El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump - AFP

Trump redobla su apuesta y exige la salida de la mitad de las tropas de Afganistán

La dimisión del general Mattis, a quien se le consideraba un elemento de estabilidad en su Gabinete, inquieta a sus aliados republicanos y a sus socios internacionales

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Cuando a los más críticos con Donald Trump se les preguntaba hasta esta semana a qué alto cargo salvarían de su Gobierno, el nombre más escuchado -aunque fuera a regañadientes- era el de Jim Mattis. El general retirado del cuerpo de Marines, con el cargo de secretario de Defensa, era considerado un elemento estabilizador en una presidencia volcánica, dispuesta a sacudir las líneas convencionales de la política exterior estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Mattis, sin embargo, ya no podrá meter en cintura al Trump ni controlar sus decisiones intempestivas: el jueves presentó su dimisión tras no poder convencer al presidente de que su anuncio -por sorpresa, sin consultar a muchos altos cargos de defensa y seguridad nacional- de retirar las tropas estadounidenses en Siria era un error.

Para no dejar sombra de duda de que la dimisión de Mattis no le ha hecho cambiar de opinión, Trump redobló su apuesta. Pocas horas después del adiós del secretario de Defensa, la Casa Blanca filtraba que el presidente instruía al Pentágono a retirar la mitad del contingente estadounidense en Afganistán.

La decisión supondría devolver a casa a 7.000 de los 14.000 militares destacados en el país asiático, dedicados principalmente al entrenamiento y asesoramiento del ejército afgano y a misiones antiterroristas contra células de Daesh y Al Qaeda en el país. Mattis también se oponía frontalmente a esta decisión. En agosto, aseguró que la presencia militar estadounidense en Afganistán beneficiaba la seguridad de los estadounidenses en su país y aseguraba que los talibanes -en guerra con el actual Gobierno afgano- no podrían imponerse en el campo de batalla y se verían forzados a ir a la mesa de negociación. Precisamente en estos momentos, EE.UU. desarrollaba conversaciones con los líderes talibanes para buscar fórmulas para la paz, unas negociaciones que podrían verse afectadas por una menor presencia militar estadounidense en territorio afgano.

Otros altos cargos del Gabinete, incluso los que todavía cuentan con la confianza de Trump, también se oponían a la decisión. Era el caso del asesor de seguridad nacional, John Bolton, y del todavía jefe de Gabinete, el general John Kelly, que está a punto de dejar la Casa Blanca después de anunciar su salida el mes pasado.

Los anuncios de Trump sobre Siria y Afganistán han provocado una sacudida dentro y fuera de EE.UU. Sus socios estratégicos de la OTAN, varios de ellos también con soldados en ambos países, han reaccionado con preocupación a la salida. «Mattis es el vínculo fuerte que quedaba en el Atlántico en la Administración Trump. El resto son frágiles o están rotos», reaccionó Carl Bildt, copresidente del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, en un mensaje en Twitter. En las relaciones con la OTAN, Trump ha roto jarrones en las cumbres o en encuentros con sus principales socios; Mattis acudía después a recomponer las piezas.

La preocupación se ha extendido esta vez también entre sus aliados republicanos. El líder de la mayoría conservadora en el Senado, Mitch McConnell, no es muy dado a las críticas al presidente en público. Ayer no se las ahorró en un comunicado en el que defendía la importancia de «mantener y fortalecer las alianzas post-Segunda Guerra Mundial» y tener claro quiénes son «nuestros amigos y enemigos, y entender que Rusia está entre estos últimos». La reacción del presidente ruso Vladimir Putin a la retirada de tropas de EE.UU. fue: «Donald tiene razón».

McConnell lamentó la salida de Mattis de la Administración. «Pero estoy especialmente preocupado porque dimite por diferencias con el presidente en aspectos clave del liderazgo global de EE.UU.», apostilló.

Entre las críticas republicanas, la más alarmista fue la del senador Lindsay Graham, que ha sido uno de los más cercanos a Trump en los últimos meses, y que aseguró que la salida de Siria y Afganistán «prepara el terreno para un nuevo 11-S». Su compañero Marco Rubio, por su parte, advirtió que la salida de Mattis es el anticipo de que el presidente va hacia «graves errores políticos», mientras que en la bancada demócrata, los líderes en el Senado y en la Cámara de Representantes, Chuck Schumer y Nancy Pelosi, lamentaron la marcha de «uno de los pocos símbolos de estabilidad y fortaleza» en el Gobierno de Trump.