Unidades de «peshmerga»
Unidades de «peshmerga» - reuters

Las milicias «peshmergas» se desinflan en Irak

Las milicias kurdas están mal armadas y carecen de entrenamiento ante un enemigo superior en medios

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A pocos metros del hotel Sheraton de Erbil se encuentra el bazar militar. En apenas una calle se concentran más de una docena de tiendas especializadas en material bélico: uniformes, botas, insignias y armas de pequeño calibre. Comparados con los de otras latitudes, los precios de estos objetos son irrisorios: apenas 90 euros por un chaleco antibalas con protección de nivel III, un producto que en Europa puede superar los 600 euros.

A juzgar por el incesante trasiego de clientes, parece un negocio próspero. Tal concentración de comercios de este tipo solo podía prosperar en un lugar como el Kurdistán, donde todo hombre, se dice, es un guerrero. El carácter semiinformal de las milicias «peshmergas» –el hecho de que el Kurdistán sea una región autónoma y no un estado independiente impide otorgarles la categoría de «ejército»–, unido al torrente de voluntarios improvisados que en los últimos días se han alistado para combatir a los yihadista de Estado Islámico (EI) promueve el auge de estos comercios en los que cada quien se pertrecha como puede para ir a la guerra.

«Erbil está seguro», afirma rotundamente el comandante Helgurd Hikmet Mela Ali, director de la oficina de prensa del Ministerio de los peshmerga, quien se niega, sin embargo, a proporcionar datos sobre cuántos combatientes protegen estos días la ciudad frente a los islamistas radicales, que se encuentran a apenas cuarenta kilómetros. Algunas estimaciones hablan de al menos 80.000 peshmergas, a los que se han sumado decenas de miles de voluntarios en todo el territorio. Sin embargo, los peshmergas, por alta que sea su reputación militar, hasta ahora carecen de fuerzas para hacer frente a los yihadistas de Estado Islámico, extraordinariamente bien armados, experimentados en el combate y un enemigo muy duro de pelar, que en los últimos días logró avanzar sobre la ciudad de Jalawla.

«El EI tiene armas muy modernas que les arrebataron al ejército sirio, o que fueron abandonadas por el ejército iraquí, las mismas armas que EE.UU. había entregado a Bagdad», explica el comandante Hikmet.

Desbandada del ejército

Cuando los yihadistas conquistaron Mosul, se encontraron con un formidable arsenal que las tropas iraquíes dejaron atrás en su huida, incluidos vehículos blindados «Humvee» y artillería pesada.«Para enfrentarnos a ellos necesitamos tener el mismo armamento que ellos», indica Hikmet. Sin embargo, la mayoría de las armas con las que cuentan los peshmergas son de fabricación soviética, capturadas hace años al ejército de Sadam Hussein, a las que se suman «restos de fábrica» de orígenes tan dispares como la antigua Yugoslavia o Suecia.

De ahí que la petición de armas a la UE y EE.UU. sea cuestión prioritaria. Pero incluso su rearme sería insuficiente. «También necesitan un entrenamiento más severo para luchar contra las tácticas guerrilleras del Estado Islámico», explica a ABC Wladimir Van Wilgenburg, uno de los mayores expertos mundiales en la cuestión kurda. «El armamento avanzado no basta, a menos que vaya acompañado de un más fuerte apoyo aéreo. Y en este punto parece que el bombardeo estadounidense es muy limitado, aunque ha servido para levantar la moral de los peshmergas», asegura Wilgenburg.

Además, la mayoría de los combatientes kurdos no ha participado en acciones militares desde la guerra de Irak de 2004, están desentrenados y faltos de experiencia. Y algunos países occidentales son reacios a rearmarles, pues temen que tal decisión sea vista como un apoyo indirecto a la independencia de Kurdistán, ya que su gobierno estudia realizar un referéndum sobre el particular, tal y como aseguró el presidente kurdo Masud Barzani.

Y mientras los yihadistas prosiguen su ofensiva, en Bagdad el caos se apodera de la vida política. El primer ministro iraquí, el chií Nuri al Maliki, se niega a marcharse sin presentar batalla. Ayer, en un discurso televisado, anunció que permanecerá en el cargo y aseguró que la decisión parlamentaria de sustituirle por Haidar al Abadi, político considerado más moderado y dialogante, atenta contra la Constitución iraquí. Sin embargo, Maliki ha perdido el apoyo de la mayoría de sus grandes aliados. El ayatolá supremo iraní Alí Jamenei, mostró su respaldo al nuevo primer ministro, Haidar Al Abadi. «Espero que la designación del nuevo primer ministro en Irak deshará este nudo y llevará al establecimiento de un nuevo gobierno que dé una lección a los sediciosos».