Díaz Viana, Luis Alonso, Luis Santana, Luis Ángel Lobato, Luis del Álamo, Carlos Medrano, Eduardo Fraile, Dámaso Javier Vicente Blanco y Mario Pérez Antolín.

Se trata de un grupo de poetas que se ha visto congregado en torno a esta antología -como explica Antonio Piedra en el breve prólogo que sigue a la instantánea- por una serie de afinidades coyunturales. La primera y esencial, la que se conjuga en el título y el subtítulo del libro: nueve poetas que han hallado su sitio. Es decir, que no encontraron acomodo ni en el escenario de los trasiegos literarios ni en la tramoya del compadreo mediático, y prefirieron descender al patio de butacas para encontrar su postura. Así, desde una misma manera de leer poesía, cada uno ha hecho después la que le ha parecido, y esa condición de outsiders -casi ninguno se dedica solamente a la poesía, y los que lo hacen cultivan la marginalidad más genuina- confiere coherencia a su obra.

La paradoja es que, cumpliendo todos los requisitos que Julius Petersen exigía para denominar a una «generación literaria», escapan al etiquetado por una infracción irónica: no se rebelan contra el anquilosamiento de la generación anterior, sino contra el de la propia. A medio camino entre los hippies de los 60 y los yuppies de los 90, sus primeros libros de poemas nacieron al compás de la transición, en un maremágnum de idas y venidas en el que ellos, como grupo, se hicieron invisibles. Eso no quiere decir que renegaran de nada, sino que simplemente abrazaron sus destinos con la sencillez menos escandalosa.

Geografía común

Pero además de esta coincidencia cronológica o vital en esta nueva publicación, la biografía de estos nueve poetas comparte una geografía común. Por una u otra razón, todos pasaron -y pasan- por Valladolid, y de ese tránsito -familiar, formativo, laboral…- quedó en su poesía un nítido enfoque del paisaje castellano y de su dimensión literaria. Y no va a ser Miguel Delibes su referencia en este sentido, sino Francisco Pino -al que varios de ellos trataron- y, en lógica ascendencia, Jorge Guillén.

Cada poeta está representado con una veintena de poemas que, en orden cronológico, tratan de abarcar la producción completa -publicada o inédita- de los nueve autores. Se incluye además, al frente de cada selección, una biografía de cada uno de ellos, que explica también los rasgos particulares de su poética, así como una lista completa de sus obras. El prólogo, ya mencionado, de Antonio Piedra, ofrece el resto de los detalles que pueda necesitar el lector de esta novedosa antología, que hace ya el número 74 de la colección «Cortalaire» de la Fundación Jorge Guillén, y que supone una nueva y necesaria visión poética que trasciende los márgenes de lo estrictamente local.