Un terrorista de Daesh posa junto a una mujer - ARCHIVO

Un terrorista de Daesh confiesa: «Las mujeres eran parte de mi salario»

Mohammed Ahmed se enfrenta a cadena perpetua o decapitación por los crímenes perpetrados con Daesh

Actualizado:

«Mantuve a las cuatro chicas en una casa abandonada. Cada noche tuve sexo con una distinta». Así declaraba Mohammed Ahmed cómo eran sus noches con las mujeres yazidíes que el Daesh de Irak y el Levante captura como esclavas sexuales. La minoría yazidí perserguida sirve al Daesh con trabajos forzados o bien, en el caso de las mujeres, como esclavas sexuales.

Mohammed no se arrepiente de los crímenes cometidos bajo su mano. Su conducta es estremecedora. «Algunas veces parecían asustadas, pero nunca dijeron que no. Eran todas vírgenes cuando me las dieron», afirmó. Según el propio terrorista, su sueldo consistía en 60.000 dinares iraquíes -poco menos de 50 euros- más un plus consistente en mujeres.

La esclavización de las mujeres se da de forma similar a obtener un botín de guerra. «Maté a 10 o 12 yazidíes en un colegio, incluídos niños», señala recordando un ataque perpetrado en el verano de 2014 en la región de Sinjar, al norte de Irak. «El emir nos ordenó coger a las mujeres más guapas de la ciudad y llevarlas a Mosul». A Mohammed le correspondieron cuatro. La más joven tenía 22 años. La mayor, 33.

El escudo de Mohammed durante el juicio fue librarse de toda culpa señalando a los líderes de Daesh. «Me lavaron el cerebro. Creí que los yazidíes eran infieles, como los judíos, que todo lo que les hacíamos estaba bien. Los líderes me drogaron, por eso actué así», sentenció. Igualmente, sus declaraciones no se sostenían. A la pregunta del juez sobre qué hacía con las mujeres después, respondió: «Las vendía a otros soldados por 200 dólares».

La confesión de Mohammed se dio en un juicio que tuvo lugar en Qaraqosh según informa el Daily Telegraph. La ciudad cristiana está casi destruida por completo y fue recuperada de manos del Daesh en octubre del año pasado. Allí, se procede a juzgar a combatientes radicales. Particularmente, el juicio de Mohammed duró 10 minutos. El juez no quiso saber nada más. La sentencia que podría esperar el terrorista es una cadena perpetua o bien la decapitación.

La persecución yazidí

Daesh ha perseguido desde su fundación a toda religión minoritaria que se encontrase en su territorio y, en general, a cualquier persona de creencias opuestas a la rama suní. Daesh se anunció al mundo pidiendo lealtad a todos los musulmanes del mundo bajo las ideas wahabíes, considerados a sí mismos los defensores del islam y con una fuerte y restrictiva disciplina de enseñanza.

La obsesión de Daesh de destruir al resto de religiones contrarias al islam y totalizar el wahabismo entre los musulmanes que se encuentran bajo su influencia y territorios abarca también a minorías como la yazidí, de la que no se tiene constancia ni registro de su número de fieles. El yazidismo surgió dos siglos antes del nacimiento de Cristo entre los pueblos kurdos. Es por ello lógico que Daesh apunte también a los yazidíes como «infieles» y luche por esclavizarlos o matarlos. Entre otras cosas porque los Peshmerga, las milicias kurdas, son la mosca detrás de su oreja.

Se estima, aun así, que el pueblo yazidí está formado por entre 200.000 y 400.000 fieles. Normalmente asentados en Irak y Siria, han visto diezmados tanto su número de población como sus hogares, habiéndose convertido prácticamente en un pueblo errante. Los capturados por Daesh se cuentan por miles, siendo esclavizados o destinados a la explotación sexual. Aproximadamente 3.200 yazidíes continúan en manos de Daesh, sin contar con los asesinados y ejecutados por Daesh.