Alexis Tsipras, en su encuentro con el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, en Atenas
Alexis Tsipras, en su encuentro con el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, en Atenas - afp

Bruselas no descarta ofrecer a Tsipras la abolición de la troika

El nuevo Gobierno griego no está completamente solo en la Unión Europea

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En la UE, Grecia ya empieza a tener aliados. El primero Francia, que se presenta como mediador, pero que en realidad espera obtener para sí misma mayor flexibilidad en la gestión de su déficit. A Francia se sumará previsiblemente el Gobierno italiano del socialista Matteo Renzi, que no oculta sus gravísimos problemas de deuda pública y que vería con buenos ojos una pérdida de la base política de la formación populista Cinco Estrellas de Beppe Grillo. Son dos de los «cuatro grandes» de la zona euro. En cambio, España se alinea más bien con Alemania entre los partidarios de que Grecia cumpla sus compromisos.

A la lista de los apoyos se podrían sumar países que también lo están pasando mal, como Chipre o Portugal, aunque Lisboa ha estado hasta ahora en el frente de los estados más críticos con las reclamaciones del nuevo gobierno heleno. Incluso podría suavizar su posición algún país de los más firmes defensores de los recortes como Finlandia, cuyo nuevo primer ministro, Alexander Stubb, es más partidario de la intervención del dinero público en el estímulo al crecimiento que los gobiernos que le precedieron. En la Comisión Europea, el principal valedor de Grecia es el comisario de Economía, el francés Pierre Moscovici , abiertamente sensible a las posiciones de Tsipras,en la línea de los intereses de Francia.

Pero la principal carta que tiene la Comisión para negociar con Grecia es el destino de la propia troika, un organismo que para los griegos se ha convertido en la máxima encarnación de todos los males de la austeridad, el espantapájaros al que todos los helenos desean acercar una cerilla. En instancias europeas se baraja la posibilidad de ofrecer al nuevo Gobierno griego la abolición de la troika, lo que sería una victoria política para Syriza y no tendría un coste financiero tal y como exige Alemania. Es una idea que ya estaba sobre la mesa antes de las elecciones, pero se guardó como carta de negociación. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, había sugerido en enero que quería que la troika tuviese «más legitimidad con una supervisión democrática y que rindiese cuentas de su gestión». Y el propio Moscovici hablaba de transformarla «en una institución europea», excluyendo al FMI de su composición, aunque no llegó a definir con detalle los contornos de su propuesta.

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz (alemán pero socialdemócrata) es partidario de seguir con la labor de persuasión para tratar de convencer a Tsipras de moderar sus exigencias y de pedir paciencia a la canciller Merkel, que por ahora se ha mostrado inflexible.

Técnicamente, el Fondo de Rescate dice que no es posible tocar el principal de la deuda y que no hay más margen de negociación sobre intereses y plazos. Pero algunos analistas creen que hay todavía cierto margen para rebajar las condiciones financieras, aunque el margen sea muy escaso.