La primera ministra británica, Theresa May (izq), y el ministro para el "brexit", Stephen Barclay - EFE / Vídeo: El Parlamento británico le arrebata a Theresa May el control sobre el brexit

El Parlamento arrebata el timón del Brexit a una May al borde de la dimisión

Los Comunes votarán mañana un «plan B» que incluye un nuevo referéndum o cancelar la salida de la UE

Corresponsal en LondresActualizado:

Theresa May se encuentra al borde del abismo. El descontrol provocado por el incierto proceso de abandono de la Unión Europea se ha convertido en una bola de nieve que no cesa de crecer y que amenaza con provocar un alud capaz de conmocionar a toda la clase política británica. Ayer, los diputados de la Cámara de los Comunes tomaron el timón del Brexit, a través de la agenda parlamentaria, para forzar mañana una votación sobre un posible «plan B» para la salida de la UE. La primera ministra británica rehusó comprometerse a cumplir las indicaciones de la Cámara y, por vez primera, mencionó la posibilidad de dimitir.

Ante la falta de una mayoría que respalde el tratado de salida que ha negociado May con Bruselas, rechazado por dos veces por los Comunes, el Parlamento aprobó ayer por una diferencia de 27 votos modificar el orden del día de mañana para convocar esa votación, una prerrogativa reservada habitualmente al Gobierno.

May aseguró que no entregará un «cheque en blanco» al Parlamento y se mostró «escéptica» sobre la utilidad de la votación de mañana. La semana pasada, sin embargo, criticó en un discurso a los diputados por haber hecho «todo lo posible hasta ahora por evitar tomar una decisión» sobre el Brexit y limitarse a indicar las opciones que no aceptan.

Un portavoz del Ejecutivo lamentó anoche que el paso que ha dado la Cámara Baja altera el «equilibrio de las instituciones democráticas» y sienta en el Reino Unido un precedente «peligroso e impredecible».

La lista de opciones alternativas al plan de May que se someterá a votación no está aún decidida, pero previsiblemente incluirá hasta cuatro vías: un segundo referéndum, una salida no negociada de la Unión, permanecer en el mercado único o cancelar todo el proceso del Brexit. Tampoco se conoce aún el mecanismo con el que se celebrará la votación. Los diputados podrían pronunciarse sobre cada una de las opciones, o bien podría diseñarse un sistema en el que elegirán diversas propuestas por orden de preferencia.

Votación no vinculante

El resultado no será, en cualquier caso, vinculante para el Gobierno, si bien agregará presión sobre la primera ministra, que sigue empeñada en reunir los apoyos necesarios a su acuerdo antes de que termine esta semana.

Durante la tensa jornada de ayer, Theresa May tuvo que reconocer lo que era un secreto a voces: que no tiene suficientes apoyos para aprobar su plan del Brexit en el Parlamento. La primera ministra asumió, en su comparecencia ante la Cámara de los Comunes para dar cuenta de lo sucedido en la cumbre europea de la semana pasada, que no hay ninguna opción, al menos por ahora, de que su acuerdo negociado consiga el visto bueno de los diputados y que, por este motivo, no lo someterá por tercera vez a votación.

Habiendo logrado la prórroga que le permitiría tener un poco más de aire para pensar una estrategia a seguir, May afirmó que presentará esta semana la ley por la que la fecha de salida de la UE cambia del 29 de marzo a las 23.00 (hora británica) del 12 de abril. Pero esta era su intención antes de que la Cámara tomase anoche las riendas de la situación.

La primera ministra pretende seguir negociando con los distintos partidos y no descartaba presentar el pacto para su votación antes de que finalice esta semana. Todo a pesar de que sus socios norirlandeses del DUP se reafirmaron en que no apoyarán el texto tal y como está redactado, debido a la cláusula referida a la «salvaguarda» de la frontera irlandesa.

May se halla cada día más atrapada en el laberinto del Brexit, sin una alternativa clara en caso de que su plan fracase. Por eso, como se comprometió el Gobierno hace una semana, en el futuro cercano se vislumbran una serie de votaciones en las que los diputados presenten sus cartas y se decanten por alguna de las opciones.

Resultados contradictorios

No obstante, May admitió que su Gobierno no se sentirá «vinculado» por lo que decidan mañana sus señorías entre ese abanico de posibilidades. «Cuando hemos intentado este tipo de cosas en el pasado, ha producido resultados contradictorios o ningún resultado en absoluto», aseguró May, que se comprometió a «participar constructivamente en este proceso de decisiones». Añadió que su Ejecutivo daría tiempo a los parlamentarios para debatir alternativas.

Lo que parece claro es que May no puede decantarse por un plan que no sea aprobar su pacto. Ninguno de ellos, ya sea una salida sin acuerdo, una posible prórroga más duradera o un Brexit más suave, tiene unanimidad en el seno de su gabinete, que sigue muy dividido.

Minutos antes de la votación de ayer en los Comunes, tres secretarios de Estado dimitieron de sus cargos para posicionarse en contra del Gobierno y respaldar la enmienda. Sin embargo, la primera ministra parecía haber conseguido aplacar los síntomas de rebelión entre su equipo. Hasta dos conatos de motín se anunciaron el fin de semana en las páginas de los principales periódicos británicos, que habría estado respaldado por hasta once de sus ministros. Ante esto, la «premier» reunió a pesos pesados de su partido y a un buen grupo de euroescépticos, entre ellos Boris Johnson, Michael Gove (ministro de Medio Ambiente) o Jacob Rees-Mogg, para poner orden entre los «tories».

Uno de los aspectos con los que habría tranquilizado a esta facción de su partido es su rechazo a virar su estrategia hacia un Brexit más suave y que implique una relación más cercana con la UE. La «premier» admitió ante el Parlamento que, aunque los Comunes se decidieran por esta idea, ella no podría apoyar una hoja de ruta que implicara mantener al Reino Unido en el mercado único o en una unión aduanera con la UE, ya que sería «traicionar el resultado del referéndum de 2016».

Algo por lo que sí siguen apostando los laboristas. Así se lo dejó claro de nuevo ayer el líder de esta formación, Jeremy Corbyn, a la primera ministra en la reunión que ambos mantuvieron. El líder de la oposición reconoció haber tenido en ese encuentro «un amplio intercambio de puntos de vista».