Los cuatro acusados, durante la presentación de las conclusiones por los investigadores
Los cuatro acusados, durante la presentación de las conclusiones por los investigadores - Reuters

Tres rusos y un ucraniano, acusados del derribo del avión de Malaysia Airlines en Ucrania en 2014

Los sospechosos serán llevados ante la Justicia en Holanda en 2020

Corresponsal en MoscúActualizado:

El llamado Equipo de Investigación Conjunta (JIT, según sus siglas en inglés), el mismo que hace justo un año apuntó a Rusia como el país de procedencia de la lanzadera de misiles Buk que derribó el Boeing 777 de Malaysia Airlines en el este de Ucrania, han concluido que las cuatro personas que organizaron el operativo son tres de nacionalidad rusa y un ciudadano ucraniano. En la terrible catástrofe del vuelo MH17, acaecida el 17 de julio de 2014, perdieron la vida 283 pasajeros y 15 miembros de la tripulación.

Las cuatro personas que la Justicia holandesa acusa de asesinato son Ígor Guirkin, más conocido con el apodo de Strelkov, que entonces era «ministro de defensa» de la autoproclamada República Popular de Donetsk (DNR según sus siglas en ruso); Serguéi Dubinski, jefe de la inteligencia de los rebeldes de Donetsk; su mano derecha, Oleg Pulátov, y el comandante de una de las unidades separatistas, el ucraniano Leonid Jarchenko.

Las acusaciones fueron lanzadas este miércoles por fiscal general holandés, Fred Westerbeke, durante una rueda de prensa ofrecida en la ciudad de Nieuwegein. Según sus palabras, «los cuatro están acusados de haber trasladado al este de Ucrania la lanzadera Buk».

Órdenes de arresto internacionales

En la misma comparecencia, Wilbert Paulissen, jefe de la Policía holandesa aseguró que «hoy entregamos las órdenes de arresto internacionales para estos primeros sospechosos. También estarán en las listas nacionales e internacionales de personas buscadas. Por eso facilitamos sus nombres completos y publicamos sus fotos».

Solicitaron además a Rusia que coopere organizando el interrogatorio de los acusados, aunque admitieron que será inútil pedir la extradición porque la Constitución rusa no lo permite. Aclararon también que estas cuatro primeras acusaciones no son más que el comienzo y que la investigación continuara hasta esclarecer completamente lo sucedido y determinar otras responsabilidades en la cadena de mando, incluida la de quienes dieron la orden de derribar el avión y la de los militares que apretaron directamente el botón de disparo del misil. El juicio está previsto que comience el 9 de marzo del año que viene, pero con toda seguridad no tendrá en el banquillo a estos cuatro acusados.

Pese a que los indicios y pruebas reunidas por el JIT parece irrefutables, Rusia ha negado desde el primer momento su implicación en la tragedia. Acusó incluso a Ucrania de estar detrás de la catástrofe. El Ministerio de Exteriores ruso acaba de difundir un comunicado afirmando que «una vez más se están presentado acusaciones totalmente infundadas contra la parte rusa, dirigidas a desacreditar a Rusia ante la comunidad internacional». En la nota se insiste en la «ausencia de pruebas concretas».

Guirkin, por su parte, en declaraciones a la agencia rusa Interfax, ha anunciado que no declarará ante la Justicia holandesa. «No lo voy a hacer», advirtió. Insistió además en que «el avión no lo derribó ningún miliciano de la república de Donetsk». Sin embargo, aquel 17 de julio, Guirkin se congratuló en las redes sociales rusas de haber echado abajo un «avión de transporte militar» ucraniano. Aquel mensaje desapareció poco después.

También aquel día, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) difundido tres grabaciones de las conversaciones interceptadas a los separatistas pocos minutos después de que la aeronave de la Malaysia Airlines se estrellara. En sus comunicaciones uno de los rebeldes informaba en un primer momento del derribo de un avión militar ucraniano An-26. Después, otro guerrillero, ante la sorpresa de su interlocutor, constató que era un avión de pasajeros «extranjero» el que cayó. Esta grabación es una de las pruebas de las que dispone la Justicia holandesa.