El líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, ayer a su llegada al hotel Vesubio, en Nápoles
El líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, ayer a su llegada al hotel Vesubio, en Nápoles - EFE
ELECCIONES EN ITALIA

Temor a que un parlamento dividido desemboque en un país ingobernable

Italia se debate entre una coalición conservadora, una alianza antieuropeísta y populista o una cámara tan atomizada que sea imposible formar gobierno

CORRESPONSAL EN ROMAActualizado:

En un clima de incertidumbre, 46,5 millones de italianos (cuatro millones en el extranjero) podrán votar hoy para elegir un nuevo Parlamento, con las urnas abiertas desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche (se ha ampliado la jornada para evitar votar en dos días).

Son unas elecciones que han generado escepticismo y preocupación entre el electorado. Preocupación ante la posibilidad de que aumente el populismo y se forme un gobierno antieuropeísta; y escepticismo por la posibilidad de que simplemente no se pueda formar un ejecutivo estable, que disfrute de una clara mayoría parlamentaria, y el consecuente riesgo de parálisis política en la tercera economía de la Eurozona. El factor que más preocupa a los partidos es la abstención y se cree que no se alcanzará el porcentaje de participación de las últimas elecciones generales, en el 2013, en las que votó el 75,2%. De confirmarse una baja afluencia, el partido que más ventaja obtendría es el Movimiento 5 Estrellas (M5E), fundado por el cómico Beppe Grillo en el 2009, que cuenta con un voto trasversal con predominio de los jóvenes.

Escepticismo

«Nunca he visto tantas personas con dudas, inseguras, poco convencidas. El escepticismo se ve alimentado por un elemento nuevo: en la noche de la votación es muy probable que no tengamos la mínima idea de qué gobierno podrá formarse», afirma el profesor de Sociología Luca Ricolfi.

Tal incertidumbre se deriva del fraccionamiento que habrá en el Parlamento italiano, a consecuencia de la compleja ley electoral, que hará que el recuento de votos sea muy complicado, temiéndose incluso que los resultados definitivos no se conozcan hasta la tarde-noche del lunes. Con el sistema proporcional se eligen dos terceras partes de los escaños, y una tercera con el mayoritario. La consecuencia es que Italia, que está completamente divida entre tres polos (centroderecha, centroizquierda y Movimiento 5 Estrellas), con la nueva ley el sistema político permite cuatro polos.

«Hoy no solo hay cuatro partidos importantes -Cinco Estrellas, Partido Democrático (PD), Forza Italia, Liga Norte- sino que son cuatro los gobiernos posibles: Forza Italia y Liga, PD y Forza Italia, M5E y PD, M5E y Liga», concluye el sociólogo Luca Ricolfi.

La coalición de centroderecha liderada por el ex primer ministro, Silvio Berlusconi, de 81 años, dividida en su programa y unida solo por su afán de llegar al gobierno, es la más próxima a la mayoría parlamentaria, al menos en una de los dos cámaras (el Senado). Además de Forza Italia, la coalición incluye dos aliados euroescépticos de extrema derecha: La Liga Norte que lidera Matteo Salvini, en línea con Marine Le Pen, y Hermanos de Italia, cuya líder posfascista, Giorgia Meloni, viajó en esta semana a Budapest para entrevistarse con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, conocido por su radical oposición a la inmigración y en constante conflicto con Bruselas.

Desmarcarse del extremismo

En un intento por desmarcarse del extremismo de sus aliados y dar imagen de moderación, Silvio Berlusconi jugó a última hora la carta de presentar a Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, como su candidato a primer ministro en el caso de una victoria de la coalición.

«El M5E, que siempre se opuso a las alianzas, hoy las admite y parece dispuesto a todo con tal de alcanzar el poder»

Pero el mayor desafío al centroderecha lo representa el populista Movimiento 5 Estrellas, al que las encuestas dan como el partido más votado del país. «Estamos a un paso de ganar», ha reiterado en sus últimas declaraciones Luigi Di Maio, de 31 años. Las últimas encuestas publicadas daban un 28% en intención de voto al M5E, porcentaje que podría superar si, como indican algunas previsiones, arrasa en el sur de Italia, donde le puede favorece la ley electoral. Para obtener la mayoría parlamentaria necesita el 40% de los votos, pero el M5E, que siempre se opuso a las alianzas, hoy las admite y parece dispuesto a todo con tal de alcanzar el poder. De hecho, Luigi Di Maio se siente ya como jefe de gobierno hasta el punto de presentar a sus 17 ministros in pectore, mientras el discurso de sus promesas irrealizables lo acompaña siempre con esta frase: «Cuando yo esté en Palazzo Chigi…», sede del gobierno y del primer ministro.

Alianza populista

Una alianza euroescéptica entre Liga Norte y el M5E suscita una enorme preocupación en Italia y en las cancillerías europeas. Es poco probable, pero es posible. Comparten el populismo y su gran hostilidad hacia Bruselas. «Un gobierno Di Maio-Salvini sería una tragedia», afirma Silvio Berlusconi, quien añade: «Si eso se produjera, invitaría a familiares y amigos a una isla lejana donde tengo una residencia capaz de acoger a un centenar de personas».

Si el centroderecha no alcanza la mayoría absoluta, el PD de Matteo Renzi podría jugar un papel fundamental para hacer una gran coalición. En este caso, el actual primer ministro, Paolo Gentiloni, podría tener la oportunidad de que el presidente de la República, Sergio Mattarella, le encargue nuevamente la formación de gobierno.

«Ahora ningún intelectual quiere exponer su propio nombre a favor de una fuerza política»

Concluida esta gris y mediocre campaña electoral, llama la atención el silencio de los intelectuales italianos, como ha destacado Ernesto Galli della Logia, profesor de Historia: «Hubo un tiempo en Italia en el que en vísperas electorales escritores, profesores, gente culta… invitaban a votar por algún partido. Parece que ahora ninguno quiere exponer su propio nombre a favor de una fuerza política». Quizás porque, como subraya el sociólogo Giuseppe De Rita, la «mediocridad de la campaña electoral y de la clase política italiana alimenta la indiferencia».