La revuelta pone contra las cuerdas al inmovilista régimen sirio
Un hombre camina por una calle desierta de Deraa, ciudad del sur de Siria, escenario de las últimas revueltas - AFP

La revuelta pone contra las cuerdas al inmovilista régimen sirio

Después de que la represión no pudiera contener las protestas, el Gobierno promete más libertad y una subida inmediata de los salarios

LAURA L. CARO
CORRESPONSAL EN JERUSALÉN Actualizado:

Siria se desangra, víctima de la brutal represión a puerta cerrada que el presidente Bashir al Assad ha emprendido para ahogar las protestas inspiradas en Túnez y Egipto que piden democracia y el fin de la corrupción. Sin apenas testigos —porque el acceso al epicentro de la revuelta, está vetado a los periodistas—, ayer llegaron confusas noticias que apuntaban a que la carga policial contra la gran manifestación juvenil celebrada el día anterior en Deraa pudo dejar «más de cien muertos», según el militante de Derechos Humanos Ayman Al Asuad, citado por France Press. Otras fuentes, como Reuters, daban cuenta del ingreso de 37 cadáveres con orificios de bala en el hospital local. También se habla de decenas de detenidos y desaparecidos.

En un claro desafío al poder, 20.000 personas marchaban ayer en esa ciudad durante los funerales de nueve de los caídos entre los disparos al grito de «los traidores no matan a su propia gente». «¡Dios, Siria y Libertad. La sangre de los mártires no será derramada en vano!», clamaban.

Siguiendo una fórmula ya consagrada —la misma que utilizaron sin éxito Ben Alí o Hosni Mubarak—, el régimen de Damasco prometió reformas en una estrategia de supervivencia, quizás ya desesperada. En rueda de prensa, la consejera de Presidencia, Buzeina Shaaban, avanzaba que se «estudiará» el levantamiento del estado de emergencia en vigor desde 1963, se revisará la ley de Partidos y se elaborará una nueva normativa de prensa.

El anuncio de mejoras no es lo único que suena a repetido en esta crisis. Como Muammar al Gadafi, la excusa oficial siria para abrir fuego contra sus propios ciudadanos es que el país libra «una batalla contra un poder extranjero, que gasta millones de dólares con el objetivo de golpear nuestra seguridad y estabilidad». Así lo escribía ayer el diario pro gubernamental Al Watan.

Paralelamente, el régimen difundía que los disturbios están siendo provocados por sms enviados en su mayoría desde Israel, el gran enemigo común de todos los sirios, al que Bashar Al Assad querría invocar para recuperar la unidad en torno a una patria en peligro. Pero más allá de sus muestras de nerviosismo, el presidente —que todavía no se ha dirigido al pueblo-, se dejaba retratar conversando plácidamente con el político libio Walid Jumblatt.

Panorama aterrador

El hipercontrol del Gobierno y del Partido Baaz no están impidiendo que se filtre un panorama aterrador. Deraa permanecía ayer sumergida en un ambiente fantasmal, con las escuelas cerradas, francotiradores en las cornisas, aislada del mundo por el corte de la telefonía móvil y sitiada por militares, según informó Ahmed al Zayasina, clérigo de la mezquita Al Omari, punto de encuentro de los manifestantes. Cientos de soldados patrullan las calles principales.

El recuerdo de la gran masacre que Hafez Al Assad perpetró en 1982, cuando reprimió ferozmente un levantamiento de los Hermanos Musulmanes matando a miles de sirios, está cada vez más presente.

El Reino Unido, Francia, Estados Unidos han condenado la violencia y, desde la ONU, su secretario general, Ban Ki Moon ha pedido «una investigación transparente acerca de las muertes». Para hoy, en las calles se ha convocado una movilización masiva, llamada «Viernes de Dignidad».