El jefe del Ejcutivo del Hong Kong,Leung Chun-ying (derecha) escucha a Zhang Dejiang, número tres del régimen chino, durante un acto celebrado ayer
El jefe del Ejcutivo del Hong Kong,Leung Chun-ying (derecha) escucha a Zhang Dejiang, número tres del régimen chino, durante un acto celebrado ayer - AFP

Crece el nacionalismo en Hong Kong por el cada vez mayor control de China

El temor a la pérdida de libertades en la antigua colonia británica espolea a nuevos partidos pro-democráticos que abogan por la autodeterminación

CORRESPONSAL EN PEKÍNActualizado:

Casi dos décadas después de su devolución a China, Hong Kong se está rebelando contra el autoritarismo del régimen comunista de Pekín. Aunque las autoridades chinas se comprometieron en 1997 a respetar la semi-autonomía de esta antigua colonia británica bajo el principio de «un país, dos sistemas», los hongkoneses temen un recorte de sus libertades, que siguen siendo mayores que en el resto del país.

Como reacción a los cada vez mayores controles de Pekín, en los últimos años ha crecido el nacionalismo en Hong Kong, sobre todo entre los jóvenes. Así se vio durante la «Revuelta de los Paraguas» que estalló en septiembre de 2014, cuando decenas de miles de personas se manifestaron y acamparon en la calle para reclamar al Gobierno central pleno sufragio universal, algo que no está vigente en China. Aunque Pekín se había comprometido a permitir el principio de «un hombre, un voto» en las elecciones a jefe ejecutivo de Hong Kong previstas para 2017, estableció una selección de dos o tres candidatos mediante un comité de representantes sociales afín a sus intereses. Esta limitación a la libre presentación de candidatos enfureció al movimiento pro-democrático de la isla, unido en torno a una campaña de desobediencia civil que llamaba a «Ocupar el Distrito Central» bajo el liderazgo de los estudiantes del grupo «Scholarism». Dos años antes, esos mismos estudiantes ya habían protagonizado otra sonada protesta contra una Ley de Educación Patriótica que consideraban un lavado de cerebro y, finalmente, obligaron al Gobierno a retirarla.

Plena soberanía

Al frente de dichas movilizaciones se destacó Joshua Wong, un líder estudiantil que ahora, sin haber cumplido aún los 20 años, ha formado Demosisto, un partido político que aboga por celebrar un referéndum de autodeterminación en el plazo de una década. «La gente de Hong Kong, y no solo los jóvenes, está preocupada por el futuro tras los 50 años de la devolución a China y la declaración de ˝un país, dos sistemas˝, que tiene como límite 2047. Como la situación se está deteriorando y nuestras libertades se han visto recortadas, pensamos que, después de esa fecha, China va a absorber a Hong Kong», alerta Joshua Wong en una conversación con ABC por Skype. Aunque evita mostrarse partidario de la independencia de Hong Kong, un anatema para el régimen de Pekín, apuesta por «decidir por nosotros mismos si podemos conseguir la democracia con China, si preferimos la fórmula de ˝un país, dos sistemas˝ o si es mejor alcanzar la plena soberanía».

Aunque Wong no podrá concurrir a los comicios de septiembre al Consejo Legislativo (Legco) por tener menos de 21 años, Demosisto tiene previsto presentarse en al menos dos circunscripciones. Al igual que otros partidos pro-democráticos, este grupo confía en beneficiarse del creciente malestar con China por los recientes problemas políticos, económicos y sociales.

Durante los últimos meses, la desaparición de cinco editores de libros críticos con Pekín, que luego reaparecieron en televisión confesando sus delitos, ha conmocionado a la sociedad hongkonesa. Como se perdió el rastro de todos ellos en extrañas circunstancias y luego aparecieron en China, donde se mostraron dispuestos a colaborar con la Policía y dos de ellos incluso renunciaron a sus nacionalidades extranjeras, se sospecha que fueron secuestrados por agentes de Pekín, que los llevaron ilegalmente al otro lado de la frontera sin mostrar sus pasaportes.

Turismo y contrabando

Junto a esta flagrante intromisión en la libertad que Hong Kong tenía hasta ahora, destacan otros problemas derivados de la cada vez mayor presencia en la ciudad de chinos procedentes del continente. Por un lado están las hordas de turistas que, con sus rudos modales, sacan de quicio a los refinados hongkoneses y, por otro, los porteadores que, al servicio de redes de contrabandistas, cruzan desde China para hacerse con todo tipo de productos sin impuestos que luego venden más caros al otro lado la frontera. A ellos se suman los inmigrantes que recalan buscando una vida mejor y los ricos inversores chinos, que disparan aún más los precios del sector inmobiliario.

Separadas además por el cantonés que se habla en Hong Kong y el mandarín del continente, entre ambas comunidades se ha abierto una brecha que amenaza una convivencia ya llena de recelos. Buena prueba de ello es el fenómeno social en que se ha convertido la película «Diez años» («Ten years»), que ha triunfado en Hong Kong por su visión extremadamente crítica con China, donde ha sido prohibida.

En este momento de especial tensión política, la visita durante estos días del número tres del régimen chino, Zhang Dejiang, ha estado acompañada de protestas callejeras y soflamas reivindicativas. Aunque Zhang Dejiang ha prometido que Hong Kong mantendrá su identidad y no será absorbida por Pekín, cada vez hay más miedo a una colonización china.