Captura de un vídeo en el que se ve al prisionero británico de Al Qaida Kenneth Bigley en 2004
Captura de un vídeo en el que se ve al prisionero británico de Al Qaida Kenneth Bigley en 2004 - AFP PHOTO/AL-JEZEERA

Al Qaida ya decapitó rehenes occidentales reiteradamente

La novedad de Estado Islámico es su sofisticado manejo de la propaganda mediática y la imagen

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En septiembre del 2004, tres empleados occidentales de una constructora kuwaiti que trabajaba en la reconstrucción de Irak tras la guerra fueron secuestrados en su piso de Bagdad. Sabían que los seguían, pero sopesaron el riesgo y decidieron seguir trabajado en unos empleos de alto peligro, pero que les reportaban excelentes emolumentos.

La rama iraquí de Al Qaida, dirigida por el sanguinario Abu Musa Al Zarqawi los capturó. Los terroristas dieron un ultimátum de 24 horas: o se liberaba a todas las musulmanas presas o los rehenes, dos estadounidenses y un inglés, serían decapitados.

El primer americano, Eugene Arsmtrong, fue asesinado el 20 de septiembre, al día siguiente mataron a su compatriota Jack Hensley. Dos semanas más tarde fue decapitado el veterano ingeniero británico Ken Bigley.

El ritual fue idéntico al espanto que hoy escenifica Estado Islámico: los reos, vestidos con uniforme naranja, leen un texto condenatorio de Occidente y luego un encapuchado les corta la cabeza. A diferencia del sofisticado manejo de la propaganda, la imagen y las redes sociales que distingue a Estado Islámico, Al Zarqawi rodaba unos vídeos toscos, en árabe y que hacía llegar a cadenas islámicas o a sites yihadistas. El Estado Islámico graba con dos cámaras, cuida la iluminación y la atmósfera y el verdugo amenaza en inglés de Londres. Al Zarqawi era un paria salido de los suburbios de Jordania, con una juventud de drogas y abusos sexuales. En 1889 se enroló en Afganistán contra los soviéticos, conoció a Bin Laden y acabaría organizando su franquicia de terror en Irak, que en buena medida fue un ola de ira de su minoría, los suníes, contra los chiíes, dominantes tras la invasión. En junio del 2009, su refugio a 20 kilómetros al norte de Bagdad fue bombardeado intensamente por los estadounidenses y fue abatido.

El Estado Islámico no ha llegado aún en número a la orgía de violencia con rehenes de Al Zarqawi, que sólo en 2004 degolló personalmente a varios estadounidenses y a un predicador cristiano de Corea del Sur, además de a los tres ingenieros. Además, tras su caída se descubrieron cámaras de tortura anexas a las celdas. Pero EI se beneficia del origen occidental de muchos de sus yihadistas (se calcula que entre sus 10.000. milicianos hay mil estadounidenses y mil europeos). Los vídeos de la muerte comienzan con carátulas profesionales, se distribuyen masivamente por internet y se busca impactar al máximo, cuidando al detalle el teatro del horror.

Al Qaida en África también ha recurrido a las decapitaciones, incluso en fecha no lejana. La memoria es débil, pero en el 2009 el Reino Unido vivía con la misma conmoción que hoy el secuestro de su ciudadano Edwin Dyer, capturado en enero cuando acudía como turista a un festival tuareg en Níger. Al Qaida exigió al Gobierno inglés la liberación del clérigo radical Abu Quatada, «el predicador del odio». Reino Unido no cedió y Dyer fue decapitado. Las palabras de entonces del premier Gordon Brown son, curiosamente, un calco de las que hoy pronuncia Cameron; «Quiero hacer saber a todos aquellos que usan el terror contra nosotros y nuestro modo de vida que los perseguiremos implacablemente y haremos justicia».

Estudiosos en lucha contraterrorista estadounidenses creen que Estado Islámico dista de ser una amenaza tan enorme como era Al Qaida antes del 11-s. Matthew Olsen, director del National Counterterrorism Center, asegura que EI carece de estructura para poder cometer un gran atentado en una ciudad de Estados Unidos, o incluso de Europa, «a pesar de su manejo sin precedentes de la propaganda en internet». A su jucio, «pueden hacer un ataque brutal y letal», pero no un 11-S.

Latente, Al Qaida seguiría siendo todavía la mayor amenaza del terrorismo yihadista, aunque hoy EI sea la punta de lanza mediática. La nueva franquicia del terror se ha beneficiado del santuario generado por tres años de descontrol debido a la guerra civil de Siria. Se calcula que Estado Islámico necesita un millón de dólares al día para sostener su escalada, que obtiene de robos de petróleo, rescates por rehenes y asaltos.

Por otra parte, los amigos del cooperante británico amenazado de muerte por EI han hecho saber que el rehén ha dedicado parte de su vida a ayudar a los musulmanes de los Balcanes en la recuperación de sus infraestructuras tras la guerra. «Los musulmanes lo adoran y le llaman El Loco Escocés». Un intento, por desgracia estéril, de conmover a sus secuestradores. Cameron acaba de afirmar que no tiene «ninguna duda de que John el yihadista será capturado». Reconoció también que agentes de la inteligencia británica están hablando con EI, pero reiteró que jamás se pagará rescates.