Alexis Tsipras, líder de Syriza, en uno de los últimos actos de campaña.
Alexis Tsipras, líder de Syriza, en uno de los últimos actos de campaña. - reuters
Consecuencias elecciones Grecia

Los mercados pierden el miedo a Tsipras y ven en él una oportunidad para la reforma

Moody's ve «improbable» una salida de Grecia del euro y Merrill Lynch cree que el líder de Syriza puede convertirse en el «Lula griego»

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Siete años de crisis, falseamiento de cuentas, dos rescates, duros recortes presupuestarios y un vuelco en el panorama de partidos en el que surge un partido nazi y el centro izquierda tradicional es sustituido por una coalición que se mueve ideológicamente en su flanco izquierdo y que se opone abiertamente a las medidas de la troika. Esa es la historia de la crisis griega. Paro, pobreza, juventud sin oportunidades, aumento de impuestos, falta de inversiones… Un círculo vicioso que ha dejado a Grecia ante la perspectiva de un futuro incierto.

En este escenario, Grecia celebrará sus terceras elecciones legislativas en el marco de la crisis. Las cuartas desde 2009, que serán además las que pueden consumar el cambio definitivo en el tablero político griego. Aupado desde 2012 al papel de principal fuerza de la oposición, Syriza afronta este domingo unos comicios con todas las encuestas a favor. El discurso con el que la formación creció en los inicios de la crisis era partidario de llevar a cabo nuevas quitas en la deuda pública.

Durante los últimos meses Syriza ha modulado su discurso, y de las quitas se ha pasado a hablar de reestructuraciones. Incluso a propuestas más políticas como la convocatoria de una conferencia internacional sobre la deuda pública. Además, Tsipras ha redoblado en sus discursos la defensa de la moneda única y la pertenencia de Grecia a la misma. Las encuestas reflejan que el pueblo griego defiende mayoritariamente, hasta un 80%, la pertenencia a la eurozona.

Estos factores, unido a la realidad de que Europa ha levantado cortafuegos para mitigar el contagio de un Grexit en caso de que finalmente se produjese, ha ido enfriando el miedo a que una victoria de Syriza lleve el caos a eurozona. Algunos corresponsales europeos han certificado además que Tsipras se habría reunido en las últimas semanas con las instituciones europeas para transmitir un mensaje de moderación.

El Real Instituto Elcano celebró la pasada semana un debate en torno a estos comicios en el que se apuntó precisamente a la cara que menos se ha mostrado de Syriza: las posibilidades que traería su victoria. En ese sentido, Ignacio Molina, Investigador principal del Elcano señaló que «puede existir más confianza en Tsipras por parte de las elecciones europeas a la hora de hacer reformas en profundidad en las instituciones».

El Financial Times señalaba los últimos días que en Berlín empieza a existir preocupación ante la posibilidad de que Syriza alcance un acuerdo con la Comisión Europea. Una posibilidad que alimentó el propio comisario de Economía, el francés Pierre Moscovici, que dijo afirmó que aunque es incuestionable que Grecia debe asumir los pagos de su deuda « esto puede hacerse a un ritmo u a otro».

Además, tras haber conseguido superávit primario en 2014, Grecia tiene el acuerdo alcanzado con la troika para la mejora de las condiciones del rescate en lo tocante a ampliaciones en el plazo de devolución de los préstamos y a los intereses. Los economistas de Syriza plantean ligar la devolución de la deuda al crecimiento nominal de la economía, emitiendo nuevos bonos por el valor de sus compromisos con los socios europeos, con los que tiene deuda contraídas por un valor cercano a los 300.000 millones de euros.

A lo largo de estos años Grecia ha asumido una poda considerable de su sector público. Sin embargo, su Administración sigue estando muy lejos de los estándares de eficiencia que permiten, por ejemplo, la correcta recaudación fiscal. La austeridad ha ayudado a ir saneando las cuentas públicas, pero la recuperación real sigue viéndose lejos en un país que ha reducido su PIB un 25% con la crisis y que ya tiene su renta per capita por detrás de Eslovenia, República Checa, Chipre o Malta.

En ese mismo encuentro del Instituto Elcano, la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en la cultura política en el sur de Europa, incidió en «la falta de capacidad de las instituciones griegas para recaudar impuestos». Martín consideró que la imprescindible reforma de la Administración se ha hecho de un modo que «ha debilitado al Estado griego», y recordó que el propio FMI reconoció «haber calculado mal» las posibilidades de Grecia para recaudar impuestos.

La troika insiste en que los problemas están detectados, pero que la reforma de la Administración necesita una nueva vuelta de tuerca y ser modernizada parece ineludible. Tsipras parece volcado en intentar tender puentes con los socios europeos. «Lo único que haremos sin tener en cuenta a nadie es la gestión de la crisis humanitaria. Todo el resto de nuestro programa avanzará a medida que avanza la negociación con los socios», señaló la pasada semana. Además, dijo que no subiría los impuestos y que el sistema impositivo «justo» que quiere implantar se centrará en luchar contra la evasión fiscal y la corrupción en las instituciones. Tsipras promete una reforma del sector público que lo haga «eficaz» y «competente», y adelantó que todos los organismos anticorrupción estarán bajo su directa supervisión si se convierte en primer ministro.

Es este discurso reformista el que ha llevado a muchos a asumir un nuevo discurso. No solo la Comisión Europea, sino también Francia o Italia, que suspiran porque Europa asuma una nueva etapa de expansión económica. Pero este discurso llega también a las grandes firmas de inversión. Hace apenas dos semanas Bank of America Merrill Lynch enviaba un informe a sus clientes en el que veían como una posibilidad real un nuevo acuerdo entre Atenas y la troika.

Gilles Moec, responsable para Europa de la entidad estadounidense explica que el acuerdo ideal implicaría que Grecia continuase con su consolidación fiscal aunque lo hiciese de manera más lenta, a cambio de incrementar el ritmo de las reformas.

Merrill Lynch ve cerca el acuerdo, lo que reduciría riesgos sobre una posible salida de Grecia del euro. Además, la entidad estadounidense llega a plantear la posibilidad de que Tsipras pueda ser el hombre que lleve adelante las reformas que Grecia necesita. Llegan a plantear si el líder de Syriza podría convertirse en el «Lula griego».

Y creen que efectivamente eso podría pasar. «Lula da Silva, presidente de Brasil entre 2003 y 2010, era un antiguo líder sindicalista de la izquierda que demostró que el temor de los mercados era infundado, y ahora se le da crédito por la impresionante trayectoria económica de Brasil. Aunque el entorno externo de Grecia es más complicado, el caso de Lula prueba que Tsipras podría sorprender positivamente de forma similar a los mercados acelerando reformas estructurales».

El temor a que Grecia salga del euro pase lo que pase el próximo domingo es cada vez menor. La agencia Moody´s reconoció que las tensiones posteriores al anuncio electoral aumentaron la incertidumbre, aunque considera que la opción de Grecia abandone la eurozona es «relativamente improbable», y afirma que esta probabilidad es inferior a la que se dio en 2012.