El éxodo de Somalia

En la actualidad, el número de refugiados somalíes en el Cuerno de África sobrepasa ya el millón de personas

EDUARDO S. MOLANO
CORRESPONSAL EN NAIROBI Actualizado:

Cumplido esta semana el primer aniversario de la declaración por parte de Naciones Unidas del “estado de hambruna” en Somalia, la crisis humana dista aún de estar finiquitada.

Porque sin datos reales sobre el número final de víctimas que dejaron estos meses -la declaración oficial del organismo se prolongó de julio de 2011 a febrero de este año- valgan sus consecuencias pasadas y actuales.

Según denuncia el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, en la actualidad, el número de exiliados somalíes en el Cuerno de África sobrepasa ya el millón de personas.

Para el organismo, pese a que en el primer semestre del año tan solo 30.000 nuevos miembros incrementaron este éxodo moral (en comparación a los 294.000 de todo 2011), Somalia continúa siendo una de las mayores y más duraderas crisis de refugiados.

Precisamente, la organización “Save the Children” advertía a comienzos de mes de que el actual conflicto bélico, así como la escasez de lluvias y el retardo en la cosecha, amenazan con empujar al país africano hacia una nueva hambruna.

“La crisis (de 2011) ha dejado una inmensa cantidad de familias incapaces de sobrellevar los efectos de la sequía”, aseguraba Sonia Zambakides, directora del programa de “Save the Children” en Somalia.

De igual modo, la responsable humanitaria denunciaba que gran parte de los desplazados internos por el conflicto y la sequía (1,4 millones) sufrirán la peor parte de la nueva crisis, ya que dependen de las buenas cosechas para mantener a la baja los precios de la comida.

En el recuerdo, las amargas cifras del pasado año, cuando en el campo de refugiados keniano de Dadaab las tasas de llegada superaron las 1.000 personas al día durante los meses más cruentos de la hambruna (30.000 en junio, 40.000 en julio y 38.000 en agosto). No en vano, a día de hoy, el centro todavía sirve de acogida a cerca de 463.000 almas (630.000 según fuentes extraoficiales), algunas de ellas, refugiados de tercera generación.

Sin embargo, la situación podría ir aún a peor. El pasado mes de junio, el primer ministro somalí, Abdiweli Mohammed Ali, reconocía que antes de finales de agosto está previsto que comience la ofensiva final sobre la ciudad de Kismayo, nido de la serpiente de Al Shabab, para culminar la expulsión definitiva del país del grupo islamista.

Una circunstancia que podría recrudecer los combates al sur del país y, sobre todo, dar inicio a una nueva crisis humanitaria.