Ségolène abre el fuego de las próximas presidenciales
Ségolène Royal, durante una entrevista radiofónica el pasado 30 de noviembre - AFP

Ségolène abre el fuego de las próximas presidenciales

Se presenta candidata a las elecciones primarias que deben elegir un o una rival socialista contra Sarkozy

JUAN PEDRO QUIÑONERO
CORRESPONSAL EN PARÍS Actualizado:

Con año y medio de antelación, Ségolène Royal ha decidido presentarse como candidata a las elecciones primarias que deben elegir un o una rival socialista contra Nicolas Sarkozy en las próximas presidenciales, que las filtraciones de WikiLeaks han «sazonado» con frases asesinas entre rivales prestos a dar navajazos al enemigo del mismo partido, en la mesa de un embajador de los EE.UU.

Sarkozy ya derrotó a Ségolène en las últimas presidenciales (2007). Tres años después, la figura femenina más famosa del socialismo francés piafa por entrar en el campo de batalla, lanzando una carrera maratón que debe durar año y medio, tras la eliminación de la media docena de aspirantes socialistas que se disputan, entre bastidores, el puesto de rival definitivo contra Sarkozy.

Martine Aubry, hija de Jacques Delors, primera secretaria del PS, decidió «organizar» las primarias socialistas, para evitar fratricidas duelos prematuros. Contra viento y marea, Ségolène ha decidido comenzar a correr, sola, contra todos, esperando que su palmito, su fotogenia y su carisma (presumido) le permitan derrotar a los «elefantes» y los «jóvenes lobos socialistas».

Ségolène tendrá que eliminar a otros candidatos a la candidatura socialista, «pesos pesados» curtidos en la guerra sin cuartel, y jóvenes ambiciosos que sueñan con la gloria.

Dominique Strauss-Kahn (DSK), hombre fuerte del FMI, y Martine Aubry, son los primeros rivales de Ségolène. Hay otros aspirantes al liderazgo socialista: François Hollande (ex marido de Ségolène, y padre de sus hijos), Arnaud Montebourg (novio de una bella presentadora de tv), Manuel Valls (hijo de un gran pintor español, muerto, Xavier Valls) y Benoît Hamon (izquierdista radical) también sueñan con un puesto en el sol del liderazgo socialista.

Divorciados y rivales

Por vez primera en la historia política francesa, una pareja divorciada, Ségolène y Hollande, se disputan el mismo puesto de candidato a la presidencia. Ségolène gana por puntos: se ha buscado un novio empresario. Mientras que su ex se fotografía en brazos de una periodista de pocos vuelos.

Entre los «elefantes», Martine Aubry tiene fama de “monja soldado», mientras que DSK tiene fama de mujeriego: ha sido víctima de un escándalo con una bella analista financiera, y está casado con una ex periodista de familia riquísima.

Las filtraciones de WikiLeaks, desmenuzadas por Le Monde, dan cierto picante a esa galaxia de soles y estrellas solitarias. Ahora sabemos lo que DSK pensaba de los magníficos sondeos de Ségolène: «Son una pura alucinación colectiva...» comentaba el hombre fuerte del FMI de su colega socialista, insistiendo en la demagogia populista de un discurso «encantatorio». Su éxito en los sondeos ha reposado en las «alucinaciones» de la opinión pública, seducida por una suerte de Flautista de Hamelín con faldas y lengua viperina.

Ante un embajador de los EE.UU., Ségolène, por su parte, sabía utilizar sus mejores armas felinas: belleza fría, discurso acomodaticio, realismo en la oscuridad, demagogia para la galería. Y un argumento supremo de su amor y respeto por la cultura norteamericana: «Me encanta y sigo la serie Desperate Housewives».

Ante tal panorama, los diplomáticos norteamericanos tenían y tienen una visión cínica y desencantada del presidente Sarkozy y sus rivales socialistas. Sarkozy: un americanófilo sin tacha, pero duro de tratar. Ségolène, una mujer fría y con calculados escrúpulos sinuosos. DSK, un tipo listo pero sin carisma: parece más viejo de lo que es. Martine Aubry, la primera secretaria del PS, invisible e inaudible, más allá de las capillas socialistas.