Un grupo de hombres observa los daños causado por un bombardeo del ejército gubernamental en Alepo - REUTERS

Cinco razones por las que dudar del alto el fuego en Siria

El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y Rusia es, por ahora, solo un papel. Los intereses enfrentados y la situación sobre el terreno no invitan al optimismo

MadridActualizado:

Con el aval de Naciones Unidas, Estados Unidos y Rusia han alcanzado un acuerdo para un alto el fuego en la guerra de Siria, un conflicto que, a punto de cumplir cinco años, se ha cobrado más 250.000 muertos y ha causado más de trece millones de desplazados. La contienda está también detrás de la crisis de los refugiados que amenaza con descoser a la Unión Europea. El acuerdo anunciado ayer en una comparecencia conjunta por John Kerry y Serguéi Lavrov, cancilleres estadounidense y ruso respectivamente, abre una ventana de esperanza, pero nadie duda de que la paz sigue siendo hoy un sueño lejano para Siria. Como el propio Kerry afirmó, «lo que tenemos son palabras en un papel, lo que necesitamos en los próximos días son acciones sobre el terreno». Y sobre el terreno, la paz lo único que encuentra son obstáculos.

El dudoso papel de Rusia

Combatiente activo en el interior del país desde que el pasado septiembre iniciara sus bombardeos aéreos, Moscú es un estrecho aliado del régimen de Bashar al Assad y el apoyo militar que le presta ha sido decisivo en los avances de las tropas gubernamentales en la última fase de la guerra. La ofensiva sobre Alepo, una de las principales ciudades del país, se mantiene con la inestimable colaboración del Ejército ruso. La experiencia demuestra que siempre que ha habido intentos diplomáticos, como las fallidas rondas de conversaciones de Ginebra I y Ginebra II, los numerosos contendientes han redoblado sus acciones bélicas para ganar territorio antes de sentarse a la mesa de negociaciones. Da la impresión de que es lo mismo que están haciendo Moscú y Damasco en Alepo.

Las potencias occidentales reprochan al Kremlin que su verdadero objetivo es el de respaldar el esfuerzo militar del régimen y no el de atacar «objetivos terroristas». Así, aliado a un régimen que tan flagrantemente ha pisoteado los derechos humanos para intentar perpetuarse, a muchos les cuesta imaginar que la Rusia de Putin vaya de veras a jugar un papel activo en la búsqueda de la paz.

La guerra contra Daesh se mantiene

El acuerdo alcanzado este jueves excluye del cese de las hostilidades las acciones contra el terrorismo de Estado Islámico y del Frente Al-Nusra, la marca local de Al Qaida, lo que abre la vía para que los diferentes agentes internacionales implicados en el teatro de operaciones sigan combatiendo. Aunque Daesh es el enemigo común, Siria se ha convertido en un todos contra todos entre los actores autóctonos al que se suman las acciones aéreas de las principales potencias globales, cada una con sus respectivos intereses. En palabras de un alto cargo de la diplomacia española, «en el cielo de Siria ya no hay sitio para que bombardee nadie más».

El escollo de Al Assad

El presidente sirio ha sido capaz en estos cinco años de guerra de emplear armas químicas contra la población civil, bombardear con barriles de petróleo barrios enteros y, según diversos informes de organizaciones internacionales, convertir las detenciones, torturas y asesinatos masivos en una práctica habitual. Con semejante pedigrí, el mandatario alauí se ha convertido en el principal escollo para una solución pactada al rompecabezas sirio. La oposición no aceptará que arranque la transición mientras él siga al frente.

Los intereses de Erdogan

Inmerso en una campaña de ataques contra los guerrilleros kurdos del YPG, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, libra su propia guerra dentro de la guerra. Ankara persigue crear una zona de seguridad en su frontera con Siria para blindar a Turquía del foco de yihadismo e inestabilidad en que se ha convertido su devastado vecino. Enfrentada también a Rusia, sobre todo después de que derribara un caza de esa nacionalidad el pasado noviembre, Turquía es hoy un gigante que mantiene fricciones con todos en la región y del que cuesta imaginar que vaya a renunciar a sus intereses para facilitar la paz.

Una oposición dividida y ausente

Aunque se siga hablando genéricamente de la oposición siria, lo cierto es que no existe un ente unitario al que quepa agrupar bajo esta etiqueta. En Siria hay decenas de milicias y actores políticos que, en muchos casos, solo comparten su brutalidad y su repulsa al Assad. Además, el acuerdo fraguado por Kerry y Lavrov en la conferencia de Múnich lo ha sido sin ellos porque hasta ahora se han negado a participar en las conversaciones de Ginebra II. Uno de sus portavoces, Salim al-Muslat, acogió ayer favorablemente el acuerdo y anunció que «si vemos acciones sobre el terreno, pronto estaremos en Ginebra». Sería un primer paso.