Avión identificado como el robado en el aeropuerto de Seattle, en un vídeo difundido en las redes sociales - Reuters

El mecánico que robó un avión en Seattle: «Me faltan un par de tornillos»

«No necesito ayuda, ya he jugado con videojuegos antes», asegura en una conversación con los controladores aéreos

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Un empleado de la aerolínea Horizon Air del aeropuerto Seattle-Tacoma, en el noroeste de EE.UU., robó un avión este viernes por la tarde y lo estrelló en la costa del Pacífico. El hombre, de 29 años, todavía no identificado, pero al que los controladores del aeropuerto trataron por radio como «Rich» o «Richard», hizo piruetas en el aire, mantuvo una conversación excéntrica con los controladores, pilotó la nave –con capacidad para 74 pasajeros– durante más de una hora, fue escoltado por dos cazas de las fuerzas aéreas de EE.UU. y acabó estrellando el avión contra una isla semidesierta.

El empleado de Horizon Air tenía entre sus funciones guiar los aviones en la pista del aeropuerto, introducir y sacar equipaje de la bodega o eliminar el hielo de las naves. Todavía es una incógnita cómo se introdujo en el puesto de mando del avión, una zona a la que no le está permitido acceder. Sí dio pistas, sin embargo, de por qué fue capaz de hacer despegar el avión, dar vueltas de campana y giros agresivos y llevarlo hasta el lugar del accidente, a 40 kilómetros del aeropuerto.

En un momento de la conversación por radio, uno de los controladores trató de ofrecerle ayuda para que pudiera pilotar la nave con seguridad y tratar de aterrizarla. «No, a ver, no necesito mucha ayuda», fue su respuesta. «He jugado a varios videojuegos».

No está claro si el fallecido había recibido instrucción de pilotaje con anterioridad. En una rueda de prensa celebrada ayer, las autoridades aseguraron que no habían encontrado registros de que tuviera licencia de piloto. Nada más producirse el robo, sí determinaron que su conducta era «suicida», algo que dejó claro el protagonista del incidente por radio.

En un momento de la conversación, los controladores le animaron a tratar de aterrizar la nave con seguridad. «Maldita sea, no sé, tío, ¡no sé! No quiero hacerlo. Esperaba que esto fuera todo, ¿sabes?».

Es solo otra de las muestras del intercambio alocado entre la torre de control y Rich. El piloto por un día pasaba de preocuparse por el nivel de combustible de la nave –«lo estoy quemando rápido»–, a temer que los cazas le atacasen con misiles –«no tienen nada de eso», trató de tranquilizarle el controlador – y a preguntar si le darían trabajo como piloto si conseguía aterrizar el avión.

La conversación dejó clara la inestabilidad mental del responsable del incidente, que dijo que si le metían en la cárcel, lo mejor «para un tipo como yo» es que fuera de por vida. «Soy un tarado, me faltan un par de tornillos, me parece. No lo había sabido hasta ahora», dijo en un momento.